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Deberías saber que te deben un mes de sueldo, pero lo malo es que si todo sigue igual nunca te lo van pagar. Cualquier persona trabajadora ha perdido poder adquisitivo de media por valor de más de 1.500 euros en 2022, que es el salario más común en España. Por tanto, cada trabajador o trabajadora tiene un salario menos al año, dos en el caso de las mujeres debido a la brecha salarial.

La principal estrategia empresarial para aumentar beneficios es la misma desde hace siglos: la explotación de la clase trabajadora. Con cada crisis nos exigen arrimar el hombro con nuevos recortes en nuestros derechos y salarios. Pero los ciclos de crisis son tan próximos entre sí que parece que asistimos a su cronificación, y con ella la espiral hacia el abismo de nuestra dignidad. En el periodo 2012 a 2017 los salarios descienden un 4,4 %. La historia posterior es más conocida aún. Desde la pandemia y posteriormente la guerra en Ucrania, hemos concatenado pérdidas de poder adquisitivo desde el 0,7 % del 2020 hasta el 5,3 % del 2022. Tan solo 2018 muestra un dato positivo para los salarios desde hace más de una década, pero que en ningún caso contrarresta la devaluación salarial que se sucede desde 2010.

En ocasiones es complicado hacerse una idea de lo que implica la pérdida de poder adquisitivo, y más aún si hablamos de un proceso dirigido de devaluación salarial. Bien, según FEDEA, “en 2019, la mediana del salario mensual real de los y las jóvenes entre 18 y 35 años era menor que en 1980, con caídas que van desde el 26 % para aquellos con edades entre 30 y 34 años hasta el 50% para los de 18 a 20 años”. El proceso de desindustrialización junto con el sistema de recorte salarial a través de la precarización salvaje de la entrada al mundo laboral, han generado una situación en la cual las personas jóvenes, lejos de conocer el progreso prometido por los cantos neoliberales, viven peor que sus padres. El ciclo de crisis ha universalizado esta situación de desvalorización de los trabajadores hacia prácticamente todas las capas de población. Así, en conjunto desde el ciclo post-2008, hemos perdido más de un 7 % de poder adquisitivo, más de una década de retroceso continuado.

Sin embargo, hay una clase que resiste ahora y siempre a las crisis. Mientras perdíamos un 7,8 % de nuestras rentas familiares, las grandes fortunas y los beneficios empresariales se han disparado. Según Oxfam, “el 1 % más rico ha acaparado casi dos terceras partes de la nueva riqueza generada desde 2020 a nivel global, casi el doble que el 99 % restante de la humanidad. Durante la última década, el 1 % más rico ha capturado alrededor del 50 % de la nueva riqueza”.

Hemos conocido beneficios récord de las grandes empresas en el año en que más se han devaluado los salarios, repartos extraordinarios de dividendos sin ningún rubor, las grandes fortunas mostraron un aumento de su patrimonio de un 5,3 % respecto a 2020 y los “ultrarricos” lo aumentaron en un 20 % en plena pandemia. Por si esto fuese poco, mientras te piden que asumas los recortes del salario real para contribuir a salir de la crisis -una vez más- las grandes fortunas españolas baten el récord de elusión y evasión con 140.000 millones de euros escondidos en “paraísos” fiscales, según el Observatorio Fiscal de la UE.

La principal excusa que permea desde empresarios a gobernantes, para evitar la justicia salarial, es la posibilidad de efectos llamados “de segunda vuelta”. Esto es, que el incremento de los salarios genere un efecto de aumento de precios a través de la traslación del coste laboral al producto final, por un lado, y de la capacidad de compra por otro. Sin embargo, diversos estudios han mostrado que esta relación se produce en determinados contextos, principalmente de inflación producida por la demanda, y que la situación actual permite a países con enormes pérdidas de poder adquisitivo -como España- tener un amplio margen para mejorar la justicia salarial. Por su parte, el FMI muestra en un estudio que se puede subir los salarios sin alimentar la inflación, debido a la situación de shock de demanda negativo. También la OCDE tiene que reconocer que en España “hay espacio para que las ganancias absorban algunos aumentos adicionales en los salarios para mitigar la pérdida de poder adquisitivo”.

Vivimos en un país en el que hay manos que construyen casas que nunca podrán comprar, cuidan mayores y niños de otras personas sin tiempo para sus familias. Los ingresos que una familia debe destinar íntegramente a la compra de una vivienda está en máximos de los últimos 10 años. Precios desorbitados y salarios de miseria son el precio a pagar por millones de personas para enriquecer a propietarios con pocos escrúpulos que utilizan su posición de poder en la acumulación de bienes de primera necesidad, -energía, alimentos, ropa, vivienda, etc.-, para establecer relaciones de usura. Y no podemos hablar de usura sin hablar del sistema financiero, protagonista y beneficiario de la secuenciación de crisis, rescatados con nuestro dinero y que ahora aprovechan un errática subida de tipos para seguir ahogando las economías familiares a través de los préstamos ofreciendo por su parte irrisorios rendimientos por depósito o cuenta corriente.

Es por esto, pero también por muchos más derechos perdidos y por conquistar, que algo tiene que cambiar, y para ello salimos a la calle este sábado 28 de octubre. Si todo sigue igual, desde noviembre más de 8,5 millones de mujeres asalariadas trabajarán gratis. En diciembre, serán casi 18 millones de hombres y mujeres asalariadas quienes trabajen todo un mes sin cobrar debido al aumento de los precios y el estancamiento de los salarios.

Cualquier acuerdo necesita reconocer la deuda que los empresarios tienen con los trabajadores y las trabajadoras desde hace décadas, y desde ese reconocimiento indexar las subidas, al menos, al IPC. Nos deben dinero, pero también estabilidad. Los despidos están en máximos y aumenta cada año el número de aquellos gratuitos. Nos deben estabilidad, pero también horas en un país donde 4 de cada 10 horas extras no se pagan y la jornada de 35 horas es un paso mínimo y necesario al que llegar. Nos deben horas, pero también a muchos compañeros y compañeras que ya no están entre nosotras. Por ello hay que tomarse en serio la salud laboral y que nadie más tenga que jugarse la vida por cuatro duros. Es más necesaria que nunca la lucha codo con codo, porque solo entre todas podremos cambiarlo todo.

Artículo de José Manuel M. Póliz (secretario de acción sindical SFF-CGT y ex secretario general de CGT).

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