Foto de Suso Hermida. Ausente No desaparecido. Los Polillas de la Guardia Civil, son personas y guardias civiles con dignidad, honor, valentía, compañerismo sin limites. Una casta especial.
Suso Hermida, un hombre valiente, especial, un guardia civil que siempre mostró sus valores en ayuda y dedicación a los demas. Un guardia civil inolvidable. Descansa en Paz, hermano.
Félix López Ballesteros - Tricornios en Democracia
11 May 2025 - 12:47 CET
Los muertos están ausentes, nunca desaparecidos. Suso vive en nuestros corazones. Hasta siempre Polilla.
Tuve el honor de vivir con él buenos momentos. Desde esta columna que dirijo, Tricornios en Democracia, puesta a disposición por Alfonso Rojo dando voz al conjunto de todos los Guardias Civiles Democráticos, nuestro recuerdo para uno de los Polillas valiente e inolvidable. A lo largo de mi trayectoria profesional presté servicios con muchos y buenos compañeros, hacerlo con los polillas era un honor, por norma general son guardias civiles de una casta especial, Suso, vivió dentro de ese colectivo que ha hecho grande a la Guardia Civil. D.E.P. — José Carlos Piñeiro González.
Publicamos el hermoso artículo hecho por otro «Polilla», que representa a una saga, Don Félix López Ballesteros….
Ha partido un compañero, un hermano, un símbolo. Suso Hermida ya descansa en la paz del Señor, pero su legado continúa latiendo con fuerza entre quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, de compartir momentos, luchas, silencios y carcajadas.
Fue un virtuoso de la gubia y de la palabra. Donde otros veían simple madera, Suso veía paisajes. Sus manos de artesano moldeaban la materia con delicadeza y firmeza, como quien esculpe no solo formas, sino también afectos. En sus tallas quedó grabado su espíritu libre, y en sus escritos, su pasión por la vida, por la cultura, por la justicia.
Supo unir, como pocos, el talento artístico con la nobleza de alma. No conocía el “no” para los amigos, ni el desdén para los desconocidos. Siempre tenía tiempo, siempre una palabra. Era un referente de los Encuentros, un estandarte de humanidad, un bohemio entrañable que hacía de la poesía un acto cotidiano, y de la solidaridad, una bandera.
Suso fue mucho más que un Polilla ejemplar o un Guardia Civil comprometido: fue un defensor incansable de la dignidad en todas sus formas. Luchó contra el terrorismo desde la trinchera del deber, sin renunciar nunca a su sensibilidad, a su fe profunda, a su amor por las raíces gallegas, por las meigas, por el orujo y los conxuros que guardan los secretos de nuestra tierra.
Hoy, al recordarlo, no podemos sino sentirnos afortunados por haber caminado a su lado. Porque Suso, con su figura inconfundible de “sacristán sin sacristía”, nos enseñó que la vida es mejor cuando se vive con autenticidad, con humildad, con amor.
Se ha ido un hombre irrepetible, pero su luz no se apaga. Brilla en cada obra que dejó, en cada verso que escribió, en cada vida que tocó. Y mientras nosotros seguimos nuestro camino, solo te pedimos, Susiño, que intercedas por los que aún peregrinamos… hasta volver a verte frente al Rostro.
Descansa en paz, hermano. Nunca te olvidaremos.






