CARTA A PERIODISTAS — ¿Dónde está vuestro instinto?

Información
Actualidad 22 Julio 2021 334 votos - Para Votar tienen que ser usuario registrado
social youtube xornalgalicia   feed-image

Desde hace año y medio no doy crédito. Sé de las presiones económicas (y no económicas) a las que están sometidos los medios y, por extensión, vosotros, los periodistas. Pero no consigo entender que ese instinto profesional, más allá del sesgo ideológico de quien paga las nóminas, esté bloqueado. ¿Es censura impuesta, autocensura, confianza absoluta en el discurso oficial? ¿Nada os resulta chocante, todo encaja?


En Medicina siempre hubo segundas y terceras opiniones, lo sabemos. ¿Por qué ahora sólo hay una voz permitida con implicaciones además que van mucho más allá de las meramente sanitarias? ¿De qué va todo esto? ¿Qué tremendas fuerzas hay detrás de esta gran pantalla llamada Covid-19?  Coinciden en diagnóstico y soluciones medios, grandes tecnológicas, presidentes de todos los países. O son eliminados como el de Haití y Tanzania, si osan hacer frente a una OMS subvencionada por farmacéuticas.  Cualquier voz llamada disidente o sólo la duda razonable es sistemáticamente silenciada, humillada y estigmatizada. Tirada al cubo de la basura “negacionista”. Sólo Juan Manuel de Prada permanece incólume a la quema, la incomprensible excepción que confirma una regla. 


¿Por qué no os atrevéis a hablar con algún miembro de COMUSAV, que reúne a 15.000 médicos que han demostrado la absoluta efectividad del dióxido de cloro, sin efectos secundarios y a un coste irrisorio en el tratamiento de los síntomas asociados a esta enfermedad? Tratamiento aprobado en países como Perú y Bolivia. O con algún profesional de Médicos por la Verdad, por ejemplo, repartidos por medio mundo. En el grupo de España, más de 200, la mayoría con miedo a salir a la luz por presiones colegiales, se ofrece a hablar la gallega Natalia Prego, o el doctor Ruiz-Valdepeñas, que apela a los compañeros de urgencias a contar lo que ven cada día. El médico Rafael Gago se pregunta una y otra vez por qué sus colegas aconsejan un medicamento experimental para crear inmunidad pero que no inmuniza. Tenemos a día de hoy 9 veces más hospitalizados por Covid-19 que el verano pasado, es inaudito. Obviamente algo no encaja. 


Esta fiebre “vacunatoria” impuesta a marchas forzadas, donde la gente parece ganado, no sale gratis. De entrada a corto plazo, veremos a largo. El VAERS de Estados Unidos ha reportado unas 15.000 muertes en 6 meses, pero el abogado Jane Doe consultó datos del servicio de salud (CMS), determinando que las ocurridas en los 3 días siguientes a la inyección superan a las notificadas por el VAERS: 45.000. Sólo muertes. El listado de patologías derivadas de la inyección es enorme: infartos, trombosis, Parálisis de Bell, tratamientos de por vida, miocarditis y pericarditis. En este caso especialmente graves, porque afecta a los varones más jóvenes y adolescentes.


Investigadores israelíes (nación que ha implementado una rapidísima vacunación masiva) acaban de revelar que un 22% de los pacientes hospitalizados por Covid después incluso de haber recibido las dos dosis de la vacuna, muere. En Valencia, el Colegio de Médicos acaba de recibir un escrito firmado por muchos profesionales que denuncia que “la función del médico se está anulando y pasa a ser un mero espectador”, que “no se puede aconsejar la vacunación a todo el mundo” y que “más del 10% de las urgencias en este país son de efectos secundarios de la vacunación”, efectos que no pueden reportar a AEM. O sea: los ciudadanos no saben qué puede ocasionarles el tratamiento experimental para una enfermedad que probablemente superen sin problemas, ni calcular el riesgo-beneficio.  


En todo caso, la hidroxicloroquina y la Ivermectina, por no hablar del citado dióxido de cloro, son tratamientos eficaces censurados infatigablemente por Fact-Checkers y motores de búsqueda, misteriosamente aliados. Cuando según un estudio reciente del Instituto Pasteur francés publicado en EMBO Molecular Medicine este julio —sólo por citar un trabajo— una “dosis estándar” de Ivermectina previene el deterioro, apoyando su uso para mejorar la condición de los pacientes SARS-CoV-2. Esto en los casos que por edad o patologías subyacentes haya complicaciones. Testimonios recientes de médicos en el Senado de Texas recogen que se ha censurado mediáticamente cualquier posible tratamiento, especialmente si es efectivo. Había que justificar que la única salida era aprobar la vacunación.  Pero plantear cualquier preocupación sobre productos médicos experimentales aprobados por la vía rápida, es una excentricidad.  Cuando estas mal llamadas “vacunas” son solo una autorización condicional de emergencia, cuando la mayoría de la población pasará esto en casa, como una gripe, y muchos más sin apenas síntomas, consiguiendo una inmunidad colectiva y efectiva sin efectos secundarios. 


Como seguro sabéis, hace pocas semanas se hizo público un informe preliminar de la investigación de Pablo Campra Madrid, licenciado en biología, doctor en ciencias químicas y profesor titular de la Universidad de Almería que confirma indicios razonables sobre la existencia de óxido de grafeno en viales de la vacuna Pfizer. Apunta casi con certeza a la presencia de grafeno en la vacuna Comirmaty. ¿De qué estamos hablando? Este ingrediente no se incluye en el listado y los efectos en el cuerpo de esta sustancia generan un cuadro de patologías sospechosamente similar a los enfermos graves de SARS-CoV-2. Como para no tirar de ese hilo… ¿Dónde está vuestro instinto? 


La mayoría de los seres humanos sobreviviremos sin problema en el 99% de los casos a una pandemia de PCRs. Técnica diseñada para amplificar el ADN y para detectar la presencia de un organismo o sus restos, lo que no implica enfermedad o contagio. No diagnostica una infección por SARS-CoV-2 y es la base de todo tipo de restricciones con consecuencias económicas y psicológicas tremendas.  El 28 de noviembre de 2020 un grupo de 22 biocientíficos publicó una revisión por pares externos del artículo de Corman-Drosten en la que existen conflictos de interés: “la supuesta revisión por pares dentro de las 24 horas es absurda”. Desde Biólogos por la Verdad, grupo al que también os recomiendo que os acerquéis, recuerdan que ahora se testea a gente sana, sin síntomas, jóvenes, para engordar las cifras de positivos y que parezca que sube la Incidencia Acumulada haciéndonos pensar que hay una epidemia que ya es inexistente. “En cualquier mes del año pueden inventarse una ola”.


Os recomiendo escuchar al Dr. de Benito, al que podéis seguir en Telegram y Odysee, porque como cientos de médicos, virólogos y biólogos es sistemáticamente “banneado” en Youtube, Facebook, Twitter y hasta Linkedin en una desesperación censora sin precedentes financiada, entre otros, por la Fundación Rockefeller. “Cuánto afán por desinformar con hospitales llenos y médicos de baja o de vacaciones. Algunos, ni una cosa ni otra, solo censurados”. (…) “El mundo está despertando del engaño de los titulares. La verdad siempre sale a relucir pese a la amargura de los que viven con miedo”. ¿Podríais contribuir a poner luz a esa verdad, como periodistas que sois? ¿A sembrar la semilla de la duda, a plantear el debate? Nadie os pide posicionaros, no es vuestro papel. Pero estáis moral y deontológicamente concernidos llamados a intentar descifrar este laberinto, quizás el mayor fraude que haya vivido la humanidad. En el mejor de los casos una manipulación basada en pocas verdades, muchas mentiras, el uso del miedo y la coacción para atentar como nunca contra la libertad, la dignidad y los derechos naturales del hombre.


Me permito recomendaros leer el artículo de vuestra colega Magdalena del Amo, publicado el 7 de julio en  periodistadigital.com: “No estoy en guerra con nadie. Amicus plato sed magis amica veritas, o lo que es lo mismo, Platón es amigo, pero más amiga es la verdad. Un periodista debe tener esto presente”.


Han pasado ya muchos meses desde marzo de 2020, estoy segura de que sabéis donde llamar para escuchar a otras voces y hacerles eco. Nunca ha tenido más sentido que ahora una lucha en la que no hay por qué derramar ni una gota de sangre. Sólo os pedimos levantar la vista del suelo, es el primer paso. Los muchos que no nos hemos rendido, os necesitamos.


Atentamente,

I. B.


campana_de_propinas