Pues sí, somos los más cerdos

24 Enero 2017 1941 votos

Siempre es un placer pasear por la Naturaleza y contemplar los paisajes, adentrarse entre los bosques frondosos, respirar aire puro y deleitarse con los sonidos del ambiente, sentir el susurro del viento, escuchar el trinar de los pajarillos y ver el agua correr entre las piedras, abriéndose camino a través de la tupida vegetación, entre un manto de helechos, hojas y…plásticos, botellas, toallitas, latas, pañales de bebé, preservativos, cajetillas de tabaco vacías, neumáticos, más plásticos, y un largo etcétera de residuos varios.

Mi vecina y yo salimos a pasear cada mañana, una hora más o menos, alternando el recorrido, adentrándonos en el bosque, bordeando el rio o caminando junto a la carretera y siempre regresamos con dos o tres bolsas de basura a cuestas.

Y he llegado a la conclusión de que si bien es cierto que el urbanita puede ser una especie altamente perjudicial para el medio natural, me atrevería a decir que en ocasiones, la gente del medio rural, no lo es menos. Podríamos pensar que quien ha nacido en un pueblo y se ha criado cerca de la Naturaleza debería estar provisto de un instinto de protección hacia el entorno o al menos, de un sentimiento de gratitud. Pero no es así o al menos en este país.

No sé si es que me falla ese gen tan español que hace a la mierda invisible a los ojos de los nacidos a este lado de los Pirineos, pero el caso es que a mí me indigna que se atente contra el medio ambiente y sobre todo, que este comportamiento se haya normalizado y sea aceptado por una sociedad supuestamente civilizada. Llámenme extravagante, rara, maniática, pero así soy yo. A mí la mierda me molesta.

Recordemos que cada españolito genera 440 kilos de basura al año y que solo reciclamos el 30 %, así que estamos a la cabeza en el ranking de los veintisiete. Conclusión, somos los más cerdos de Europa.

Y es evidente que este hecho está directamente relacionado con la educación de las personas. Dejando a un lado la formación, que es lo que recibimos en los colegios o en las universidades, está claro que fallan los valores y principios que deberíamos aprender en casa. Pero por qué ocurre esto, me pregunto.

Es evidente que una casa española no es una casa danesa, sueca, alemana, noruega o finlandesa. No, no somos como ellos. Somos diferentes y estamos menos concienciados con el problema medioambiental, eso está claro.

Para empezar, en una casa española lo de la conciencia ecológica o el respeto al medio ambiente ya suena raro, me atrevería a decir que lo de la ecología aquí, suena hasta mal. Como somos de buen yantar, eso sí, cada día nos preocupa más lo de comer sano, aunque sin embargo, no hemos debido caer en la cuenta de que, para alimentarnos bien necesitamos cuidar a nuestros animales y el entorno en el que viven. Lo que implica no contaminar las aguas, no esquilmar los mares ni los ríos, no quemar los bosques, no acabar con las especies que habitan en los distintos ecosistemas, evitar la polución y ser respetuosos con el entorno.

Si lo de alimentar bien nuestros estómagos no fuera lo que más nos preocupara, deberíamos además, tener en cuenta las mismas recomendaciones para nutrir, de paso, nuestras almas. Y digo esto porque estoy convencida de que el espíritu necesita conectar con la Naturaleza para crecer y por eso creo que quien es grande de espíritu, es sensible, es perceptivo y también es compasivo. Cultivemos cuerpo y espíritu a través del reencuentro con nuestros orígenes y protejamos y respetemos el medio del que surge todo.

Como igual me estoy poniendo muy trascendental, volvamos a la realidad y asumamos que también es cierto que debido a la crisis, falta dinero en las arcas municipales para lo que de verdad importa a pesar, eso sí, de que nunca falta para las sacrosantas y sagradas Fiestas. Porque lo que está claro es que al pueblo más recóndito de esta España nuestra no le faltará nunca su Fiesta, su verbena amenizada a ritmo de bachata o sus encierros con sus vaquillas o cualquier otro bicho viviente al que poder putear. Pero esto es harina de otro costal.

Centrándonos en la idea de la concienciación y el respeto, tengo la impresión de que quienes tiran papeles al suelo o bajan la ventanilla de un coche para vaciar el cenicero, que son los mismos que dejan en mitad de un bosque un colchón o una pila de neumáticos y que son los mismos que abandonan a un perro en la carretera o a su madre en una gasolinera, no van a leer este artículo. Porque es probable que esos, no lean nada de nada. Y tal vez por ese motivo, entre otros, son personas no aptas para vivir en sociedad.

Pero no hay nada imposible. No es tarea fácil pero requiere del compromiso de todos. No podemos mirar hacia otro lado porque entonces seremos cómplices de la desidia y la inmundicia. Si somos sensibles a esta realidad, si la percibimos y nos afecta, es que vamos por el buen camino. Pero si a partir de ahí, no hacemos nada, miramos hacia otro lado, o agachamos la cabeza y esperamos a que sean otros los que se ocupen del problema, entonces todo seguirá igual o peor.

Por eso quiero hacer dos llamamientos. Uno a la conciencia colectiva y otro a las instituciones públicas.

Si usted se indigna igual que yo cuando ve basura en los ribazos de los caminos, por favor, recójala y si ve al quien la tira, atrévase a desaprobar la acción al menos con una mirada.

Y si fuera funcionario de la Consellería de Medio Ambiente, alcalde, concejal del ramo o responsable de cualquier unidad para el cuidado y la protección del Medio Ambiente, échele un par y cumpla con su obligación y encomiable tarea. Haga que las leyes se cumplan, imponga sanciones, de ejemplo y sobretodo eduque. Forme a quienes trabajan en los bosques, a quienes recogen las basuras, a quienes vigilan las playas a quienes limpian las calles. Enséñeles a valorar su trabajo y a desempeñarlo con entrega y orgullo.

De la participación o inhibición de todos y cada uno, depende el resultado. Enseñen en los colegios, enseñemos a nuestros hijos y a nuestros mayores en nuestras casas, enseñemos dando ejemplo donde estemos, donde vayamos, porque solo así, entre todos, podremos conseguir algún día una sociedad más cívica, una sociedad más respetuosa con la Naturaleza y consigo misma.

 

Mª Isabel González Esteban