Jose Fernando Navas RamírezHoy era el día en que se abría en la ciudad el Certamen estival de Casas Regionales; pero, por primera vez en diecinueve años, los coruñeses y nuestros muchos visitantes de agosto, nos quedaremos sin este entorno de esparcimiento y convivencia por decisión municipal.

Capricho intolerante, más bien, del nuevo equipo de gobierno que, con vanas disculpas económicas, se carga por sus dictatoriales narices, un evento que contaba con la general satisfacción y buena aprobación del conjunto de los ciudadanos.

Mentira grosera de unos políticos descamisados, que prometen gobernar por consenso y atención a la opinión del ciudadano, y luego actúan de la forma más despótica, prohibiendo porque si, que es algo que les encanta.

Contumaz error político para la sociedad coruñesa, con una carga explosiva de desprecio por unos ciudadanos que, por mayoría, no eligieron a estos neófitos regidores de sus destinos. Contumaz por rebelde, porfiado y tenaz en mantener el error, a pesar de las voces, las súplicas y las sugerencias de una buena parte de ciudadanos acostumbrados a olvidar, con unos buenos ratos de distracción por los jardines, las penurias arrastradas por estas crisis que no merecieron.

Hoy es un día triste para una ciudad liberal que siempre vivió de brazos abiertos a las culturas que la mar traía a La Coruña, y acostumbrada a respetar los aires de otras tierras y la riqueza de otros pueblos. También pueden prohibir el tradicional folclore de otros países y a los cantantes en otros idiomas y de otros pueblos, así será esta ciudad cada vez más pueblerina y más encerrada en su estrecho perímetro, porque unos ediles cortos de miras, quieren hacerla más díscola con los visitantes y más excluyente de todo lo que no sea autóctono.

En el caso de las Casas Regionales, estos munícipes denotan, además, un enorme desconocimiento de las gentes que las componen, de todo lo que hacen por la riqueza cultural de esta tierra y de su numerosa participación en la sociedad coruñesa.

Mala cosa es destruir las tradiciones de un pueblo, como malo es derribar sus símbolos y atentar contra sus valores, máxime cuando no hay nada positivo para sustituirlos más que el odio a todo lo que no sea una determinada ideología; y esto es muy grave cuando se pretende gobernar para un sector y no para la generalidad de la población.

Hoy en La Coruña, todos los visitantes y la mayoría de los coruñeses, empezamos a sentirnos forasteros.

José Navas

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