No hay misas sin sacerdote. Por Diego Fierro Rodríguez

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Por Diego Fierro Rodríguez 27 Junio 2022 80 Votos Correo electrónico Imprimir
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En un programa de la televisión gallega se pudo apreciar una disputa sobre si es posible considerar que es válida una misa en la que no interviene un sacerdote. Ciertamente, el problema no es nuevo, pues se habla de la falta de oficiantes ordenados para la eucaristía desde hace varios años, incrementándose el debate cada vez que se habla de la progresiva disminución de sacerdotes.

 

La disputa planteada no tiene mucho sentido si se tiene en consideración la vigencia del Código de Derecho Canónico, que establece expresamente que las leyes eclesiásticas universales se promulgan mediante su publicación en el Boletín oficial Acta Apostolicae Sedis, a no ser que, en casos particulares se hubiera prescrito otro modo de promulgación; y entran en vigor transcurridos tres meses a partir de la fecha que indica el número correspondiente de los Acta, a no ser que obliguen inmediatamente por la misma naturaleza del asunto, o que en la misma ley se establezca especial y expresamente una vacación más larga o más breve.

 

El canon 900 § 1 determina que sólo el sacerdote válidamente ordenado es ministro capaz de confeccionar el sacramento de la Eucaristía, actuando en la persona de Cristo, siendo cierto que el canon 900 § 2 indica a continuación que celebra lícitamente la Eucaristía el sacerdote no impedido por ley canónica, observando las prescripciones de los cánones que siguen. Además, el canon 907 dispone que, en la celebración eucarística, no se permite a los diáconos ni a los laicos decir las oraciones, sobre todo la plegaria eucarística, ni realizar aquellas acciones que son propias del sacerdote celebrante, de modo que no se puede llamar misa a la reunión que hacen feligreses para realizar la lectura de textos, no siendo posible la sacralización de los actos que vayan realizando, si bien es cierto que siempre se deberá respetar la misma a tenor del artículo 21 de la Constitución.

 

Lo que le corresponde a los feligreses es luchar porque se les facilite la asistencia de sacerdotes que puedan dirigir las eucaristías, aunque siempre les quedarán las pequeñas ceremonias que, sin ser misas, si que pueden ayudarles a lograr la reunión con más gente de fe. No obstante, queda en manos de la Iglesia habilitar algún medio para pueda haber más sacerdotes o para que, al menos, se flexibilicen jurídicamente los aspectos formales de las eucaristías, pues, aunque ello pueda quebrar la esencia de las referidas ceremonias, habrá que plantear medidas si se pretender evitar que las eucaristías desaparezcan paulatinamente de la geografía española.

 

 

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