Print Friendly, PDF & Email
Información
172 votos

Una multa por comer una magdalena al volante

Información
;Por Diego Fierro Rodríguez 28 Noviembre 2020
Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

Diego Fierro Rodríguez

En varios medios de comunicación se recoge una peculiar noticia conocida a raíz de una publicación de Twitter, en la que se expresa lo siguiente: “Si teneis un mal día solo recordad que a mi padre le han puesto una multa por comerse una magdalena conduciendo”. La denuncia del agente, que se realizó en Baleares, se basa en la falta de atención permanente a la conducción por parte del protagonista de la historia, que sería sancionado con 80 euros si no renunciara a presentar alegaciones, pudiendo aceptar el pago de 40 para terminar con el procedimiento administrativo sancionador.


Realmente, comer al volante no está prohibido. Sin embargo, la normativa es lo bastante genérica como para que resulte posible interpretar que no se pueden ingerir alimentos mientras se conduce un vehículo a motor.

El artículo 18.1 del Real Decreto 1428/2003, de 21 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento General de Circulación para la aplicación y desarrollo del texto articulado de la Ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial, aprobado por el Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo, establece que “El conductor de un vehículo está obligado a mantener su propia libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción, que garanticen su propia seguridad, la del resto de los ocupantes del vehículo y la de los demás usuarios de la vía”, destacando que, “A estos efectos, deberá cuidar especialmente de mantener la posición adecuada y que la mantengan el resto de los pasajeros, y la adecuada colocación de los objetos o animales transportados para que no haya interferencia entre el conductor y cualquiera de ellos (artículo 11.2 del texto articulado)”. Además, señala el mismo precepto que “Se considera incompatible con la obligatoria atención permanente a la conducción el uso por el conductor con el vehículo en movimiento de dispositivos tales como pantallas con acceso a internet, monitores de televisión y reproductores de vídeo o DVD”, pero “Se exceptúan, a estos efectos, el uso de monitores que estén a la vista del conductor y cuya utilización sea necesaria para la visión de acceso o bajada de peatones o para la visión en vehículos con cámara de maniobras traseras, así como el dispositivo GPS”.

Es posible decir que, en este caso, se ha podido vulnerar el principio de tipicidad, contemplado en el artículo 25 de la Constitución y desarrollado por la Ley 40/2015, de 1 de octubre, de Régimen Jurídico del Sector Público, que indica que “Sólo constituyen infracciones administrativas las vulneraciones del ordenamiento jurídico previstas como tales infracciones por una Ley, sin perjuicio de lo dispuesto para la Administración Local en el Título XI de la Ley 7/1985, de 2 de abril” y que “Únicamente por la comisión de infracciones administrativas podrán imponerse sanciones que, en todo caso, estarán delimitadas por la Ley”. En este sentido, hay que destacar que, conforme a la Sentencia del Tribunal Constitucional 219/2016, de 19 de diciembre, “la garantía de certeza puede resultar vulnerada por la insuficiente determinación ex ante de la conducta sancionable, como defecto inmanente a la redacción legal del precepto sancionador objeto de escrutinio; vulneración que afectaría a la calidad de la ley, esto es, a la accesibilidad y previsibilidad del alcance de la norma en el ámbito penal o sancionador (SSTC 184/2003, de 23 de octubre, FJ 3, y 261/2015, de 14 de diciembre, FJ 5)”, pero, “aun cuando la redacción de la norma sancionadora resulta suficientemente precisa, la garantía de lex certa puede verse afectada por la aplicación irrazonable de dicha norma, vertiente que se desdobla, a su vez, en dos planos, (i) el de la indebida interpretación ad casum del alcance semántico del precepto, más allá de su sentido literal posible (analogía in malam partem), y, (ii) el de la subsunción irrazonable, en el precepto ya interpretado, de la conducta que ha sido considerada probada”, ya que “En estos casos, pese a la “calidad” de la ley, su aplicación irrazonable se proyecta sobre la exigencia de previsibilidad del alcance de su aplicación”.

Aunque no es descartable que ingerir una magdalena al volante pueda distraer al conductor en determinados instantes, no parece acertado afirmar con total contundencia que el consumo de ese dulce, caracterizado por su gran simplicidad, provoca una distracción como la que puede implicar directamente el uso de un dispositivo electrónico que, como un móvil, absorbe más atención. No obstante, es de agradecer que se considere una infracción administrativa el comer una magdalena mientras se conduce un coche y no un delito del artículo 380 del Código Penal, que, de una manera que puede resultar un poco ambigua, señala que “El que condujere un vehículo a motor o un ciclomotor con temeridad manifiesta y pusiere en concreto peligro la vida o la integridad de las personas será castigado con las penas de prisión de seis meses a dos años y privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores por tiempo superior a uno y hasta seis años”.

*****

Print Friendly, PDF & Email

campana_de_propinas