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La mal llamada multa por revelar al ganador de MasterChef

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;Por Diego Fierro Rodríguez 19 Julio 2020
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Diego Fierro Rodríguez

Mucho se ha hablado estos días de la supuesta revelación de Saray, que difundió, con una imagen que permaneció durante escasos minutos, al ganador de MasterChef. Ella ha negado los hechos, pero son muchos los que afirman haber podido ver la fotografía con el resultado del concurso y que han pedido la imposición de una “multa” de 100.000 euros que se fija por contrato para los que filtren datos de los programas grabados antes de su emisión.

 

Ciertamente, la multa de la que hablan muchos es, en realidad, una cláusula penal. El artículo 1152 del Código Civil establece en su primer párrafo que “En las obligaciones con cláusula penal, la pena sustituirá a la indemnización de daños y el abono de intereses en caso de falta de cumplimiento, si otra cosa no se hubiere pactado”. Las Sentencias del Tribunal Supremo de 11 de marzo y 17 de noviembre de 1957 definen la figura como “la estipulación de carácter accesorio, establecida en un contrato, con la finalidad de asegurar el cumplimiento de la obligación principal, en virtud de la que el deudor de la prestación que se trata de garantizar, viene obligado a pagar por lo general una determinada cantidad de dinero”. Por la Sentencia del Tribunal Supremo 530/2016, de 13 de septiembre, afirma que “No cabe duda de que, como regla, y salvo en condiciones generales de la contratación entre empresarios y consumidores o usuarios (art. 85.6 de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios), nuestro Derecho permite las cláusulas penales con función coercitiva, sancionadora o punitiva: no sólo de liquidación anticipada de los daños y perjuicios que puedan causar los incumplimientos contractuales por ellas contemplados”.

Las dos funciones esenciales y características de la pena son la de garantía y la liquidadora, según la Sentencia del Tribunal Supremo 197/2016, de 30 de marzo, que afirma que “La pena cumple una función de garantía del cumplimiento de la obligación principal, pues ante la amenaza de la pena el deudor se encuentra constreñido a realizar la prestación debida” y que “también cumple una función liquidatoria, que es a la que se refiere el art. 1152 CC, entendida en el sentido de que, «si otra cosa no se hubiese pactado», la pena sustituirá a la indemnización de daños y perjuicios en caso de incumplimiento, sin que el acreedor necesite probar su existencia”. Esta última idea se consagra en la Sentencia del Tribunal Supremo 586/2013, de 8 de octubre, que señala que “La función esencial de la cláusula penal es la liquidadora de los daños y perjuicios que haya podido producir el incumplimiento o el cumplimiento defectuoso de la obligación principal, sustituyendo a la indemnización sin necesidad de probar tales daños y perjuicios, y solo excepcionalmente opera la función cumulativa, cuando se ha pactado expresamente que el acreedor pueda exigir la indemnización de los daños y perjuicios causados y probados y, además, la pena pactada como cláusula penal”.

Cuando se negocia y se firma un contrato hay que obrar con cuidado y garantizar que se pueda llegar a cumplir. De lo contrario, la parte incumplidora debería indemnizar al perjudicado con una cuantía que, en las situaciones en las que se haya fijado la cláusula penal, permitirán prever con precisión las consecuencias del incumplimiento contractual, siempre que pueda acreditarse su cumplimiento, algo que parece posible en el caso de Saray con MasterChef.

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