Diego Fierro Rodríguez

El pasado miércoles día 29 de mayo, un padre fue juzgado en Sevilla por haber abierto una carta dirigida a su hijo de 10 años que había sido escrita por la tía materna del menor. La infracción penal por el que se acusó y se pidió una pena de prisión de dos años es el delito de descubrimiento y revelación de secretos, que se encuentra regulado en el artículo 197 del Código Penal, que castiga a los que difundan, revelen o cedan a terceros los datos o hechos descubiertos por apoderamiento de los papeles, cartas, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos o efectos personales de otra persona.

 

Hay que destacar que el caso tiene varias peculiaridades. Por un lado, el hijo, destinatario de la carta, y el padre comparten nombre. Por otro, la carta contenía unas instrucciones que la tía del menor le quería dar para declarar en un juicio por un delito de violencia de género por el que se juzgo al padre, que finalmente fue absuelto precisamente por el contenido del mensaje, que sirvió para desmontar los argumentos de la acusación.

Ciertamente, si, efectivamente, el padre y el hijo comparten nombre, podría existir un error de tipo que, siguiendo la Sentencia del Tribunal Supremo 737/2007, de 13 de septiembre, supone un conocimiento equivocado o juicio falso sobre alguno o todos los elementos descritos por el tipo delictivo que, en cualquier caso, implicaría la absolución del acusado según el artículo 14 del Código Penal. Para que haya exclusión de la responsabilidad criminal, se requiere que el error de tipo sea invencible, es decir, que no se haya podido evitar con una mayor diligencia, pero también impide la imposición de una pena el error vencible, aquel que se haya podido evitar con una mayor diligencia, cuando el delito cometido no tenga una modalidad imprudente conforme al artículo 12 del Código Penal, algo que sucede, precisamente, con el delito de descubrimiento de secretos. En todos los casos, “El error ha de demostrarse indubitada y palpablemente (STS 123/2001, 5 de febrero), pues la jurisprudencia tiene declarado que el concepto de error o el de creencia errónea (art. 14 CP 1995) excluye por su significación gramatical, la idea de duda; y en este sentido error o creencia errónea equivale a desconocimiento o conocimiento equivocado, pero en todo caso firme”, según lo indicado por la Sentencia del Tribunal Supremo 737/2007, de 13 de septiembre, debiendo valorarse la concurrencia del error de tipo por el órgano jurisdiccional competente para el enjuiciamiento del caso.

Resulta llamativo que se haya procedido efectivamente contra el padre que abrió la carta dirigida a su hijo y que no se haya comentado ni aportado información sobre la tía del menor, que le remitió el mensaje para darle instrucciones, con las que pudo intimidarle, a los efectos de lograr un testimonio por el que se pudiera condenar al progenitor, ahora acusado por revelación de secretos. Esa cuestión es preocupante porque el artículo 464 del Código Penal establece que “El que con violencia o intimidación intentare influir directa o indirectamente en quien sea denunciante, parte o imputado, abogado, procurador, perito, intérprete o testigo en un procedimiento para que modifique su actuación procesal, será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a veinticuatro meses”.

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