La estética es ética

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Opinión 12 Noviembre 2021 228 votos - Para Votar tienen que ser usuario registrado
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Al revés fue una frase que tuvo mucho éxito en el pasado: la ética es estética (la apariencia sobre la esencia), no siendo menos peregrina que la del título del artículo. Hace un tiempo, un “politólogo” con acento italiano explicaba ex cátedra en una de las televisiones más importantes del país que Pablo Iglesias había perdido votos en las elecciones porque no llevaba chaqueta. La explicación fue tan peregrina que hasta cuesta recordarla; se ve que el cerebro desecha automáticamente las tonterías. Decía algo así como que las chaquetas alinean correctamente los hombros, lo cual es percibido inconsciente y positivamente por el elector. Lo más extraño es que entre los contertulios no sonó una risotada “ostentorea”. El término, acuñado por Jesús Gil, no está mal: algo así entre ostentoso y ruidoso. Pero ¿por qué sorprendernos? Unamuno inventó en “Niebla” el término “nívola”, que es una novela escrita por el personaje, y le pareció bien al mundo.  

Ayer veíamos en You Tube una de esas conferencias de la doctora Roca Barea que tan ilustrativas son. Hay que aclarar que no compartiendo todos los extremos que sostiene (no por teorías propias, sino por las de otros portentos), sus intervenciones resultan muy interesantes y convincentes. Hay autores que te enriquecen tanto que se puede discrepar y estar de acuerdo con ellos a la vez. Lo mismo ocurre con Pedro Baños. 

La doctora explica en esas conferencias que desde Felipe V no ha habido historiadores españoles que defiendan a España frente a una campaña cuasi internacional de desprestigio. No lo dice tan castizamente, pero algo así; que siendo España la potencia dominante del momento, estas leyendas negras, que también se han realizado contra la Rusia zarista y contra EE.UU. (dice ella) tienen la finalidad de erosionar y destruir al contrincante.  

¿Por qué desde Felipe V? Porque este rey es el nieto de Luis XIV y no tiene ningún interés, como su abuelo, en que el Siglo de Oro de los Augsburgo brille. Pone como ejemplo el caso de la Inquisición. Se sabe todo sobre la Inquisición española, con tres mil víctimas, y nada de la francesa, con cinco mil, y destinada a extirpar de raíz a los hugonotes (recodemos aquello de: ¿y cómo distinguimos católicos de hugonotes? No importa, ya lo hará Dios). O de la alemana, extremadamente cruel y antifeminista (especialmente contra las brujas, que en realidad eran una especie de farmacéuticas). Tampoco hay que olvidar que la inquisición surge en Francia, para acabar con los cátaros, llamados por el pueblo en aquel tiempo “los hombres buenos”.  

Hay que aclarar que Roca Barea no es clerical ni nacionalista (librepensadora, se proclama ella), sino que “destripa” (horror, ¿a quién se le ha ocurrido sustituir spoiler por destripar?); repitamos, que desvela, o devela, o revela, o cuenta, una campaña de demonización contra España y que curiosamente no se ha revertido contra franceses, ingleses, holandeses o italianos (que también hicieron lo suyo). sino que al revés, los ha llenado de prestigio. Si España es la oscuridad, ellos, antípodas, serán la claridad.  

Cuenta además que para contrarrestar la leyenda negra, Carlos III tiene que crear el Archivo de Indias, obra monumental y sin parangón, que por sus enormes dimensiones no sirve para el fin que pretende. Peor aún, se realiza una obra de divulgación, ¡en seis volúmenes, en latín! para mostrar las leyes y medidas que se tomaron precisamente para evitar lo que se le imputa a España. En su conferencia, Roca Barea nos recuerda, mejor, nos informa de dos nombres trascendentales que se han convertido en yunque y martillo de degenerados (ya se dirá por qué) españoles. Son Reinhart y Robertson, francés e inglés respectivamente. Ambos realizaron sendas historias de América que han apuntalado la leyenda comentada, encima con carácter erudito e intemporal.  

Pero lo que más sorprende es la pasividad histórica no ya de los historiadores españoles pasados, que no querían enfrentarse personalmente al nuevo poder borbón, sino la de los historiadores actuales. Comenta la historiadora que tanto libros escolares ingleses como españoles recuerdan, por ejemplo, la derrota de la Armada española y olvidan la derrota de la Contraarmada inglesa. Y todo así desde Felipe V hasta ahora.  

¿Por qué decíamos degenerados españoles? Parece ser que en EE.UU. está triunfando una obra teatral llamada “Latin history for morons” donde se dicen barbaridades de aquellos españoles, tales como que contaminaron de sífilis a los indígenas (creemos recordar que se afirma que un 95% de los indígenas murieron por tal causa) porque copulaban con ovejas por carecer de mujeres, lo cual a su vez contradice lo también afirmado en la referida obra: que violaron a todas las indígenas. Sorprende que algo así aparezca positivamente valorado y recomendado en una de esos blogs de viajes españoles. O la doctora se equivoca o nos insultan y nosotros aplaudimos con las orejas. A esto hay que añadir que en ese país hay una campaña contra todo lo que recuerde la herencia española. Y esta es la causa del título del artículo. Pareciera que hemos perdido la capacidad de profundizar y sólo nos interesa lo aparente, sobre todo si esa apariencia es sofisticada y anglosajona.  

Roca Barea finaliza su intervención diciendo que parece que España no es consciente de los dos instrumentos magníficos que tiene a su alcance: el idioma y una población afín de millones de seres. Otros autores incluso incrementan esta capacidad de influencia si se logra un entendimiento con el área lusófona. La verdad es que esa área hermana si está realizando aproximaciones, en cuanto hay un incremento muy importante del estudio del idioma español. Estaría bien que nosotros saliéramos de nuestra burbuja de aire viciado y estudiáramos y diéramos importancia al idioma portugués.  

Hacer una recopilación de toda esa artificialidad sería prolijo, y hasta resultaría aparentemente superficial. ¿Se pueden sacar conclusiones de que sean los servidores de nuestros medios de comunicación, más que nadie, los que carguen de anglicismos sus intervenciones? Se dirá: ¿es eso importante? Dependerá de la causa. Si lo hacen porque así se encuentran más interesantes e incorporados “a lo que sí importa”, sí que es importante, y además preocupante. Quiere decir que han de adornar su ser con algo extraño que no forma parte de ellos mismos. No es una exageración, ya hemos referido el caso de que se les pidió a unos corresponsales extranjeros que no corrigieran su deje extranjero porque así resultaban más creíbles. Hay una entrevista (interview) a Borges que es desconcertante. El entrevistador, norteamericano, le pregunta por qué escribe en español, y Borges le responde: porque respeto demasiado al idioma inglés (textual). Hay muchísimas sorpresas en la entrevista, pero basten dos o tres botones de muestra: que salvo Cervantes, España no ha dado nada relevante; y que Latinoamérica (qué es eso, se pregunta) no ha dado nada, cero. La entrevista está en You Tube. Pero lo más sorprendente es la de aplausos hispanos que recibe el “maestro”. De paso habla de la Armada sin recordarle al satisfecho periodista norteamericano lo de la Contraarmada, si es que tenía conocimiento de ella, claro.  

Si por la noche conectas las emisoras de radio no latinas ¿dónde está la música no angloamericana (italiana, francesa, española, alemana), que ha desaparecido radicalmente? ¿Por qué en un concurso hemos de saber cuál es el monte más elevado de Nebraska? ¿Por qué ese presentador que articula con desidia el español, después se retuerce por los esfuerzos que realiza para pronunciar correctamente el inglés? ¿Por qué esa retahíla de autores anglosajones, incluso de los niveles más modestos, en tertulias literarias o políticas, tanto de izquierdas como de derechas? ¿No hay escritores en España, en Europa, en el Mundo? Mientras ellos hacen teatro para representar los horrores de los conquistadores sifilíticos españoles, nosotros los hacemos para traer aquí a Broadway y sus mil y una vez representadas representaciones, por cierto, mal copiadas.  

¿Y esas carcajadas de alegría, “ostentoreas”, en todos los sitios? ¿Cuál es la buena nueva que aún no nos ha llegado? ¿Son acaso funcionalistas que siguen la doctrina de que mostrarse felices es reforzar el sistema? No cabe duda de que cobrando un millón de euros al año da para eso y para más, pero no sirve para reflexionar con serenidad y capacidad analítica. El ruido, otra moda importada, sólo sirve para la confusión.  

Es decir, que forzamos unas imágenes sin especifidad, que no son producto de las contradicciones que se dan en nuestras vidas, ni del esfuerzo para superarlas, sino un afán inmaduro de convertir la apariencia en esencia. Una esencia endeble y despreocupada por lo que realmente sí tiene importancia. Ni nos va ni nos viene lo que se diga sobre la historia (lejana y reciente) de España y las causas propias y ajenas de ello. Sabemos de tantos latrocinios que no merece la pena preocuparnos si en cambio podemos reír y tomar una cerveza. 

Pero ¿es esta la España real, o estamos hablando de la España rectangular, esa que aparece en las pantallas de televisión, con sus personajes de humo y nada que nada saben de nuestros verdaderos problemas, y sólo pretenden entretenernos para que no nos preocupemos ni ocupemos?  

De todo esto ¿qué dicen nuestros eruditos, élites, intelectuales, triunfadores, artistas, políticos? Parece que nadie se ha dado por enterado de la “Latin history for morons“ ni se pregunta por las causas que puede haber tras esa demonización repetida en múltiples ámbitos. ¿Quizás para desarraigar a esa gran región que podría ser América latina (¿qué es eso?)? 

Quizás, por el contrario, prefieran enviarnos al psicólogo para que curemos nuestra toxicidad.  

Luis Méndez. 

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