La lengua perseguida

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Opinión 01 Julio 2021 442 Votos Correo electrónico Imprimir
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España es una gran nación, plural en sus costumbres y territorios, en algunos de los cuales se hablan lenguas propias o dialectos: el catalán, el vascuence y el gallego especialmente, además de otras que han sido reconocidas y respetadas por el Estado.

El castellano fue la lengua del imperio. Lengua común por derecho propio en la Península Ibérica y en Hispanoamérica con más de 500 millones de hablantes, conformándose como la lengua de la nación española y parte indisoluble de su identidad. Una lengua que en España está siendo demolida sin prisa, pero sin pausa por intereses políticos bastardos. La promoción de todas las lenguas de la nación es legítima siempre que no sea imponiendo las minoritarias y sepultando la lengua común, ni al revés. En Cataluña no se han cumplido las sentencias sobre el 25% en que debía impartirse la enseñanza en español, y ahora la LOE (Lomloe) o ley Celaá, ya no considera el español lengua vehicular. En catalán, la lengua del nuevo imperio.

En España los políticos están sepultando el español desterrándolo de las administraciones. Hablar solo español es incómodo y discriminatorio en algunos territorios. La selectividad en Cataluña no se ha podido hacer en español, solo en catalán. Pruebas de selectividad con distinto nivel de exigencia (quien no aprueba en una comunidad de las exigentes podría obtener el mejor resultado en una de las que exigen menos). Esta no es la Constitución que votamos ni la sociedad que queríamos. La injusticia y la desigualdad están instaladas en la sociedad.

Ocurre en Cataluña, en todos los servicios públicos del Estado, la comunidad autónoma y los ayuntamientos de la región, y ocurre en la comunidad valenciana, Baleares, Galicia o Euskadi. Ahora empieza el debate sobre el Bable en Asturias. Ante un discurso en dicha lengua en su parlamento, un diputado pidió traductor y otro amenazó con abandonar la sesión.

¿Podemos ser tan miopes, tan garrulos como sociedad? Sí, podemos. Esa visión de que las lenguas propias son más modernas, que quien las habla es más culto, demócrata, mejor ciudadano, se ha instalado en la ciudadanía de algunos territorios alentado por nacionalistas, independentistas y presuntos progres acomplejados, suponiendo hoy una plaga destructiva sobre la lengua común de la nación. Mientras, en las aulas de Francia se ha colocado la bandera nacional, hacen sonar y explican su himno y solo se autoriza el uso de su lengua. Sin duda, fascistas.

España necesita políticos con sentido común, honrados y patriotas de largo recorrido, que fijen parámetros de obligado cumplimiento como hacen la derecha y la izquierda en Francia. Empezar por la lengua y los símbolos nacionales es cada día más necesario. En las administraciones públicas el ciudadano elige en qué lengua escribe o habla y todo funcionario, estatal, autonómico o local, estará obligado a responder en español a cualquier solicitud que se haga en español. En educación, donde haya reconocidas lenguas propias se impartirá en todos los niveles, incluida la universidad, el 50% en español.

No confío que esta clase política tenga la mínima catadura moral necesaria para resolver estos problemas. La mezquindad, el sectarismo, la mentira presiden sus actos. Han legislado que una sola denuncia sin prueba pueda impedir a un padre visitar a sus hijos durante meses o años, o que un huérfano de madre (asesinada por el padre) tenga más ayuda del Estado que si es huérfano de padre (asesinado por la madre). Los hijos responsables de los actos de sus padres, discriminando negativamente al hijo (o hija) si la criminal es la madre porque es mujer. Decisiones inmorales, cobardes y canallas.