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El capitán Tom, los aplausos vacíos y la (des)información para ocultar la realidad

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;Opinión 05 Febrero 2021
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Se nos ha muerto el Capitán Sir Tom Moore.

El veterano de la segunda Guerra Mundial, gran aliado para el gobierno de Boris Johnson durante la pandemia ha muerto, y seguramente podría decirse que la fama sobrevenida, la utilización de su figura, y la sobreexposición han sido los principales factores para que se contagiara de COVID y tras pocos días en el hospital haya fallecido.

Hay que aplaudir sin duda alguna su energía, sus ganas, y sus incansables últimos meses en los que ha pasado a ser un héroe y un ejemplo de compromiso con la sociedad.

 

Sus paseos arriba y abajo por su jardín la primavera pasada, contribuyeron a la recogida de 39 millones de libras esterlinas para hospitales y organizaciones que colaboran con el NHS. Y 39 millones son muchos para unos hospitales y un sistema sanitario que lleva demasiado tiempo en manos de gobiernos que han desinvertido en sector público para regalar contratitos a empresas amigas.

El efecto de las donaciones al NHS, siendo positivo, puede ser pernicioso si en las mentes privilegiadas de gran parte del electorado entra la idea de que es mejor la caridad y las limosnitas para el sector público en vez de unos impuestos y unos presupuestos acordes a las necesidades de un sistema sanitario del que dependen mas de 65 millones de personas.

Los 39 millones de libras son como los aplausos a los sanitarios. Un reconocimiento baldío, inútil, y no lo que necesitan en realidad el sector de la sanidad en España o en Reino Unido. Una donación no saca de pobre a los hospitales, y un aplauso no da seguridad laboral ni reconocimiento salarial al sector que nos mantiene vivos y nos cuida. Un aplauso cuando luego votas por recortar servicios sociales y sector público es una muestra de hipocresía. Una más.

Pero el legado del capitán Tom para el gobierno de Boris es mucho mayor que las donaciones recogidas, no nos engañemos.

Sir Tom fue sin duda alguna ese entretenimiento que llenó periódicos y horas de programas informativos, y que así no tenían que preocuparse de informarnos de lo que en realidad debería haber estado preocupándonos en Reino Unido.

Una hora del paseo por el jardín, era una hora menos de debatir el Brexit que se acercaba, o una hora menos para explicar lo que sucedía en la peor tragedia que hemos experimentado tras las 2 guerras mundiales.

La COVID crecía por aquel abril y mayo y la televisión británica nos mostraba con aspavientos y cámaras ocultas las habitaciones abarrotadas en hospitales de España o Italia…” qué barbaridad” nos decían en los diferentes canales, mientras no nos ofrecían con el mismo ahínco los números nacionales de esa pandemia. Reino Unido actuaba como el que nos enfoca con el móvil como se quema la mesa del jardín del vecino, sin darse cuenta de que tras de ellos, su cocina y salita de estar se están también incendiando.

Dominic Cummings, el asesor maquiavélico del gobierno, se iba de excursión a 500 kilómetros de su casa, infectado por la COVID en pleno encierro de toda la población, y la televisión nos hablaba de nuevo de Tom y sus paseos.

Se superaba a Italia y a España en número de muertos, pues nos informaban de que Tom y su versión del himno del Liverpool y canción que hicieran popular Gerry and the Pacemakers, “You’ll never walk alone”, llegaba al número 1 en las listas musicales, y además conseguía el récord Guinness como “artista” con mayor edad en llegar a esa posición, por encima del tigre de Gales, Tom Jones que lo consiguió a los 68 años.

Que el Brexit estaba a la vuelta de la esquina y no se llegaba a firmar nada con la Unión Europea y no se cumplían objetivos ni plazos, pues nada, nos entretenían con Tom siendo nombrado caballero por la Reina de Inglaterra.

Su servicio a la patria no acabará aquí, no me cabe duda, y seguirá echando un capote a la gestión del gobierno conservador que en las ultimas semanas no hacen mas que entrar en un fregado tras otro.

Tras la crisis de las vacunas con la Unión Europea, seguimos descubriendo que el Brexit que nos vendieron no era lo que esperaban, con más sectores uniéndose a las quejas. Se sigue doblando o triplicando a países vecinos en muertos diarios, pero nos hablan de vacaciones veraniegas y de un verano feliz. Estamos en una crisis de la que no salimos, sin endurecer las medidas y tenemos a líderes políticos hablándonos de vuelta a la normalidad.

Esta semana el fallecimiento de Tom Moore ha ayudado a no hablar de otros problemas. No es culpa de Tom Moore sin duda alguna que eligieran hablar de él en vez de las urgencias reales del país, y si hay que apuntar a los medios que lo han utilizado para ocultarnos la realidad.

El capitán Tom era un señor entrañable y que no olvidaremos, pero a mi me queda la duda de si hubiera sido mejor que no le hubiéramos conocido tanto y hubiera vivido unos cuantos años más sin tener que utilizarlo como si fuera un elemento de circo, al que se le hacia pasear por el jardín, invitando a decenas de reporteros y haciéndole estar en contacto con la cantidad de gente que invitaron a reunirse con un señor de más de 100 años… aunque seguramente dado su carácter afable, el lo hizo encantado.

Su esfuerzo no ha sido en vano y se le va a reconocer como se ha de reconocer el trabajo por la comunidad y el altruismo, pero me queda la duda de si los medios que trataban de esconder el desastre de país en el que Reino Unido se ha estado convirtiendo en los últimos meses, tapando miserias, errores del gobierno, y la incompetencia de quien gobierna, hicieron un uso quizás exagerado e interesado de los que fueron los últimos pasos de un anciano. ¿Pan y circo?

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