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Los electores también son responsables.

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;Opinión 17 Noviembre 2020
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En las campañas electorales, los electores más responsables suelen limitarse a leer los programas de los principales partidos. Los más irresponsables se dejan llevar por la última impresión recibida en la barra del bar. Se podrá decir que en esa barra se reúnen parroquianos con intereses afines. Pero eso sería uniformar excesivamente las clases sociales, que no existen (no lo dudamos) pero que haberlas haylas.  

 

Se podrá contraargumentar diciendo que tales parroquianos vierten en la barra lo que han recogido en los medios de comunicación, pero ¿son fiables todos esos medios, sin excepción? ¿Acaso no hemos leído en la portada de algún periódico lo que se niega aclaratoriamente en la quinta página, porque se sabe que no pasaremos de la tercera? ¿Acaso no hemos visto denostar al diablo A (que lo es y que representa a la empresa nacional) para ensalzar al diablo B (que también lo es y representa al sector de la finanza globalizada y de la guerra en el exterior) olvidando conscientemente que había un tercer candidato C (representante de las clases menos poderosas) y que, curiosamente, no era querido por ninguno de los grandes poderes económicos? Muchos dirán: ¿ya estamos con la conspiracion? Además, añadirán, eso habrá ocurrido en los EE.UU, no aquí. Cierto, pero ya se sabe que según la llamada “milla periodística”, cuanto más lejana es la noticia, más fácil resulta razonarla. Si los ejemplos hubieran sido sobre PP, PSOE, Unidas Podemos o ERC, entre otros, nos habríamos puesto de uñas inmediatamente, sin posibilidad alguna de proseguir.  

Es decir, nuestras elecciones son más emocionales que informadas, y frecuentemente, cuando nos señalan al sol miramos al dedo.  

Respecto a los programas electorales ¿qué dicen? Cosas sin repercusión real, porque, por muy sinceros y ricos que sean sus contenidos –si lo son--, son olvidados inmediatamente. Es decir, que no sabremos si se cumplen o no. Menos aún preguntemos sobre los presupuestos generales del estado que, según se cree, son burocracia contable (cuando conviene). Ahora tenemos, como ariete informativo, el caso del apoyo de los independistas a los presupuestos del gobierno. El efecto es sorprendente: la pluralidad informativa,salvo honrosas excepciones, es unívoca: es antipatriótico por parte del gobierno recibir tal apoyo. Extraño que nadie se haya preguntado: ¿Y por qué los partidos patrióticos no los apoyan, para evitar la hipoteca de los independistas? Respuesta: porque no comparten su contenido. Pero ¿no hemos quedado en que el patriotismo requiere sacrificios? Claro, los sacrificios del gobierno que, para   no depender de los independistas, ha de apoyar los presupuestos de quienes se autoproclaman patriotas por la gracia de dios e identifican sus intereses con los de la patria. Y ¿por qué son antipatrióticos si nos acercan al modelo europeo; un modelo apoyado en su mayoría por partidos de la derecha moderada? ¿Dónde está el socialcomunismo cuando aún no llegan a la media de la conservadora Unión Europea (7 puntos por debajo en carga impositiva y 4 en el gasto social)? Es decir, que está claro que la del independentismo es una estratagema para evitar avanzar en la redistribución equitativa de la riqueza del país, que es lo que realmente preocupa. ¡Qué sacrificio, gravar en un 1% los grandes capitales! Pero cuando conviene, a esos independentistas hasta se les puede denominar como movimientos de liberación, que ha ocurrido.  

Por otra parte hay preguntas importantísimas. Sabiendo que lo que se juega es cómo se distribuirá, entre otras partidas importantes, el gasto social ¿sabemos a quién representa, a quien defiende cada fuerza electoral? No, ni nos interesa. Creemos equivocadamente que los partidos son asociaciones interclasistas que defienden ideas generales sin interés económico de clase.  

Un dato de la historia (esa materia tan despreciada), antiguo pero muy ilustrativo, es el del partido del orden, en Francia. Si no nos hubieran explicado qué representaba realmente, siempre habríamos creído que era un extraño partido bicéfalo que reunía dos candidatos reales (el de la Casa de Borbón y el de la Casa de Orleans) enfrentados por apetencias personales, aunque unidos frente al enemigo común, la Montaña (los antiguos socialdemócratas). Hablamos de la realidad, no de esa historia que sólo nos muestra la corteza del fruto. ¿Y qué había bajo la corteza de dos aspiraciones monárquicas? Pues los intereses encontrados de dos sectores del mismo sistema: por un lado el de la gran propiedad territorial y por el otro el de los intereses de la alta finanza, la gran industria y el gran comercio, es decir, el gran capital. No distinta fue la causa del enfrentamiento entre carlistas y liberales en nuestra patria: la tierra contra el capital, la aristocracia e iglesia frente a la burguesía, con sus respectivos y fundamentales intereses económicos. Lo demás --Dios, patria, rey, libertad-- era accesorio, aunque aparentemente principal. Algo así ha ocurrido en EE.UU., aunque de una forma más compleja ya que su partido del orden –simbiosis demócrata republicana-- se ha desgajado en familias e intereses encontrados (la industria nacional, los globalizadores financieros, el sector de internet, todo ello unido a qué tipo de política exterior).  

Es decir, y volviendo al presente del nuestro país, lo accesorio aparece como lo principal, y lo principal resulta inexistente para el sobrado vocero de la barra de bar. No oigo a nadie preguntarse si privatizándolo todo --salvo interior, defensa y sistema judicial, como predica Rubén Manso-- el país viviría mejor. ¿Alguien se ha preguntado, por ejemplo, qué puede ocurrir con un plan de pensiones?  

¿Y dónde hay un manual que desentrañe brevemente todo esto? No lo puede haber. La política es una de las ciencias más complejas y cambiantes que hay, en la que es necesario saber (casi siempre incompletamente) de historia, de economía, de derecho, de actividad parlamentaria, de geopolítica (otra ilusión: el grado de soberanía de los países), de estrategia militar, de estadística, y nada se aclarará leyendo en un solo esfuerzo un solo medio. Detrás de cada uno está la mediatización de un poder financiero, si es que hablamos de los grandes. Y efectivamente, son independientes y libres, excepto de quienes los financian. Si se lee la memoria de la asociación de la prensa de Madrid, de 2016, se comprobará que los periodistas no se sienten ni tan libres ni tan independientes como luego han de proclamar. Por eso es importante leer todo lo posible y de forma variada y continuada: grandes y pequeños medios-- los más modestos a veces son bastante más libres e imparciales—, nacionales e internacionales, verdes y amarillos. ¿Qué es trabajoso? Si quisiéramos discutir de medicina aceptaríamos la necesidad de estudiarla. Pues hay que decir que administrar el estado no es más fácil que curar y fortalecer a un cuerpo enfermo. Y si no queremos o podemos hacer el esfuerzo, al menos deberíamos hacer el esfuerzo de hablar en voz baja.  Luis Méndez.