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¿Parlamento o barra de bar?

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;Opinión 03 Octubre 2020

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No sé si todo el mundo dispone de un canal de televisión en el cual se retransmitan las sesiones parlamentarias. En You Tube hay una selección bastante interesante de estas, de las cuales todo español sensato debería tener conocimiento. Incluso tiene el beneficio de que los distintos parlamentos están distribuidos por tendencias (las de los que cuelgan los distintos videos), lo cual facilita el pluralismo político, que es menor de lo que se cree. Ignoro si hay otros canales similares; si los hay, mejor que mejor.  

 

Dicha selección es interesante porque ahí se oyen criterios, se ven actitudes y se manifiestan contradicciones propias y ajenas que de otra forma se desconocerían. Por ejemplo, un diputado le reprochaba a otro que aún no se hubiera pagado un alto porcentaje de los expedientes de regulación temporal de empleo, y el otro le recordaba que curiosamente él y su formación habían votado en contra de la ley que los posibilitaba. Respecto a las actitudes, el panorama es aún más interesante (y alarmante): sobre las mascarillas, centelleaban  incomprensibles miradas cainitas; incomprensibles en cuanto se discuten cosas aprobadas sin grave conflicto en la UE. Es decir, no se trata de una dramática pugna entre sistemas, sino entre matices dentro del sistema español e incluso europeo. Hay que aclarar que para el que subscribe el sistema no es la forma de gobierno, sino el sistema económico sobre el que se levanta el edificio político, es decir, la forma de gobierno. Volviendo a los ejemplos, uno de los diputados expresaba su sorpresa respecto a la melodramática oposición a la subida de impuestos a los capitales más fuertes, en cuanto que la carga fiscal de España está  7 puntos por debajo de la media de los 15 de la UE, (siendo, además, la correlación parlamentaria europea de centro derecha, añado yo). Más interesantes, quizás, los reproches sobre corrupción, cuando representantes de formaciones convictas recriminan con énfasis la hipotética corrupción de los otros (hipotética en cuanto aún no hay sentencias condenatorias; ya veremos). Sería interesante poder penetrar en la mente de tales oradores: ¿Qué consideración tendrán de sus intervenciones? ¿Qué pensarán unos de otros? ¿Estarán seguros de que esos métodos son los mejores para una democracia, o esta es una palabra vacía que hay que vaciar aún más?  

¿Y por qué reclamar que nos asomemos asiduamente, de la forma que nos sea posible, a ese parlamento nacional? Pues porque en las barras de los bares, verdaderas tribunas políticas, se vierten opiniones totalmente desinformadas, pero expresadas con tal insistencia, seguridad y convicción, que la realidad del parlamento, que tan ilustrativa es, no existe para la opinión pública.  

Después de que has visto una de esas sesiones, lamentas que millones de españoles no hayan hecho lo mismo, y que encima, vayan a votar  desconociendo tan importante realidad.   

 

Mendez Viñolas