Dejándose llevar erróneamente por los auspicios favorables de los augures electorales, la Primera Ministra británica, Theresa May, tiró por la borda tres años de mayoría absoluta al adelantar innecesariamente las elecciones generales y conseguir el rechazo parcial del pueblo británico, que le ha hecho perder al Partido Conservador (PC) su mayoría parlamentaria. Ha dilapidado durante la campaña electoral la mayor parte de los 21 puntos de ventaja que los sondeos le adjudicaban sobre el Partido Laborista (PL), que se ha quedado a tan sólo dos puntos -40% frente al 42%-, y ha provocado la resurrección del “zombi2 de su líder, Jeremy Corbyn, denostado dentro y fuera de su partido. De haber durando la campaña electoral un poco más, se podrían haber producido sorpresas aún mayores.

Las elecciones generales han confirmado el bipartidismo en el Reino Unido -82% de los votos entre el PC y el PL-. Theresa May no aprendió nada de los errores cometidos por su predecesor David Cameron –víctima de su absurda decisión de convocar un referéndum innecesario- y se lanzó a la aventura, pasando por alto de que las urnas las carga el diablo y que un injustificado avance de las elecciones provoca sospechas y desconfianza en el electorado. Las consecuencias han sido que el adelanto electoral se ha vuelto como un “boomerang” contra la confiada Premier y la han dejado huérfana de mayoría absoluta.

Aunque ha sido la fuerza más votada (318) votos, el PC ha perdido 12 escaños –y, con ello, la mayoría de que disfrutaba en los Comunes-, mientras el PL ha ganado 33 (262 diputados) el Partido Liberal Democrático (PDL) 3 (12 escaños), aunque ha perdido en la batalla a su anterior Presidente, el europeista Nick Clegg. Entre los perdedores cabe citar a los Verdes (1 diputado) y al Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) –que han quedado por debajo del 2% de los votos- y al Partido Nacionalista Escocés (SNP), que ha perdido 19 escaños, debido en cierta medida a la labor de la líder conservadora regional, Ruth Davidson -que ha ganado 13 diputados- y a la disminución del fervor segregacionista. De los 17 escaños de Irlanda del Norte, 10 han ido a parar al Partido Unionista Democrático (UDP), 7 al Sinn Fein y 1 a una independiente. Los 10 votos del UDP han sido esenciales para que May siga de Primera Ministra. Aunque May había prometido no seguir en su puesto si no lograba una sólida mayoría absoluta, no le ha faltado tiempo para negociar el respaldo unionista y acudir con celeridad al Palacio de Buckingham para conseguir la venia de Isabel II. No obstante, May ha salido del trance malparada y debilitada

Reacciones ante el resultado de las elecciones

La reacción unánime de los medios de comunicación –tanto de derechas como de izquierdas o de centro- ha sido unánime al calificarlas de un fiasco de May. Basta con repasar los titulares de la prensa británica: “El gran juego de May ha fracasado” (“The Times”); “El tiro de las elecciones anticipadas le ha salido por la culata” (“Financial Times”); “Gran Bretaña en el filo de la navaja” (“Daily Mail”); “Shock para Theresa May ante un Parlamento dividido (“Daily Telegraph”); “Colgados de un hilo” (“Daily Mirror”); “Shock para Theresa May” (“The Guardian”); “Caos” (“The Sun”); “La apuesta electoral de Theresa May le ha explotado” (“Independent”)…

Un editorial del “The Guardian” ha sido sumamente crítico con la Premier Ha señalado que se trata de una humillación casi sin precedentes –habría que remontarse hasta 1983 a la auto-derrota de Edward Heath- que Theresa May -y sólo ella- se ha auto-infligido y que dañará su reputación a justo título. Ha sido un voto contra las medidas de austeridad y contra un Brexit duro. May no apreció el deseo de cambio de buena parte del pueblo británico y a su campaña electoral le ha faltado inteligencia emocional. Pretendía que las elecciones legitimaran su posición sobre el “Brexit”, consistente en que no había problema en las relaciones del Reino Unido con la UE que no pudiera ser resuelto con intransigencia y una actitud “bloody difficult”. Ignoró los derechos y aspiraciones de la mitad de los ciudadanos británicos partidarios de seguir en la Unión, que fueron acusados de “saboteadores” y de “traidores” por los medios afines. Para May no ha pasado nada puesto que el PC sigue siendo el partido más votado y pretende seguir con “business as usual”, sin hacer auto-crítica alguna. No parece que vaya a hacer ningún cambio en su política y pretende seguir el calendario previsto para la negociación con la UE. Tendría que reflexionar sobre lo ocurrido y adoptar una actitud menos rígida y más flexible. De no ser así, debería dejar de ser Primera Ministra.

Dentro del PC, el ex-Canciller Georges Osborne ha afirmado que el Brexit duro ha sido tirado a la basura y ha vaticinado la pronta caída de May. Ruth Davidson –que ha cuestionado la alianza con el DUP por su posición extremadamente conservadora en cuestiones sociales- ha sugerido que convendría optar por un Brexit blando, dar prioridad a la economía sobre la política y mantener a Gran Bretaña en el Mercado Único. Aunque las críticas se han mantenido “sotto voce”, reina gran malestar en el partido por la ocurrencia de May de adelantar las elecciones, su desastrosa campaña electoral y la pérdida de la mayoría absoluta en los Comunes. Dos tercios de los miembros del partido parecen estar a favor de la dimisión de May para dejar paso a otro dirigente menos “quemado”, y 300.000 militantes han firmado una petición en contra del acuerdo con el DUP.

Corbyn ha afirmado, con razón, que May convocó unas elecciones anticipadas porque quería recibir un mandato claro del pueblo y el mandato que ha recibido ha sido el de la pérdida de escaños, de apoyo y de confianza, por lo que debería dimitir. El líder del PLD, Tim Farron, ha señalado que May ha puesto los intereses de su partido por delante de los de la nación y lo que ha cosechado ha sido debilidad e incertidumbre. Para sobrevivir políticamente, May se ha visto obligada a formar su propia “coalición del caos”, como había previsto en caso de que hubiera ganado el PL.

Causas del fracaso de May

May lanzó un órdago a la grande y lo ha perdido de forma estrepitosa, pues no sólo no ha logrado consolidar la mayoría absoluta que ostentaba el PC, sino que ha dilapidado la que tenía y depende ahora del apoyo de los unionistas norirlandeses. Como ha observado Ignacio Molina, convocó las elecciones para lograr una mayoría sólida que la reforzase en el seno de su partido, ante la nación y frente a la UE, y ha fracasado en el logro de estos tres objetivos. ¿Cuáles han sido las causas de este fiasco en contra de las previsiones iniciales de las encuestas?. Han sido muchas y variadas. Felipe Sahagún las ha sintetizado en las siguientes: hartazgo de las medidas de austeridad, inseguridad creciente, ignorancia de los problemas reales de Gran Bretaña, falta de un horizonte claro tras la separación de la UE, obcecación con el Brexit, mediocridad de May como candidata por falta de experiencia, excesiva personalización de la campaña, contradicciones y bandazos en cuestiones fundamentales, y minusvaloración del PL y menosprecio por su líder Corbyn, que le ha mojado la oreja en la campaña electoral. Según Mary Ann Sieghart, May ha realizado una campaña desastrosa: “robótica” por el reiterado machaconeo de sus mantras sobre la “fortaleza y estabilidad” que sólo ella representaba –se le ha calificado de “Maybot”-, inflexible, lejana, formularia y carente de inspiración, entusiasmo, “charm” y humor, lo que ha repelido a muchos votantes. Ha sido, en definitiva, “la Hillary Clinton de las elecciones británicas”. La Premier adoptó una calculada distancia con los votantes –como demostró con sus ausencia en el debate en la BBC-, que acabó pasándole factura. Su idea-fuerza del Brexit pasó a segundo plano tras el fiasco del Manifiesto Conservador -con el plan para reformar la asistencia social y el “impuesto de la demencia” sobre los pensionistas- y la inseguridad provocado por los atentados yihadistas.

Corbyn, en cambio, ha dado muestras de la empatía de la que May carecía y ha sido capaz de lanzar un mensaje de ilusión con propuestas atractivas, por utópicas que algunas de ellas puedan ser –renacionalización de la energía y de los ferrocarriles, gratuidad de las matrículas universitarias, subida de impuestos a los más favorecidos…- que han atraído a su bando a un buen número de los desilusionados jóvenes. Ha realizado una campaña positiva bajo el lema “Para muchos y no para unos pocos, aunque la consigna más popular ha sido fruto de un retruécano -“pun-” típico del humor inglés:”Make June the end of May”-“Haced de Junio el final de Mayo/de May”-. Logró ganar la “batalla de las ideas”, frente a la personalización de la campaña presidencialista de May. Centró su atención en los problemas sociales y económicos que interesaban a la población, en vez d en elucubraciones ideológicas sobre el Brexit o sobre la identidad del pueblo británico. Se ha producido una reacción de las bases frente al aparato parlamentario del partido -impulsada por el grupo “Momentum”-, que ha redorado la alicaida imagen de un Corbyn que había sido censurado por el 70% de los parlamentarios laboristas. Todo ello ha permitido el renacimiento del PL, que ha conseguido sus mejores resultados electorales de los últimos años y quedado a tan sólo dos puntos del gubernamental PC.

Problemas de inseguridad

Las elecciones se han visto mediatizadas por los atentados terroristas de Manchester y de Londres, que han puesto de manifiesto las insuficiencias de las Fuerzas de Seguridad y de los Servicios de Información para luchar contra el terrorismo yihadista. Estos acontecimientos han ido en detrimento del prestigio de May, que, no en vano, fue Ministra de Interior durante seis años y en cuyo mandato se redujo en 20.000 unidades el número de policías-. Algunos de los principales problemas a los que se enfrenta Gran Bretaña en la actualidad –seguridad y lucha contra el terrorismo, inmigración, falta de integración de los extranjeros y crecimiento del racismo y de la xenofobia- caían precisamente bajo la férula del Ministerio del Interior, que no tomó las medidas adecuadas para solucionar o, al menos, paliar estos problemas. De ahí que May perdiera credibilidad ante la opinión pública y se resintiera su auto-promocionada imagen de “fortaleza y estabilidad”. Como ha observador Voctor de la Serna, con varios atentados islamistas a sus espaldas y con la conciencia de que bajo David Cameron y Theresa May la seguridad interna del país se había deteriorado, los ciudadanos británicos han castigado, no sólo al PC que abrió la espita del Brexit, sino también a los nacionalistas escoceses que habían intentado arrimar el ascua a su sardina afirmado que, con su independencia, ellos podrían seguir en la UE.

Tras los últimos acontecimientos, May se ha rasgado las vestiduras policiales y ha afirmado –quizás un poco tarde- que “hay demasiada tolerancia con el extremismo en este país” -¿quiénes son los culpables de ello?- y que “las cosas tienen que cambiar”, mediante el fortalecimiento de la dotación y de las competencias de las fuerzas de seguridad, la revisión de las leyes antiterroristas, el control de las redes cibernéticas que propagan el yihadismo y el reforzamiento del sistema de vigilancia de sospechosos Ha sacado su patita populista-demagógica al señalar que ello se llevaría a cabo aunque fuera en detrimento de los derechos humanos, algo a lo que el Reino Unido ya está acostumbrado por la actuación en el pasado de sus fuerzas de seguridad en Irlanda del Norte, que provocó algunas condena s del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, a las que el Gobierno británico no hizo excesivo caso. Desde los atentados del 11-S, Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países declararon la guerra al terrorismo yihadista, orillando algunas normas sobre derechos humanos, y no han tenido excesivo éxito. Pese a ello. Resulta paradójico que May pidiera en la última reunión del G-7 una mayor cooperación entre los países occidentales para la prevención y lucha contra el terrorismo, cuando ha decidido abandonar la UE y amenazado veladamente a sus miembros de rebajar la cooperación en materia de seguridad si el Reino Unido no lograba un buen acuerdo económico. La cooperación es imprescindible entre todos los Estados, pero especialmente de aquellos de carácter insular. Gran Bretaña es, por otra parte, el Estado que hasta ahora más recurre a los servicios de cooperación policial y judicial de la UE.

Incidencia sobre las negociaciones del Brexit

No conviene alegrarse de las desdichas ajenas, aunque May se haya ganado a pulso su fracaso electoral. Hay cosas muy importantes en la estacada como el futuro de la UE o el bienestar de sus ciudadanos. May ha recurrido a la táctica maniquea de crear artificialmente un enemigo exterior, demonizado y convertido en el culpable de todos los males del Reino Unido: la odiada burocracia de la Unión. Mostrando su visceral animadversión contra la UE, May cargó las tintas en su contra durante la campaña acusándola de interferir en las elecciones. Así, afirmó que “varios políticos y funcionarios europeos han formulado amenazas contra el Reino Unidos en los últimos días” y que había gente en Bruselas que no quería que las negociaciones avanzaran ni que el Reino Unido prosperara. Dirigiéndose a sus compatriotas les dijo:”Si no conseguimos una buena negociación, vuestra seguridad y vuestra prosperidad estarán en peligro;…si dejamos que los burócratas de Bruselas nos atropellen, perderemos la ocasión de construir una sociedad más justa y con oportunidades para todos”. Corbyn la ha acusado de “buscar la confrontación pública con Bruselas, envolviendo al Partido Conservador en la ‘Union Jack’ para distraer la atención sobre los fallos económicos y la crisis de los servicios públicos”, y la Presidenta de Escocia, Nicola Sturgeon, de crear “una atmósfera envenenada” en la antesala de la negociación.

May adelantó las elecciones, entre otras razones, para obtener un mandato claro para negociar el Brexit con la UE, pero no lo ha obtenido. Antes al contrario, los británicos –en opinión de Rafael Moyano- le han propinado un varapalo a la persona encargada de ejecutar los deseos expresados en el referéndum sobre el Brexit, quizás con la esperanza de que se suavicen sus consecuencias. Habrá que reconsiderar el enfoque de las negociaciones sin ignorar los resultados del referéndum, pues cabe interpretar que la mayoría del electorado no está a favor de un Brexit duro. Así, el propio Ministro para la salida de la UE, David Davis, ha reconocido que el voto de los británicos puede forzar a revisar la opción de salida del Mercado Único y de la Unión Aduanera. Ruth Davidson ha señalado la conveniencia de dar un volantazo en las negociaciones y volver a poner la integración en el Mercado Único sobre la mesa y hasta el fundador del UKIP e inicial promotor del Brexit, Nigel Farage, ha admitido la posibilidad de que Gran Bretaña ofrezca a la UE seguir en el Mercado Interior.

Inasequible al desaliento, May ha seguido impertérrita con su cruzada contra la UE. Sus primeras palabras tras su controvertida victoria fueron que “juntos –con el DUP- cumpliremos las promesas del Brexit”. Expresó su intención de seguir el calendario de negociación previsto y centrar sus energías en lograr un buen resultado en las mismas, a cuyos efectos confirmó en sus cargos a la tripleta central pro-Brexit. No han cambiado las caras ni las pretensiones del Reino Unido, pero han surgido muchas dudas sobre la estabilidad del nuevo Gobierno y la fuerza de su mandato. Es de prever que una May en entredicho y presionada incluso desde dentro del PC adopte una postura dura en la negociación para acallar las críticas de sus detractores. Ha reiterado su opinión de que es mejor una falta de acuerdo que un mal acuerdo. En la confusa coyuntura actual, no es fácil deducir si la situación facilitará un Brexit duro o blando. En cualquier caso, la Unión deberá mantener su unidad y firmeza, y presionar para que se inicien cuanto antes las negociaciones para lograr un acuerdo mutuamente satisfactorio.

Habrá que ver si efectivamente se respeta el calendario pues el 19 de Junio –fecha prevista para el comienzo de la negociación- se inaugurará en Londres la nueva legislatura parlamentaria con el tradicional discurso de la Reina. El principal negociador de la UE, Michel Barnier, ya ha dicho que “las negociaciones deberán iniciarse cuando Gran Bretaña esté lista”, que “los plazos y la situación de la UE son claros”, “que es difícil negociar cuando la contraparte no tiene claros sus objetivos” y que “es una ilusión pensar que la negociación se puede hacer rápido y sin dolor”. El Comisario de Economía, Pierre Moscovici, ha observado que las cosas se han complicado en el Reino Unido y la Unión deberá esperar hasta que se aclaren. El Presidente de la República Checa, Bohuslav Sobotka ha señalado que, trascurrido un año desde que adoptó su decisión sobre el Brexit, Gran Bretaña no está aún lista para negociar su marcha. El Presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha reconocido que no sabemos cuándo comenzarán las negociaciones, pero sí cuándo deberán terminar, y que habrá que esforzarse para evitar que acaben sin un acuerdo. La Canciller alemana, Angela Merkel, ha instado a May a iniciar las negociaciones conforme a lo previsto y asegurado que la UE está preparada para defender su postura y que quiere negociar lo más rápidamente posible. Su Asesor económico, Michael Fuchs, ha añadido que la nueva situación política en el Reino Unido ofrece “una oportunidad para unas negociaciones de Brexit más razonables”. El Presidente de la Comisión Europea , Jean-Claude Juncker, no se muestra, sin embargo, optimista tras se enfrentamiento dialéctico con May –de la que dijo con ironía que vivía en otra galaxia- y ha fijado en un 50% la posibilidad de no lograr un acuerdo.

Theresa May aspiraba a ser una nueva Margaret Thtcher y a aplastar a Jeremy Corbyn, como ésta hizo en 1983 con Michel Foot, dejando al PL con sólo 27% de los votos. Pero, mal que le pese, May no es Thatcher y lo que ha logrado ha sido hacer del “enanito” Corbyn un gigante. Como la Reina de “Blancanieves”, May ha preguntado a su espejo mágico si había alguna Premier tan brillante como Thatcher, pero el espejo no le ha dado la respuesta que esperaba. Decididamente, May no es –por desgracia para los británicos- una Margaret Thatcher-bis.

Madrid, 11 de Junio de 2017

 

elecciones británicas por José Antonio de Yturriaga

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