Los policías liberados sindicales, ¿son corruptos?

Analizar la historia siempre es aprender un poco. La historia nos permite comprobar si hemos hechos las cosas, y sobre todo si las hemos hecho bien. En este nuevo número de la Guadaña, José Manuel Sánchez Fornet, analiza y o se centra en los liberados sindicales de la policía, en el que dice: Mal sindicalista, mal policía. Lo hace con datos retrospectivos y nos aporta una foto del pasado, y además deja patente el futuro próximo. Como decían los clásicos: «Una cosa es predicar y otra dar trigo». Veremos dentro de poco el fruto que nos da el campo, el que dio ya esta encima de la mesa, y hay pocos comensales que se sienten a la degustación.

 

Tras las primeras elecciones al Consejo de Policía, en 1987, se reguló que los vocales de dicho órgano estarían liberados, y además, por cada uno de ellos dispondrían de 12 liberados y paquetes de 40 horas al mes para otros responsables del sindicato por el que se presentó el vocal electo. Años después, a ello se sumó pedir días, máximo de cuatro, para cursos de formación, que unos se hacían y otros no, estando los exentos de servicio  en su casa (mal sindicalista, mal policía) o en las sedes sindicales (buen sindicalista, buen policía). Antes, en 1985, algunos sindicatos habían suscrito el AMOASP (Acuerdo Marco de Ordenación de la Actividad Sindical en la Policía), que concedía liberados a cada sindicato firmante para negociar la futura ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Antes de la legalización ya había “run run” de los meaperros, los pelotas del mando satisfechos con el régimen militar, los que trabajaban de lunes a sábado de mañana y cobraban el plus de “plena dedicación”, mientras quienes trabajaban 24 horas x 24 libres no lo cobraban. Ese cambio de Policía militar a civil nunca fue bien visto por una parte del colectivo, seleccionado y formado como fuerza de choque de una dictadura, cuerpo militar  y por lo tanto mayoritariamente conservador. Legalizados los sindicatos por el esfuerzo de policías demócratas que querían derechos y respetar los de la ciudadanía, nacieron AMPU (después, ANPU, ANP y tras fusionarse con el SPPU, actual CEP), el citado SPPU, el SNP, que transmutó en UFP (donde se integró una escisión del SUP que pasados unos años regresó). Éramos  demócratas, defendíamos una policía que respetara los derechos humanos y eso para los policías más franquistas era de “rojos”, de socialistas, aunque muchos responsables y afiliados eran conservadores y solo querían ser dignos policías trabajando para la ciudadanía.

En la Policía Nacional de la democracia se fueron creando especialidades:Inspecciones de Guardia (hoy Oficinas de Denuncias), GEO, TEDAX, Subsuelo, Caballería, UDYCO, UDEV, UIPs, UCRIF, GAC, UPR… y con la llegada de los sindicatos se creó de hecho una nueva especialidad, rotativa, la de policías que elegían sus propios compañero/as para que dedicaran su tiempo laboral a empaparse de la normativa interna, a negociar con las autoridades políticas las nuevas normas, a plantear a los mandos mejoras o cambios, a informar a los afiliados… a lo que debe ser un responsable sindical elegido para que defienda los intereses laborales, económicos y profesionales del colectivo. Una dignísima labor. Quienes criminalizan a todos los liberados sindicales consideran poco importante su trabajo como policías y aceptan tener derechos precarios o no tenerlos. Son como los meaperros del pasado.  ¿Es una cuestión ideológica, de modelo de Policía sin sindicatos?

Con el paso del tiempo los liberados fueron teniendo cada día peor consideración de aquellos a los que representaban y cuyos derechos debían defender y proteger.

Que ha habido liberados sindicales, a tiempo total, parcial, o para cursos que han cometido prácticas corruptas o moralmente reprochables no es discutible. Los ha habido en cantidad suficiente para que puedan haber sido utilizados como arma arrojadiza en la “guerra civil” desatada en el colectivo. Se han solicitado exenciones para cursos que no se celebraban, dando un permiso extra al delegado sindical; se ha usado el paquete de 40 horas para pedir permiso sábado o domingo, noche o en un “puente” festivo, y ha habido liberados que aprovechaban esa situación para ir a trabajar tres horas a la sede, solo por la mañana, y cuando tenía que recoger las aceitunas de su huerto también se iba los días necesarios. Ascender, pedir destino a Ceuta y seguir liberado en Sevilla cobrando mucho más y pagando muchos menos impuestos. Dirigentes que se han “vendido” por sus hijos, por ascensos propios o de familiares. Estas cosas han existido y los sindicatos no han sabido combatirlas cuando se producían.

Líderes sindicales que tras años de liberación han salido a una embajada (y hasta a cuatro seguidas), como el máximo responsable de UFP hasta hace unos años, V. R.; presidentes nacionales del SPP que acababan el mandato yendo a embajadas (I. O., F. G…), y algunos con medalla roja. Secretario general de CEP que dejando la secretaría general ha ido a embajada, ha recibido roja y ha ascendido; algunos “número 2” de CEP que también han ido a embajadas. La actual secretaria general del SUP que estando liberada (lleva más de 20 años) ascendió en dos ocasiones; un vocal del Consejo del SUP elegido en 2015, a una embajada a los pocos meses de su elección; casos concretos que hay que poner en el contexto del número de liberados y compararlo con aquellos que trabajan en unidades y brigadas de uniforme o de investigación, porque si se generalizara a todos los policías los actos reprobables o de dudosa legalidad de algunos, que se toleran por el rancio corporativismo que impregna este Cuerpo desde que Franco era Cabo, se acusaría de malas prácticas a todos los policías.

He recibido llamadas, recomendaciones, presiones, casi amenazas, para que firmara un documento defendiendo la presunción de inocencia de seis policías (uno falleció desgraciadamente en prisión), acusados de asesinar a golpes a un enfermo y/o toxicómano. Cualquier buen profesional repudiaría esas prácticas impropias de una democracia, y estaría a las investigaciones que se llevan a cabo por la propia Policía, no presionando ni despreciando los derechos de la ciudadanía en un asunto tan grave como una muerte por presunta paliza de seis policías. Considerar mal compañero a quienes defendemos lo que es obligación estatutaria: proteger los derechos humanos, civiles, políticos… de la ciudadanía es una práctica corrupta e ilegal en la que se incurre más a menudo de lo que sería aceptable.

Hay muchos liberados que no han ascendido, ni ido a embajadas (o han ido con justicia), ni han tenido medallas rojas. Como José López, fundador y primer secretario general del SUP (nada que ver aquél sindicato con el de hoy), que dejó el cargo con numerosos expedientes, o como en mi caso, con expedientes, denuncias y querellas pendientes que la nueva dirección del sindicato, por no aceptar su mordaza ni dejarme comprar, dejó de respaldar y se inhibió. Un ejemplo de comportamiento sindical ruin y miserable imputable a quien lo comete y a quienes lo permiten, no a todos los liberados. Como quien abusa del uniforme o usa violencia contra identificados o detenidos es responsable él, no todos los policías. O como la política de identificaciones masivas e ilegales, con cacheos, que no se produce en ningún país democrático de Europa porque vulnera derechos civiles de la ciudadanía que aquí se desprecian. Responsables: políticos y mandos.

Un liberado decente es un policía decente, y un liberado corrupto un policía corrupto. Ambos existen hoy en la Policía, y la criminalización del liberado forma parte de la demagogia, la mentira y la ignorancia en este colectivo sobre lo que es la democracia y los derechos de la ciudadanía que debe proteger y no vulnerar nunca.

A ver si ahora los dirigentes de Jupol están ocho horas trabajando y las ocho para su familia o de sueño las dedican, por ejemplo, a leer cientos de expedientes disciplinarios y preparar su defensa, entre otras muchas normas que tendrán que informar, quitando el tiempo a sus parejas e hijos. Cuanto antes reconozcan su error, se liberen y se pongan a trabajar en el sindicato, mejor para todos. Hay que hacer más y decir menos. Fdo La Guadaña , en Sevilla.

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