Nunca se ha mentido tanto en una campaña electoral como en ésta, y eso que la mentira es de siempre una forma habitual de hacer política, en la que caben desde las promesas imposibles de cumplir hasta la calumnia pura y simple de quien no coincide ideológicamente contigo.

 

En esta ocasión, a las tretas habituales de estos procesos se ha añadido el uso masivo de las redes sociales, donde se puede hacer circular cualquier patraña como si fuese una verdad revelada, sin que nadie se tome la molestia de comprobarlo: basta con que el bulo se acomode a tus prejuicios ideológicos para que se convierta en un axioma matemático.

Ya, pues, “nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira”, como rezaban las famosas Doloras de Campoamor (y eso que cuando lo escribió el hombre aún faltaba siglo y medio para la aparición del WhatsApp y otros artilugios).

Por eso, me temo que el imaginario social de los votantes actuales esté conformado por prejuicios, ideas espurias, citas manipuladas, hechos falsos y simples mentiras. ¡Y luego nos extrañamos de que, por ejemplo, el cómico Volodimir Zelenski haya arrasado en las elecciones presidenciales ucranianas, sin tener la más mínima idea de política!

Pues esto es lo que hay. Y nuestros dirigentes actuales no es que contribuyan, precisamente, a la formación y el mejor conocimiento de la realidad social y política por parte de los ciudadanos. Ellos mismos son los adalides de la ceremonia de la confusión, ya lo hagan ocultos tras los hackers en las redes sociales o a cara descubierta en los mítines o debates públicos. Por ejemplo, en las últimas confrontaciones televisivas los cuatro intervinientes usaron datos, textos, gráficos y estadísticas falsas como si tal cosa. Y es que ya tenía razón en su época Mark Twain (otro que murió hace más de un siglo): “Hay tres clases de mentiras —dijo—:la mentira, la maldita mentira y las estadísticas”.

El corolario de estas elecciones del “fake” es la imprevisibilidad de los votantes el día del sufragio y el creciente desvío de los sondeos previos respecto a los resultados finales del escrutinio. Y es que si todos engañan, manipulan y mienten, también lo hacen unos encuestados que no saben muy bien por dónde sopla el viento pero que tampoco quieren contárselo a los investigadores sociales. Y así pasa lo que pasa.

Arriba, abajo, rey, mandaremos, carajo.

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