Inviolabilidades constitucionales: una y las de mentira.

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Por Domingo Sanz 13 Junio 2022 124 Votos Correo electrónico Imprimir
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Cisneros, Fraga, Herrero, Peces-Barba, Pérez-Llorca, Roca y Solé Tura.

Quizás recuerde usted a las dueñas de esos apellidos. Eran siete personas en versión hombre, por supuesto. Sería casualidad, pero no hubo mujeres para una componenda rodeada de amenazas impublicables y, por tanto, cargada de mentiras y de trampas como lo fue ese texto del 78 del que, cuatro décadas después, siguen presumiendo los monárquicos en el poder*, tal como los franquistas presumían de sus Principios Generales del Movimiento.

Exacto, son los siete “padres de la Constitución”, vigente casi tal como la redactaron para ser votada en un referéndum modelo “lentejas…”.  

Pero volvamos a los nombres e imagine que usted, que está leyendo, fue uno de aquellos hombres, que está reunido con los otros seis inventando derechos y deberes y que, de repente, uno dice: “me han llamado desde presidencia para que le pongamos protección máxima al rey. ¿Qué os parece inviolabilidad en el Título II, el de la Corona?”

Es de suponer que el mensajero no dijo que a Suárez se lo había ordenado el mismo rey que se beneficiaría de ese derecho en exclusiva, pues, en tal caso, se hubiera corrido el riesgo de que alguno se levantara de la mesa para decir “hasta aquí hemos llegado”. O quizás lo supieron, pero todos fueron muy machos...

Así debió suceder, o parecido. No es creíble que la inviolabilidad del rey fuera la ocurrencia de alguno de los siete pues, por contextualizar sólo un poco, el partido de Solé Tura venía de sufrir fuertes tensiones internas al aceptar la bandera y la monarquía tras ser legalizado, algo que, en realidad, a España no le quedaba otro remedio si quería aspirar a Europa. En resumen, que no estaban los del PCE para nuevos abusos que no fueran bajo amenaza.

Tal parece, por tanto, que, en lugar de oponerse en redondo a la inviolabilidad del rey, lo que los “padres” hicieron fue elegir confusión, colocando más inviolabilidades, quizás para que la del rey no ofendiera tanto, especialmente porque incumple de raíz el artículo 14 de la misma Constitución, ese que dice que “Todos los españoles son iguales ante la ley…”.

Un paréntesis para la lógica aplastante. Aceptar la inviolabilidad del rey y colocar esa misma palabra, aunque de mentira, en otros artículos, contribuyó a envenenar el futuro. De hecho, España ha terminado siendo ejemplo de corrupción política, desde la Corona hasta montones de concejalías, de la que no se han librado ni las implicadas en el tráfico de mascarillas. Es lo mismo que les ocurre a los edificios que albergan domicilios también “inviolables”, pero que se terminan derrumbando cuando para su construcción se utilizaron materiales de una calidad muy distinta a la pactada en los presupuestos.

¿Se imagina usted que en las décadas de los 80 o los 90 alguna portada hubiera denunciado los delitos del emérito? A continuación, miles de políticos se lo habrían pensado mucho antes de meter la mano de robar en las cajas que tenían más cercanas. Lo de la inviolabilidad del rey tenía agarrotados incluso a los periodistas, aunque conocían casi todo lo que estaba pasando. Que se lo pregunten a un tal Mikimoto, cuando se le ocurrió hacer risa con la infanta Elena, hija del amante de una tal Corinna.

Todo esto viene a cuento de una comida en la que cuatro amigos estábamos disfrutando del Mediterráneo, pero yo, equivocado, sostenía que la única inviolabilidad que aparecía en la Constitución era la del rey. Acto seguido, quien sí lo sabía certificó mi error con un mensaje que reproducía lo siguiente:

“Artículo 10. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamentos del orden político y de la paz social”.

Artículo 18.2. El domicilio es inviolable.

Artículo 66.3. Las Cortes Generales son inviolables.

Artículo 71.1. Los Diputados y Senadores gozarán de inviolabilidad por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones.”

En cambio, la inviolabilidad de la que todo el mundo habla, dice que “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Es el artículo 56.3

Una detrás de otra, valoremos las inviolabilidades constitucionales.

En el artículo 10 podemos quitar la palabra “inviolables” y el resultado es el mismo, pues por lo mismo que se dice que “la libertad de cada uno comienza donde terminan las libertades de los demás”, o viceversa, podemos decir que los derechos inviolables inherentes a cada persona terminan donde comienzan los derechos inviolables de los demás. Salvo que como “inherente” sólo pensaran en el derecho a la vida. ¿O hablamos de la Ley Mordaza?

El domicilio es inviolable” pero hace poco leí que Marlaska ha hecho bueno al Corcuera de la patada en la puerta. Por lo demás, los desahucios que siguen provocando suicidios delante de pisos vacíos del “banco malo”, los matones que ciertos propietarios envían a inquilinos al corriente de pago para “convencerlos” de que se vayan y dedicar sus pisos al alquiler vacacional, o lo lentos que van los procedimientos contra las mafias okupantes, por poner tres ejemplos, convierten el 18.2 en papel mojado.

Las Cortes Generales son inviolables” es una afirmación que también resulta difícil de comprender. Por una parte, se podría referir a la protección de las Cortes, en tanto que expresión de la voluntad popular, contra los partidos que la violan cuando ganan escaños mediante financiación ilegal, pero lo cierto es que jamás les han “expropiado” esos escaños, incluso cuando los delitos se han certificado con sentencias judiciales. En cambio, un escaño expropiado para lo que resta de esta misma legislatura es el de un canario condenado a un mes y medio de cárcel por darle una patada a un policía, ¡¡cinco años antes de las últimas elecciones generales!! Aunque también pudo ocurrir que colocaran la inviolabilidad de las Cortes por si se repetía otro 23F y el rey apareciendo de nuevo para salvar la monarquía (digo “la democracia” en qué estaría yo pensando) después de intrigar con golpistas a sus órdenes, como jefe supremo que lo es del Ejército, contra algún presidente del gobierno que, por ejemplo, quiera República.

Tampoco entiendo lo que significa la inviolabilidad de que gozan los Diputados y Senadores “por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones”. En este caso, me vienen a la cabeza los borrados del Diario de Sesiones del Congreso de insultos pronunciados por titulares de escaños. Ni que fueran palabras no admitidas por la RAE. Borrar lo pronunciado es violar a sus autores “por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones” diga lo diga el 71.1 de la Constitución.

En cambio, no merece la pena comentar la inviolabilidad fetén y diferente a todas las anteriores, pues la conocemos de sobra. Es la del artículo 56.3 de la Constitución. Quizás quien la ha definido con mayor claridad es ese juez inglés que ha tenido en sus manos la demanda de Corinna contra Juan Carlos I. Dijo que, si le reconocieran la inviolabilidad de que disfruta en España podría entrar a robar en cualquier joyería de Londres y salir tan tranquilo.

La inviolabilidad constitucional en España es palabrería de relleno, salvo si está escrita para que el rey disfrute de un blindaje similar al de aquel dictador a quien tampoco ningún juez se habría atrevido a juzgar. ¿Qué fue quien restauró esta monarquía aún inviolable décadas más tarde? Pura casualidad.

Esta Constitución sigue siendo un peligro de comisión impune de delitos y, por si falta un motivo para actualizarla, recordaré que, en las Cortes que la aprobaron, de 597 miembros solo 27 eran mujeres. Hay que reformarla ya, y en el menor tiempo posible, aunque solo sea para impedir que el inviolable Felipe VI se dedique a robar compulsivamente aprovechando una seguridad jurídica diseñada solo a su favor y de la que seguirá disfrutando mientras el 56.3 continúe vigente.

* Los “monárquicos en el poder”, tan “republicanos” ellos, no deben sentirse ofendidos, porque todo el que toca un escaño en España y no declara que lo hace para proclamar la República lo antes posible, es monárquico por definición, presuma de lo que presuma cuando se pone a contar mentiras. Mientras tanto, aún encuentro por la calle a gente que se sigue riendo desde el 9 de mayo, cuando la ex Carmen Calvo informó que el Gobierno de Sánchez se había dirigido a “la Casa Real” pidiendo permiso para arreglar el asunto de la inviolabilidad. No es necesario recordar la respuesta. Democracia basura es el único título posible para un país cuyo gobierno, elegido en las urnas, se arrastra como un gusano ante un jefe de Estado que lo es por vínculo hereditario.

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