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El Madrid del “si te llaman fascista…” al “seremos fascistas, pero…”.

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;Por Domingo Sanz 02 Mayo 2021 Sección; Opinión
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Pensando en Madrid ahora, son tantos los impactos que aciertan en la diana de rompernos los esquemas que es imposible componer dos ideas que aguanten el tiempo que tardamos en sentarnos al teclado.

Sin ir más lejos, anoche aún era sábado y este artículo debía hacer referencia desde su título a los seis miedos que, hasta el momento, tenía contabilizados como amenazas que rondan las cabezas del electorado madrileño.

Entonces fue cuando de repente, un ex diputado, catalán y antifascista, me recordó desde la tele que, antes de que el alcalde “fascista” de Madrid decidiera romper las redes sociales con su “seremos fascistas, pero sabemos gobernar”, que parecía insuperable, la propia Ayuso había declarado que “si te llaman fascista significa que estás en el lado correcto de la Historia”.

La, a partir de ahora, fascista entre comillas, se lo dijo a Ana Rosa hace mes y medio muy en serio, no como el alcalde “fascista” en el mitin, con cierta sorna para cuando le pregunten “señor alcalde, ¿es usted fascista?” poder contestar que solo era un mitin.

Y entonces, como buen periodista español, nadie le preguntará: “entonces, ¿dice usted mentiras en los mítines?”

Pero ahí queda, y piensan los dos “fascistas” que “algunos se reirán, pero también sirve, porque estarán pensando en nosotros, ya que todo el mundo piensa en aquel de quien se está riendo. Y a otros, los que aún llevan en su ADN los traumas que nos convienen, decidirán el día 4 que más les vale votarnos, y que se les note, que ya lo tuvieron que hacer sus abuelos, cuando levantaron el brazo al paso de las tropas “nacionales”, que gracias a eso no están ni entre los cien mil que aún se buscan por las cunetas, ni entre los que ya se han encontrado”.

De hecho, durante la tarde de ayer también compartí con varias personas, antifascistas por supuesto, una idea sobre otro de los miedos que la “fascista” ha decidido cultivar. Comenté que ella imaginaba Madrid como un mundo de cobardes, en el que la gente caminaba mirando a todas partes para no encontrase con sus ex porque, a fin de cuentas, todo el mundo sabe que ni Dios, ni el Demonio, ni siquiera la “fascista”, pueden evitar las coincidencias.

El caso es que me contestaron cinco o seis aportando de su cosecha opiniones en el mismo sentido, pero, pasados unos minutos, una de ellas me envió otro mensaje pidiéndome que no compartiera lo que me había confiado sobre la “fascista”, pues “los demonios están por todas partes”.

A esto yo le llamo miedo ancestral, pero actualizado.

A punto de comenzar la campaña, la “fascista” popularizó dos nuevos miedos. Primero “socialismo o libertad” y después “comunismo o libertad”, dos simplezas que confirman que piensa que los electores madrileños tienen un coeficiente mental aún inferior al suyo.

Nadie, salvo los traumatizados que reaccionan como robots a las señales del miedo convocado por “fascistas”, se puede creer que hay más libertad en el Madrid de la “fascista” que en cualquier lugar gobernado por socialistas, ni tampoco que el “comunismo” constituya un peligro que pueda llegar tras el recuento electoral de las elecciones en cualquier Comunidad Autónoma, como la de Madrid, por ejemplo, que, mal que le pese a la “fascista”, no es España.

No es fácil saber si la alternativa desde la izquierda, “fascismo o democracia”, podría incluso beneficiar también a la “fascista”.

El miedo a la independencia de Catalunya no ha sido protagonista en la campaña, pero la “fascista” traía cultivada una imagen de heroína salvadora de la unidad de España que vende bien entre su electorado de la capital.

En primer lugar, cuando declaró que había decidido apoyar a Sánchez en el primer Estado de Alarma para que los independentistas no pudieran seguir “remando a su favor”. Fue en mayo de 2020.

Después, con su presencia física en Barcelona durante las elecciones catalanas del 14F de este año, en las que, por cierto, el PP perdió un escaño, el 25% del poder parlamentario conseguido en 2017, y también cuatro escaños menos el españolismo en su conjunto, incluyendo a los Comuns.

Con esos resultados, lo más probable es que algunos catalanes de los que jamás votarían al PP decidieran en febrero no votar tampoco a ningún otro partido españolista, al ver que siempre aparecería en el mismo bloque que el de la “fascista”.

Por último, queda el miedo de la pandemia.

En este caso, la denuncia del desastre de Madrid ante la pandemia choca, en la cabeza de la “fascista”, contra ese paredón imaginario en el que está escrito que “los muertos no votan”, pero que también le dice que muchos de los madrileños que han sobrevivido se agarrarán al supuesto, imposible de demostrar, pero también de negar, de que si no hubiera gobernado la “fascista” quizás les hubiera tocado morir a ellos.

A fin de cuentas, los votantes actuales de la “fascista” en Madrid son herederos de los mismos que, en las urnas de septiembre de 2003, decidieron premiar a los beneficiados por la traición que Tamayo y Sáez habían perpetrado cuatro meses antes, cuando le negaron la investidura a la candidatura de la que habían formado parte.

Si, Isabel Díaz Ayuso, la “fascista”, tiene razón.

La libertad en Madrid es no volverte a encontrar nunca con tu ex, ni con tu muerto por el Covid, ni con la memoria que te podría recordar lo peor de tu propia historia.

   

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