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Ante tanta dependencia de partidos menores, los dos capacitados, el PP y el PSOE, se han puesto de acuerdo entre ellos para añorar aquella Transición llena de trampas y convertir a los minoritarios en testigos de un acuerdo entre ellos para cambiar una palabra de las 46 que contiene el 49 de la Constitución.

Qué lejos quedan hoy aquellos tiempos en los que PP y PSOE no bajaban nunca del 80% del poder congresual (llegaron a superar el 92% en 2008), en comparación con lo que comenzó en 2015, que hubo una convocatoria en la que solo consiguieron superar el 50% entre los dos gracias a una ley electoral ventajista que disminuye el valor de los votos de los otros partidos gracias a que les cobra un precio mucho mayor por cada escaño.

Y qué incapaces también los llamados a acabar con el bipartidismo desde aquel 20 de diciembre, pues la única reforma constitucional conseguida habrá sido la de cambiar un “dis” por otro “dis”, aunque dicho con todo el respeto hacia todas las personas incluidas en el artículo 49, que somos todas nosotras, y antes de terminar le contaré también el otro porqué.

Como nunca critico sin asumir riesgos, he decidido proponer un redactado alternativo y a quien le guste, que lo luche, anticipando que me mueve la conveniencia de esquivar las denominaciones que animan a comparar, un formato que soporta mal esos cambios de tendencia que convierten lo normal en ofensivo en menos de lo que canta un mirlo.

La redacción vigente del artículo 49 dice lo siguiente:

“Los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a los que prestarán la atención especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los derechos que este título otorga a todos los ciudadanos”.

Y ahora que los escaños congresuales están a tiempo de molestar a sus orgullosos titulares con calambres en sus culos para que se lo piensen antes de aprobar irrelevancias, propongo mi propio cuesco. Y si hay alguien que lo ha expulsado antes, acepto desde ya compartir la mitad de los derechos.

El mejor artículo 49 con 49 palabras que soy capaz de imaginar diría lo siguiente:

“Los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración hacia las personas que lo necesiten por sus condiciones físicas, sensoriales y psíquicas, prestando la atención especializada que requieran y amparándolas como corresponda para el disfrute de los derechos que este título otorga a todas las personas”.

He decidido presentar esta propuesta el último día del último año de los disminuidos porque siempre me he considerado igual de “disminuido” o “discapacitado” que cualquiera cada vez que he decidido compararme con los millones de personas que también viven en este planeta y de los que sé que la mayoría son capaces de hacer mejor que yo cualquier cosa de las que hago, desde respirar hasta soñar, porque casi todo lo demás tiene arreglo.

Y casi se me olvida el acuerdo establecido en el tercer párrafo, algo que usted sí ha cumplido al llegar leyendo hasta este punto.

Si está leyendo esto una persona española, quedará convencida de su condición de “disminuida” o “discapacitada” desde que acabó la guerra, aunque hayan cambiado las leyes que nos ordenan.

La respuesta está muy cerca y no en el viento, como las de aquellas preguntas que lanzó Bob Dylan en 1963. Nuestra condición inferior, la de usted y la mía, está escrita en la misma Constitución que tan pomposamente Sánchez y Feijóo se disponen a cambiar. La encontrará perfectamente redactada siete artículos después del 49.

Avancemos despacio, uno tras otro, para asegurar nuestros pasos: cincuenta, cincuenta y uno, cincuenta y dos, cincuenta y tres, cincuenta y cuatro (ya van cinco), cincuenta y cinco…, y cincuenta y seis.

Exacto, la primera docena de palabras del punto 3 del séptimo artículo después del 49 dicen lo siguiente:

“La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”.

AQUÍ supimos que la ex Carmen Calvo había intentado resolver la condición de “disminuidas” que nos diferencia a todas frente a esa sola “persona”, que es la que puede robar, violar o matar sin estar “sujeta a responsabilidad”, y que se negó a librarnos de tal disminución, o discapacidad para delinquir, aceptando ser igual.

Siete meses y medio después de lo de Carmen Calvo supimos que un grupo de profesionales jurídicos de Illes Balears había planteado al presidente Sánchez que le dijera a esa “persona no sujeta a responsabilidad” que renunciara a ese privilegio durante su discurso de Navidad. De eso nos enteramos AQUÍ.

Y doce meses después de la Navidad anterior hemos vuelto a saber que, ante su primer fracaso, los profesionales jurídicos de Illes Balears han vuelto a insistir ante Sánchez. Esta vez nos hemos enterado, por ejemplo, AQUÍ.

¿Qué les parece si aprovechamos el momento de buen rollo PPSOE para terminar con la disminución, o discapacidad, que afecta a 48.000.000 a las que también nos podría gustar cometer delitos sin miedo?

¿O acaso, señores Sánchez y Feijoo, les resulta más difícil arreglar lo de una sola que lo de tantos millones?

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