EL SOFOCO DE LA VERGÜENZA / JOAN LLOPIS TORRES

Información
Joan Llopis 19 Julio 2021 341 votos
social youtube xornalgalicia   feed-image

 

En un diario cogido para pasar el rato, entre páginas vacías propias del verano, sólo aliñadas con los desastres esparcidos que ya no alteran la rutina de nadie, excepto a los que han sufrido cualquier fatalidad (las víctimas del azar), cuando ahora los muertos son coloridos y en lugares lejanos de los que nunca hemos oído hablar o en casa del vecino, los lamentamos indiferentes sorbiendo una horchata de chufa.

Todo en la terraza de una cafetería con un mar de mesas vacías, o mejor, desocupadas (podemos recordar aquí las memorias de David Niven: "Traigan los caballos vacíos", como si ello fuera posible, y no sin jinete), donde se me han sentado al lado gente que me contamina con sus problemas para instalar una lavadora y los disimulados infortunios de la hija que yo creo que podemos resumir que es tonta y lo compensa enseñando, lo que a mi me parecen, unos hermosos pechos innecesarios y, cuando se sienta, estirando pudorosa la falda hacia abajo, que es lo incongruente, medio culo y medio higo. Las mujeres, digan lo que digan, nos acusen de lo que nos acusen en estas naderías, a pesar de su racionalismo, tienen estas contradicciones, sabiendo que los imbéciles somos nosotros, que el culpable de los sofocos y las vergüenzas humanas es el maldito sol, y no, a pesar del verano, de la espuma blanca de las olas del mar (en semejanza a la película "El extranjero" de Luchino Visconti, sobre la novela de Albert Camus, con Marcello Mastroianni)

Los melones y las sandías, en los tiempos que corren, se venden por mitades, no sé si por ver que están maduros o por la miseria, cortados por el refrescante hemisferio aun la falta de horizonte, incluso con el ahora perdido optimismo de los veranos, a pesar de la frescura del mediodía que mueve las cortinas.

Leemos que un ayuntamiento, también ilógico, inconexo con la realidad, ha comprado una colección de arte. Donde se puede entender, ya que sería la misma cosa, que una familia que está en la miseria o lo estará mañana, veraneando en el balcón entre las macetas de geranios, ha comprado un cuadro de buena firma para ponerlo en el comedor, para que haga bonito, aunque escasea el pan en muchas casas, estando las panaderías a rebosar. Quizás el ayuntamiento debería saber que no es otra cosa que la comunidad, y que una de cada cuatro familias las pasan magras (de las inconfesadas no se sabe nada), incluidos los niños. Y mientras tanto, entre fuegos que queman el alma y el paisaje, nosotros hablando de medias sandías y de medios higos. Siendo cierto que nadie es culpable de nada, pongamos a los jueces para poner a alguien. Si acaso, el culpable, digámoslo para acertar, es la falta de vergüenza. O decir que los miserables, en compensación de su infortunio pueden hacer unas largas siestas, y diga el juez que es por su desidia, por su falta de esfuerzo y de interés, por hacer la siesta detrás de aquellas cortinas que mueve la brisa del mar, la razón de ser desheredados.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

campana_de_propinas