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ESCRIBIR / JOAN LLOPIS TORRES

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;Joan Llopis 19 Febrero 2021

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Sobre un buen escrito, cuando esté terminado, ahora será el tiempo, el momento de escribir la novela. En seis días o en un instante inacabable. La literatura, el arte, todas las artes, y en imitación de ella, es la belleza que no crea la naturaleza.

El hombre en otra suplantación imposible hace de Dios, o lo que es lo mismo, hace de hombre creando a Dios, continuamente, como en cualquiera de las religiones, a nuestra imagen y semejanza. No nosotros a la suya. Por eso el hombre resulta un limitado y pequeño dios igual a un Dios todopoderoso, porque nosotros somos su creador. Dios es un hombre extraordinario de infinitas dimensiones. Es eterno, porque conocemos el tiempo. Es infinito, porque conocemos el espacio; y es todopoderoso, porque nosotros no lo somos. Este es nuestro pecado original, el haber creado a Dios. Y en este mismo afán nacen las artes, siempre una creación inacabada. El pecado más grande que hemos cometido, ha sido crear a Dios. Un pecado sin penitencia, sin castigo. Como la muerte es nuestra naturaleza, como los ríos y las montañas, como el mar, como una tormenta de la que no vemos el final. Maestro, poeta y escritor, terminada la novela, cansado, debes escribir de nuevo, ahora por primera vez, esta vez como un Dios poderoso, no como un hombre. Escribir es un oficio. Y como cualquier herrero, sólo se aprende picando el hierro para darle forma sin descanso. O como un espacio extendido se atraviesa sólo caminando.

Para dar un consejo deben cumplirse dos condiciones. Una es tener más de cien años, y la otra esperar que te lo pidan. Normalmente la gente da consejos en un ignorante atrevimiento, muchas veces inaceptables. Sólo una cosa lo permite, la familiaridad del entorno de cada uno o la amistad que nos queramos dar entre todos, digamos como si fuera una licencia poética que todo lo permite. No se entienda de otra manera, y no quisiera que fuera en ninguna parte una intromisión. Somos dioses creando dioses. Los dioses de la humildad. La pedagogía no quiere la soberbia del Dios del Antiguo Testamento.

Si existe la historia, encima de la historia, ahora toca escribir la novela. Su paisaje urbano, los ruidos, las emociones y el tráfico vital del barrio, la gente, no explicada sino sentida, convivir en el barrio, saber de la estación cercana... todo un mundo; y con la geografía, las emociones, las dudas, siempre un futuro incierto y ... dos docenas generosas de metáforas que sin explicarlo lo expliquen todo, como un dulce de la pastelería de la plaza o el ruido de un tren que sin ver el tren evoca la tristeza esperanzada de un emigrante. Ahora es cuando se debe escribir la novela. El nacer de la escondida belleza de la historia.

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