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El cara a cara entre la presidenta de la región de Andalucía, Susana Díaz; el exlíder del PSOE Pedro Sánchez; y el otrora jefe del gobierno autonómico del País Vasco Patxi López se produjo a escasos seis días de las elecciones internas (primarias) del domingo.
Durante la discusión, que se extendió unas dos horas, Díaz se autoproclamó como la mejor candidata para liderar la principal fuerza de la oposición en este país, porque, según su criterio, ella administra la comunidad de Andalucía, tradicional feudo de los socialistas.


Considerada por muchos como la preferida por el 'aparato' de la agrupación, la mandataria de la sureña comunidad autónoma acusó a Sánchez de dar 'bandazos' y de tener una visión distinta cada día de la semana.
'Lecciones de coherencia y credibilidad las justas', dijo el antiguo secretario general (2014-2016), tras recordar que precisamente por respetar ambos principios renunció a su acta de diputado para no verse en la obligación de facilitar la continuidad de Mariano Rajoy.
Recordó la frustración que causó en la militancia la abstención del PSOE para permitir la reelección del conservador Rajoy como presidente del Gobierno, a la cual él se opuso de manera frontal, forzándolo a dimitir como líder socialista el pasado 1 de octubre.
Mientras Díaz defendió una 'izquierda útil', lo cual es atribuido por analistas a su posición más hacia el centro, Sánchez se pronunció por alejar al PSOE de una postura 'subalterna' al derechista Partido Popular (PP) y transformarlo en una fuerza del siglo XXI.
'Un PSOE que apueste por la militancia y deje atrás a los notables', subrayó el aspirante a recuperar la secretaría general, en clara alusión al alineamiento de la dirigente andaluza con los expresidentes socialistas Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.
Además del sostén de esos dos referentes de la socialdemocracia española, la presidenta andaluza -a quien algunos señalan como instigadora de la rebelión interna que defenestró a Sánchez- tiene el aval de todos los mandatarios autonómicos del PSOE.
Sin embargo, Sánchez cuenta con el apoyo de una parte importante de los casi 188 mil afiliados socialistas que no vieron con buenos ojos el golpe de mano contra él por su negativa a dejar gobernar a Rajoy.
El tercer candidato en liza, Patxi López, reconoció el error de la abstención socialista, e intentó centrar el debate en sus propuestas para superar la división actual y convertirse en una alternativa desde la izquierda al PP.
A su juicio, si la centenaria formación no resuelve sus graves problemas de división y de definición, corre el riesgo de desaparecer como otros partidos socialdemócratas europeos.
'Hoy somos el partido de la bronca interna', resumió López, partidario de pasar página al conflicto interno.

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