Los Celtas en España - Celts of Spain

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Castros celtas de Santa Tecla

Castros celtas de Santa Tecla

Los restos de poblados fortificados construidos en altura antes de la llegada de los romanos a la península ibérica se extienden a lo largo y ancho de la misma. Los vestigios de estas construcciones primitivas constituyen un depósito de información documentada en piedra y un viaje a la historia prerromana de España.


Llama poderosamente la atención la semejanza entre la arquitectura, proporciones y emplazamientos de esas edificaciones de plantas circulares desprovistas de calles y las áreas de cultivos (trigo, leguminosas, lino, mijo y cebada) y pastoreo de ganado (ovino y vacuno) rodeados de fosos y murallas y con una sola entrada para facilitar el acceso y la defensa en caso de agresión. No se han encontrado armas en las excavaciones efectuadas y disfrutaban de magníficas vistas al mar y en su ausencia de una envidiable visión periférica de los alrededores, ya que se alzaban sobre promontorios y colinas.

Es este el caso del Castro de las Cogotas, en Cardeñosa, en Ávila, situado junto al río Adaja, del que se empezó a hablar desde 1876, cuando se hallaron restos de esculturas y el famoso verraco de piedra, aunque no fue hasta 1929 cuando se iniciaron las excavaciones que dejaron al descubierto una particularidad: las tres entradas al castro de 14,5 hectáreas de superficie con la parte elevada dedicada a necrópolis. Gracias a las labores de conservación y promoción turística, hoy en día dicho castro se ha convertido en lugar de referencia turística para los que visitan esa bella zona abulense. Pero aunque otros castros abulenses como los del Raso, Mesa Miranda, o Ulaca ponen de manifiesto la importancia de la meseta es en la Cornisa Cantábrica donde se hallan más extendidos.

Castro de Trona

Castro de Trona

El País Vasco fue territorio propicio a los castros como así lo demuestran los restos de Peñas de Oro, Olarizu (Alava); Intxur y Basagaín(Guipùzcoa) y Malmasin, Pico Moro y Berreaga (Vizcaya). Muchos de estos castros han sido descubiertos gracias a los denonados esfuerzos de particulares como José Miguel Barandiarán y Carlos Olaetxea.

Otra característica común de los castros son las saunas construidas dentro del recinto con horno, cámara de vaporización y vestíbulo que se fue modificando hasta alcanzar canalizaciones de gran capacidad.

Recientes investigaciones identifican, además, las saunas castrenses como santuarios donde tenían lugar ritos de naturaleza telúrica y acuáticos o de carácter asambleario ya que en muchos caso constituían el corazón de la comunidad como la Pila Granítica de Coaña Asturias, comunidad autónoma cuyas autoridades empezaron a interesarse por los castros a partir de 1966, a raíz del descubrimiento de los poblados prerromanos de Santa Cruz, Taramundi, San Isidro, Cabo Blanco y el Castelo de El Esteiro.

Cantabria combina como ninguna otra región española castros de mar y montaña. Se debe a veces a la orografía a caballo entre Asturias y Galicia, y otras a cuestiones estratégicas derivadas de operaciones de ataque y defensa, o sea, a la guerra entre cántabros y romanos. Algunos incluso vigilan al mismo tiempo valle y costa como el situado en el Pico Hacha (cerca de Laredo), mientras otros ponen sus ojos directamente en el Cantábrico como El Cincho, en Santillana del Mar
En Cantabria, el castro de Castilnegro, descubierto en 1997 (relacionado con Peñarrubia, descubierta en 1999) presenta la particularidad de tener ni más ni menos que cuatro puertas de acceso.

Castro de Baroña

Castro de Baroña

Y, se da la circunstancia de que durante la guerra civil algunos castros fueron utilizados como trincheras, como el Castro del Alto del Cueto. En cuanto a Castro Urdiales ¿qué decir de una ciudad cuya divisa es “Castro soy y Castro he sido”.

Pero el noroeste de la Península Ibérica es la tierra por excelencia de los castros: en Galicia y Portugal, existen unos 5.000; en Galicia, los más representativos se localizan en las Rías Baixas.

La colisión entre los antiguos castros y la llegada de los romanos a la provincia que ellos llamaron Gallaecia trajo consigo nuevas creaciones arquitectónicas y una nueva concepción del urbanismo cuya manifestación más singular y representativa son las denominadas Pedras Formosas: lugares mágicos marcados por el culto a la piedra y sus secretos labrados por sabios auténticos dedicados al culto a la luna, al agua, al viento y a la tierra madre.
Estos monumentos de fusión, llamados castros romanizados solo se dan al norte de Portugal, Asturias, León y Galicia, y son considerados ámbitos alzados en cotas fértiles extramuros, cercanos a los caminos de acceso y sobre manantiales de agua corriente, de planta rectangular y dedicados al parecer a la iniciación en los misterios druidas de los jóvenes habitantes de los asentamientos.

Estos castros romanizados tenían como elementos comunes una rampa de acceso; una terraza; la llamada “fossa sanguinis”; un pasaje; una piscina; una sala ritual; una antesala; un atrio; la entrada; el albañal y el drenaje y la característica principal es sobre todo la granítica Pedra Formosa, emplazada entre la sala y la entresala. Todo esto puede observarse en el castro emplazado en el Puerto de Espasante, provincia de A Coruña.Caso excepcional lo constituye la Cidá de Borneiro, situada en Cabana de Bergantiños, en la denominada Costa de la Muerte, por ser el primer castro gallego fechado por el método carbono 14.

Castro de Ulaca

Castro de Ulaca

Es de dimensiones pequeñas pero concurre el caso de que convive en extraña hermandad con el dolmen de Dombate, llamada la “catedral del megalitismo” en Galicia, desde que entre 1987 y 1989, los arqueólogos desentrañaran y sacaran a la luz gran parte de los secretos de una gran masa tumular que sobresale entre las abundantes muestras de un fenómeno que surgió en el IV milenio a.C. y que se extiende entre Cabana y el resto de las parroquias (Vimianzo, Zas, Vilaseco, Laxe, Malpica, etcétera) que componen una ruta arqueológica por sus alrededores delimitada por el río Anllóns y como son el Arca de Piosa y Pedra Vixía /Zas, Pedra de Arca de Regoelle, Pedra Cuberta, Casota dos Mouros, Pedra Moura do Monte Carnio (Vimianzo) o A Foernalla de os Mouros do Aprazaduiro(Laxe).

Aunque algunos se encuentran abandonados, otros sin embargo permanecen impecables y promocionados convenientemente. No es, en absoluto, de extrañar que muchos ayuntamientos hayan incluído entre sus ofertas turísticas vistas a estos antiguos asentamientos, pero no todos cuentan con el entusiasmo protector de sus consistorios. El ejemplo lo tienen los moañeses con el castro Montealegre de Domaio, abandonado de la mano de Dios ya que para acceder al histórico yacimiento y sus rocas desperdigadas y abandonadas es precios atravesar una maraña de tojos que esconden un monumento que todavía no ha desaparecido porque vecinos y asociaciones, como el Grupo Arqueolóxico de Morrazo, pelean denodadamente para impedir que la Xunta de Galicia construya una autovía en las inmediaciones que acabaría con la existencia de un castro que ha estado en contacto con todas las civilizaciones del Mediterráneo, según recoge un libro firmado por el historiador Roberto Alboal.

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