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FOTOS GOS 002En la vida hay que ser como mínimo dos cosas, cigarrero y poeta, por ejemplo, o comandante de submarino y acuarelista, para entrar a la faena (al texto) sin más dilación ni espera. Se puede ser atracador de bancos o banquero y atracar a la gente (en el entendido que un atracador de bancos no es el que atraca un banco, sino aquél que atraca un banco y le pillan; sin esta segunda condición, no se da la primera), se puede ser tonto del culo y gilipollas, pero no se debe poner en un escrito porque queda grosero y se pierde el tono, pero las crónicas deben ser ciertas

y haremos ver que no se ha puesto; sin embargo, se puede poner Mariano Rajoy y Brey que es más fino e ingenioso (si decimos de un coche que es rápido y seguro, el que es rápido y seguro es el coche, pero la intención, aun sin la coma, ha quedado claro, era otra) Rafael y Belmonte hubiera estado bien, pero de mal entender para algunos y no estamos en el bar los Corales ni en Sevilla ("Me da menos miedo una bronca del director del ‘Xornal’ que una corná", dijo Rafael ‘el Gallo’) sin embargo, poner Ramón y Cajal hubiera sido, para mi gusto, pobre y tontería.

 

Esto no iba a ir de toros y toreros sino de conjunciones copulativas, pero ya en esta arena citaremos a don Ramón Gómez de Ayala: "Si bien el artista de cualquier condición que sea se supone que otorga por entero su vida en la propia obra, sólo el torero hace plena abdicación y holocausto de ella", y así apostillamos a Juan Belmonte y las maneras de torear, sin citar, que ya es ausencia, a Joselito. Pues siendo yo catalán de origen, vocación y tradición (‘Xornal de Galicia’ Las Carabelas salieron del sur de Coruña, la virtud de María Cristina y la Soberanía de Cataluña) ya se vio en estas mismas páginas mi opinión, pues en esta maestranza se torea y escribe gratis, pero a gusto.

 

Cigarrero y poeta fue el asturiano don Saturnino Martínez, en el año 1865 fundador en la Habana de La Aurora, el primer periódico obrero de Cuba dirigido a trabajadores tabaqueros, cuando Juan Prim i Prats se ‘pronunció’ con la llamada revolución Gloriosa el 17 de septiembre de 1868 y nos libró de Isabel II para meternos en hohenzollernes sigmaríngenes y amadeos saboyanos para "mi general, agáchese que nos echan fuego" acabar en la calle del Turco. Ahora sus restos están reposando lo que les dejan en Reus y España con los borbones, a su pesar post mortem. Tras el pronunciamiento del general Arsenio Martínez Campos el 29 de diciembre de 1974 y la restauración de la monarquía con Alfonso XII, con Antonio Cánovas del Castillo de padrino y oficiando, muerta la República casi sin bautizar, enmarcamos el paréntesis tabaquero que nos interesa (huelga decir que nuestra onomástica es el veinticuatro de Junio, por si alguien quiere felicitarle con las misas dichas)

 

Dice Wikipedia que el período estuvo marcado por tres conflictos armados simultáneos: la tercera guerra carlista, la sublevación cantonal y la Guerra de los Diez Años cubana (cuando cierra el periódico La Aurora). La Primera República se enmarca dentro del Sexenio Democrático, que comienza con la Revolución de 1968 que dio paso al reinado de Amadeo I de Saboya, al que siguió la República, y termina con el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto.

 

En aquellos años, en Cuba, era analfabeta el setenta y cinco por ciento de la población blanca y el noventa y cinco por ciento de la población negra, y, para paliar la rutina y pesadez de las muchas horas de trabajo, se extendió la costumbre en los talleres donde se liaban cigarros, como en el taller de Saturnino García, que un obrero leyera el periódico mientras los otros seguían trabajando. Tuvo tanto éxito la iniciativa que, tras los periódicos, se empezaron a leer novelas. La que más gustó fue El conde de Montecristo, y, cuando se pretendía cambiar de novela, los trabajadores insistían en su lectura una y otra vez. Por este hecho, don Saturnino Martínez (no he conseguido saber el segundo apellido) escribió a Alejandro Dumas ‘Padre’ pidiéndole permiso para bautizar a uno de sus puros (motivo de este escrito) con el nombre de Montecristo. La propuesta ya se adivina fue aceptada y de ahí el nombre de los conocidos habanos.

 

Partagás, era el apellido que dio nombre a otros puros. Correspondía al hijo de una familia de sastres de Arenys de Mar venidos a menos que lo mandaron a Cuba a casa y protección de unos familiares (Jaume Buenaventura Ambrós Partagás y Ravell, Arenys de Mar 1816, Cuba, 1864)

 

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JOAN LLOPIS TORRES (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

 

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