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CORREDORESEn un anterior artículo sobre "Ave a Galicia o tarda gaviota" se exponía que, hasta estos momentos, la historia de la alta velocidad española estaba llena de retrasos y sobrecostes, llevándose Galicia, junto con Extremadura, la peor parte.

Recordando la historia del ferrocarril español, se puede ver que a partir de la segunda mitad del siglo XIX poco a poco se iría cubriendo el territorio nacional de caminos de hierro, aunque Galicia tendría que sufrir retrasos e inconvenientes, ya que hasta 1883, después de once años de interrupciones, no vería terminadas todas las líneas férreas que comunicaban la región con el resto de España, con un retraso, por ejemplo, de casi veinte años con respecto al trayecto Madrid-Irún.

Las conocidas dificultades para viajar a Galicia en aquellos años promovieron rutas alternativas a los caminos tradicionales dadas las ventajas que ofrecían las nuevas comunicaciones. Una de ellas consistía en utilizar el tren desde Madrid a Lisboa, para dirigirse seguidamente desde la capital portuguesa a Oporto y desde allí a Valença frente a Tuy.

Los arqueólogos e historiadores Aureliano Fernández-Guerra y Fidel Fita emprenderían este último recorrido con la finalidad de dirigirse a Santiago, viaje que describieron en un libro que se editaría en 1880. Una vez en España, reanudarían su recorrido, precisando que en Redondela se embutieron en lo que denominaron como una fementida diligencia, que tan mal sabía después de viajar en tren, para seguir su marcha por Galicia.

Por otro lado, en el artículo mencionado se recogían igualmente las críticas aparecidas en las recientes líneas de AVE por unos rendimientos dudosos en algunos tramos, así como por mantenerse a ultranza la tradicional disposición radial en lugar de buscar alternativas más acordes con las necesidades actuales, como sería el caso de unos corredores mediterráneo y transversal en el norte de España, de aparentes rentabilidades tanto por el tráfico interior como por su conexión con Europa.

Recientemente, una persona que reside en Valencia ha colgado en el Facebook unas referencias sobre las peticiones que se están formulando para reclamar un corredor del mediterráneo, incluso con manifestaciones al respecto. Asimismo, se ha puesto de manifiesto que, al margen del considerable transporte de viajeros, el 71% de las exportaciones de España se producen en los corredores del norte y del mediterráneo sin que haya líneas de tren apropiadas que los recorran, con quejas porque esta situación se debe a que no pasan por Madrid.

Al interesarme por esta cuestión, aprecio que los pocos trenes de A Coruña a Barcelona tardan desde diez horas, con dos transbordos, hasta las catorce horas en el tren nocturno, con un transbordo. Este recorrido es por el interior y, por ejemplo, desde Lugo a Logroño solo hay un tren que tarda nueve horas, desde las siete de la tarde hasta las cuatro de la madrugada. Por la costa cantábrica discurre el FEVE, pudiéndose hacer un precioso viaje desde Ferrol a Oviedo en unas seis horas.

En relación con corredor mediterráneo, veo, por ejemplo, que desde Almería a Barcelona los trenes tardan unas diez horas, con una escala. Si se indagan otros recorridos, como el de Almería a Bilbao, el buscador ni los encuentra.

En cambio, con el AVE se ha conseguido que desde Málaga a Zaragoza se pueda hacer el recorrido en unas cinco horas y a Barcelona en unas seis horas, aunque pasando por Madrid.

Al ver los hipotéticos corredores del Mediterráneo y del Cantábrico en el gráfico que se expone, unidos desde el País Vasco hasta Cataluña siguiendo la línea del Ebro y al sur de los Pririneos, se aprecia que solo una parte, relativamente pequeña en relación con el total, faltaría para unir los corredores por el oeste, desde Andalucía hasta Galicia como se ha completado con la línea roja.

Ahora bien, las comunicaciones relacionadas con la última línea indicada existen ya en Portugal, por lo que, al recordar el viaje de Fernández-Guerra y Fita a finales del siglo XIX, estimo que no sería descabellado pensar en una línea férrea circular en la Península Ibérica, al igual que las carreteras de circunvalación existentes en la mayoría de las ciudades para evitar colapsar el centro y facilitar los movimientos de vehículos.

Esta línea férrea circular peninsular se estima de inexcusable urgencia en los momentos actuales por muchos motivos, no siendo necesario que sea de alta velocidad, evitándose así un interminable macro proyecto.

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