2021: Una odisea electoral po Julio F-Sanguino Fernández

Xornal de Galicia  08 Octubre 2016  Sección; Opinión 446 votos

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"2001: A Space Odyseey" se estrenó a finales de los años sesenta del siglo pasado. La película supuso toda una revolución por su innovación y efectos especiales, tanto visuales como sonoros con la música de?Strauss, las únicas revoluciones, por otro lado, permitidas en el franquismo. A muchos nos sorprendió por su realismo científico y sus proyecciones vanguardistas, permitiéndonos soñar con el futuro y otros mundos, no en el espacio, sino en la España anodina de entonces.

Ya estamos en el siguiente siglo. En el espacio, los astronautas se mueven libremente, aunque sujetos a la nave que les alimenta y dirige. En España, ya hay Democracia y los españoles se pueden mover libremente, también. Esta película, que nos hizo soñar ayer con el futuro espacial, proyecta a conjeturar hoy lo que podría ser el futuro electoral tras los últimos acontecimientos habidos en el marco político español.

Al igual que se ha hecho en la consulta popular realizada en Sevilla para votar sobre la duración de la próxima?Feria de Abril, se pondrán en marcha dispositivos digitales que permitirán?votar a través de internet. Igualmente, se extendería el procedimiento a otros medios utilizados en las redes sociales, garantizado las operadoras privadas la identidad y ubicación del usuario. Así se eliminarían las costosas y molestas, para algunos, elecciones presenciales, con otras muchas ventajas, algunas de ellas humanitarias como, por ejemplo, que a los ancianos no les muevan de su asilo y puedan votar a través de WhatsApp.

Los medios de comunicación ponen de relieve que desde 2013 el?plasma?se ha convertido ya en un elemento casi consustancial a las comparecencias del presidente?Rajoy. Asimismo, aparecen por doquier los twits de los políticos difundidos a través de la Web para mostrar posicionamientos y peleas callejeras que llegan a los usuarios como las sopas de letras que les hacen engullir a los niños, que se fijan en las formas de pasta y pasan por alto el sabroso caldo de la abuela.

Con la generalización de estos métodos, se eliminarían las incomodas presencias de los políticos para hablar de la corrupción, del paro, del déficit, etc., etc., y se ahorrarían los considerables esfuerzos y cantidades empleados hasta ahora en las maratonianas campañas electorales, incluidos los carromatos del circo mediático.

En el futuro digital, los recuentos de los comicios serían instantáneos y al minuto de cerrar las urnas, eufemismo que se seguiría empleando, se podrían tener los resultados definitivos sin esperar a posteriores recuentos, como acaba de ocurrir en las elecciones vacas en las que el PNV perdió un escaño que había conseguido tan solo por ochenta votos tras las impugnaciones de EH-Bildu ante la errónea transcripción manual al sistema informático de los resultados de varias mesas electorales. Del mismo modo ocurriría con el voto de los emigrantes, evitando igualmente incertidumbres, como, por ejemplo, en el recuento posterior de las últimas elecciones gallegas que dio el noveno diputado por Ourense al PP con 1.059 votos frente a los 344 del PSOE.

En la anterior legislatura el partido en el Gobierno aplicó una política monocorde a espaldas de la realidad social española, sin atender la más mínima sugerencia de otros partidos ni el clamor de la ciudadanía en la calle. Este proceder se ha extendido a las Cámaras, donde se puede apreciar que los Sres. Diputados y Senadores van a votar en masa y hacen lo que les dicen sus partidos, sin libertad de pensamiento y movimiento, como corderos que van al redil conducidos con diligencia y eficacia por perros pastores.

Por ello, ya no sería necesario que todos los figurantes de un mismo partido voten lo mismo, con que lo hiciera uno en representación de todos sería suficiente, como ocurre en las juntas de vecinos donde la mayoría de los propietarios dan su autorización a los pocos a los que les interesan los temas a tratar o a los jubilados que no tienen nada que hacer.

Si bien se llegaría a estimar que el porcentaje obtenido en las elecciones sería el dato idóneo utilizado para la gobernabilidad, se terminaría optando por mantener la Ley de Ohm, pero un poco retocada para potenciar aún más el bipartidismo, y el número de Diputados, Senadores o Concejales resultante, aunque fuese virtual, sería el dato utilizado para los cómputos en las votaciones.

Con este futuro, el ahorro está garantizado. El Congreso se convertiría en El Museo de la Democracia, con una Constitución original de 1812 como pieza estar junto con el texto donde se juraban o prometían los cargos, fotografías varias, antiguas en blanco y negro y modernas transformadas en sepia, de los distintos momentos de la vida política española y visitas guiadas para enseñar los impactos de las balas de Tejero. El Senado sería cedido al Museo del Prado para exhibir los fondos que guarda en los sótanos y las exposiciones temporales.

Además, con un Parlamento digital se suprimirían las incomodas y largas presencias de sus Señorías en un espacio cerrado, evitándose así que maten su aburrimiento jugando al Candy Crush, trabajen a escondidas en sus negocios o muestren su verdadera cara en la política española durmiéndose sin recato.

La revolución digital afectaría igualmente a los partidos políticos. El líder tradicional sería sustituido por un Presidente honorario y una Gestora se encargaría de tramitar todos los asuntos que compiten al antiguo Partido, repartiendo tareas entre empleados especializados para que estudiasen las materias que tradicionalmente eran objeto de debates en el Parlamento o en las Comisiones, sin olvidar la valiosa aportación de afiliados e ilustres voluntarios, cooperantes que podrían fomentar el teletrabajo.

Una vez suprimidos los espacios físicos, las consultas institucionales se harían por correos electrónicos, se crearían grupos de trabajo en WhatsApp, los diferentes posicionamientos entre políticos se harían por videoconferencias y los medios de comunicación de los partidos difundirían sus estrategias y fundamentos, sustituyendo así a las comparecencias de los antiguos Diputados y Senadores.

El futuro visionario de la película no se ha cumplido como esperábamos, pero la carrera espacial ha sido imparable y ha promovido avances y cambios impensables hace unos pocos años. ¿Sucederá algo similar con el futuro de la política española?

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