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La producción literaria de Nicomedes-Pastor Díaz Corbelle (Viveiro, 1811 - Madrid, 1863) ha sido profusamente analizada. Asimismo, la copiosa actividad pública del ilustre personaje vivariense está convenientemente detallada; sin embargo, en sus biografías no se suele profundizar en las relaciones personales que mantuvo en el ámbito político-financiero ni se tiene en cuenta generalmente la trascendencia de otras actuaciones suyas. Para tratar de disipar las sombras que surgen sobre estas cuestiones, seguidamente se expone la actividad desarrollada por Nicomedes-Pastor Díaz en aquellos años, contextualizando las distintas facetas que desarrollaría en el marco histórico que le tocó vivir.

En primer lugar, hay que destacar su formación. Nicomedes-Pastor Díaz, tras sus primeras enseñanzas en los Seminarios de Viveiro y de Mondoñedo, marchó en 1827 a estudiar Leyes en la Universidad de Santiago de Compostela. El cierre de las universidades decretado por Fernando VII hizo que se trasladase a Alcalá de Henares, uno de los pocos centros permitidos al estar bajo control de la Iglesia, para proseguir sus estudios, obteniendo el título de abogado en 1833.

Es de sobra conocida la sincera vocación religiosa de Nicomedes-Pastor Díaz, que le llevaría a leer diariamente el breviario. Moriría soltero y él mismo señalaría que se hubiera ordenado sacerdote de no tener obligaciones que cumplir. Resulta evidente que sus fuertes convicciones debieron condicionar las actuaciones que realizó a lo largo de su vida.

Al analizarse los hechos históricos de esos años, se aprecia que la carrera política de Nicomedes-Pastor Díaz comienza con el final de la primera Guerra Carlista. En diciembre de 1839, como Jefe Político de Cáceres, publicaría un folleto dedicado a todos los ciudadanos de la provincia que gobernaba con la finalidad de aleccionarlos desde su puesto sobre lo que deberían votar. En este texto se aprecian posiciones defensoras de la clase política conservadora que unos años más tarde ocuparía el poder, al mismo tiempo que se incluían una serie de consideraciones que se pueden considerar retrógradas, incluso, en esos momentos.

Por sus escritos y actuaciones en aquella época, se aprecia un esforzado y ciego cumplimiento del deber por parte de Nicomedes-Pastor Díaz, no siendo de extrañar que le hiciesen despuntar en su carrera política.

El inicio de los años cuarenta del siglo XIX estuvo marcado por la entrada de Espartero en la política española. La nueva corriente progresista generó duros ataques de la prensa conservadora en los que intervendría vigorosamente Nicomedes-Pastor Díaz. En 1843 Espartero se vería obligado a disolver las Cortes, generándose un cambio político en España tras el pronunciamiento militar encabezando por Narváez y Serrano.

Nicomedes-Pastor Díaz era Diputado por Coruña en 1843, ocupando seguidamente un escaño por Cáceres en la Legislatura 1844-1845. En 1846 hubo nuevas elecciones a Cortes, presentándose por Viveiro. Sería derrotado; pero, como señala Donapetry en "Historia de Vivero y su Concejo", su paisano y admirador Vicente Manuel Cociña le cedió el distrito de Pozo Blanco (Córdoba). Más tarde sería Diputado por Navalmoral de la Mata en Cáceres.

Al margen de cuestiones anecdóticas, se puede apreciar la turbulencia política de esos años, con cinco comicios en la denominada Década Moderada, y unas prácticas impropias de cualquier democracia. Sería en esa época cuando despegaría Nicomedes-Pastor Díaz en la política española tras imponerse los conservadores integrantes del denominado Partido Moderado sobre los progresistas.

En esos años, en el ámbito financiero-empresarial cobraría un importante protagonismo el Marqués de Salamanca, conocido fundamentalmente por desarrollar el famoso barrio madrileño que tiene su nombre. En 1844 protagonizó un pelotazo bursátil en la Bolsa de Madrid, fundando seguidamente el Banco de Isabel II, que, para salvarse de la quiebra, en febrero de 1847 se tendría que fusionar con el Banco de San Fernando para crearse una nueva entidad antecesora del actual Banco de España.

A pesar de los escándalos financieros, el Marqués de Salamanca comenzaría su ascensión política en 1847 al ser nombrado ministro de Hacienda bajo la presidencia de Joaquín Pacheco, posibilitando una sospechada dimisión de éste que pudiera ejercer de hecho seguidamente la presidencia del Gobierno hasta que fue destituido al establecerse una comisión parlamentaria para investigar sus supuestas actividades irregulares.

Resulta curioso que en 1844, al mismo tiempo que salía elegido Diputado por Cáceres, Nicomedes-Pastor Díaz ocupase el puesto de Secretario General en el Banco de Isabel II hasta 1847. Suprimido el banco y, a pesar de los escándalos financieros habidos, pasaría a ocupar importantes cargos en el gobierno de la nación bajo la mano de Pacheco y del Marqués de Salamanca.

Igualmente, es llamativo que en 1848 fuese nombrado ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas y al mismo tiempo se le designase Rector de la Universidad Central de Madrid. Hay que precisar que el año anteriorNicomedes Pastor Díaz fue subsecretario del Ministerio de la Gobernación que se había creado, resultando evidente que por sus actuaciones sería promocionado posteriormente.

Estudiosos de esta última cuestión señalan que, tras la reglamentación ministerial de Nicomedes Pastor Díaz en 1847, los profesores se convertirían en policías de la conducta estudiantil. En aquellos años se reglamentarían las penas por los excesos estudiantiles y hasta las sanciones por ausencias, tolerándose solo hasta 30 días por enfermedad. El control se impondría hasta tal punto que una simple alteración en el aula obligaba al catedrático a interrumpir las clases. Estas medidas se extenderían igualmente con los profesores, ya que los jefes de Departamentos deberían averiguar cuáles eran sus doctrinas y si fuesen meramente científicas se amonestaría al profesor para que corrigiese sus yerros, pero si dichas doctrinas fuesen subversivas o consideradas contrarias a los dogmas de la Religión se daría cuenta al Gobierno para la resolución conveniente.

Del mismo modo, se aprecian otras medidas similares impulsadas por el Gobierno conservador de esos años. Se puede citar el desarme y desaparición de la Milicia Nacional, ya que, al ser una fuerza popular de ámbito local, quedaba fuera del alcance de los gobernantes de Madrid y, además, podía estar influenciada por las personalidades más destacadas del lugar, consideradas de tendencia liberal en la mayoría de los casos. El "Heraldo" de 16 de febrero de 1844 publicó que habían entregado sus armas las Milicias de Betanzos, Ferrol, Puentedeume, Vivero, Mondoñedo y Ribadeo. Para cubrir el hueco dejado por esta supresión, se fundaría la Guardia Civil como cuerpo militar sumiso al Gobierno central y bajo control del Ministro de la Guerra.

En el orden constitucional, Nicomedes-Pastor Díaz apoyó abiertamente la Constitución de 1837 y se opuso a la idea de abrir un nuevo periodo constituyente, defendiendo igualmente la nueva Constitución de 1845. Se puede apreciar en los cambios habidos una merma en la soberanía nacional, que era sustituía por una soberanía conjunta del Rey y las Cortes, así como la ampliación del ejecutivo en detrimento del poder legislativo. Seguidamente, en marzo de 1846 se aprobó una nueva Ley electoral en la que se elevaban considerablemente las condiciones económicas para ser Diputado a Cortes, por lo que se hacía aun más restrictiva la participación ciudadana, reservándose el ejercicio político a las personas pertenecientes a las capas más altas de la economía nacional. En el nuevo proceso electoral se dio una especial relevancia a la máxima autoridad del Gobierno en la provincia, los denominados Jefes Políticos.

Los cambios constitucionales llevados a cabo se pueden considerar regresivos y no aseguraron la estabilidad política. Las actividades públicas de Nicomedes-Pastor Díaz cesaron con la caída del Gobierno formado por la clase política en la que estaba integrado. A partir de finales de 1852 hasta 1954 los tres gobiernos que se formaron actuaron mediante decretos, incrementándose el descontento general, con significativas revueltas populares.

Tras el pronunciamiento del General O'Donnell, Nicomedes-Pastor Díaz, a pesar de haber militado en el partido conocido también de los "Puritanos", sería designado Embajador de España en Turín al inicio del llamado Bienio Progresista en 1954. Allí escribiría una importante obra en defensa del Pontificado, con fragmentos difundidos en el periódico "La Concordia", para disipar las tensiones que ya habían empezado a limarse tras la firma entre España y la Santa Sede del Concordato tan deseado por el partido Moderado.

Pero este nombramiento no fue por casualidad. Nicomedes-Pastor Díaz había conocido al general O'Donnell tras el pronunciamiento de 1840 al haber sido comisionado para ir a Valencia y ofrecer a la Reina Gobernadora la formación de un gobierno de unidad nacional. A su vuelta a España desde Turín, Nicomedes-Pastor Díaz volvería a la política en 1856 con el gobierno de O'Donnell. En 1857 ingresaría en la Academia de Ciencias Morales y Políticas y posteriormente ocuparía otros importantes cargos hasta su fallecimiento.

Al igual que el viaje a Valencia, en sus biografías no se analizan las causas de otros que realizó a Sevilla o a Bayona y Londres con claras finalidades políticas y dinásticas, que pueden poner de manifiesto los manejos por salvar una caduca monarquía y la injerencia de Inglaterra y Francia en el destino de la Corona española. Este último viaje se hizo tan sigilosamente que su madre no pudo verle cuando fue a Madrid.

En relación con la participación de Nicomedes-Pastor Díaz en la prensa de entonces, se aprecia dos vertientes. Por un lado, la publicación de obras literarias y, por otro, su faceta política. El escrito de 70 páginas que escribió como Jefe Político en 1839 finalizaba señalando al "fanatismo estúpido y el imperio del terror, que afortunadamente solo invocan y proclaman dos monstruos: Cabrera y el Eco del Comercio", metiendo en un mismo saco al terrorismo de los coletazos de la primera Guerra Carlista y a los periódicos liberales.

Nicomedes-Pastor Díaz seguiría en su línea conservadora, colaborando especialmente con su amigo Pacheco, con el que sería Ministro con posterioridad. Este político y periodista dirigió "La Abeja" en 1835 y "La Patria", periódico que recogería los problemas del socialismo que Nicomedes-Pastor Díaz había expuesto en el Ateneo de Madrid en 1848 y 1849, considerándolo como subversivo para la paz y equilibrio del Estado. Sus razonamientos le harían oponerse a las nuevas doctrinas sociales que iban saliendo, confiando que fuese la Religión la única que pudiese resolver los conflictos sociales del momento. Entre sus numerosas actividades relacionadas con el periodismo, se puede citar que en 1841 Nicomedes-Pastor Díaz sería uno de los fundadores de "El Conservador" junto con Pacheco.

Para una gran mayoría de historiadores, el siglo XIX fue un siglo perdido con cuatro guerras civiles, la mal llamada de Independencia, que inició el declive de nuestra nación y apagó la llama de la Ilustración para sumirnos en una larga y oscura dictadura absolutista, y tres carlistas por el trono de España; cinco cambios de la Constitución, numerosas revoluciones y pronunciamientos militares, dispares gobiernos que se autoproclamaban salvadores, discursos catastrofistas y represiones generalizadas ante cualquier movimiento reivindicativo por la simple subsistencia o por el progreso, así como otros acontecimientos que lo único que consiguieron fue hundir definitivamente a España en el abismo.

En ese siglo le toco vivir Nicomedes-Pastor Díaz, arrastrándole la corriente, quizás, a ser una pieza más en el engranaje socio-político de la época.

Por último, significar que los datos expuestos, que, por otra parte, requieren un estudio más profundo que el de un artículo periodístico, aunque son de público conocimiento, nos muestran la trayectoria de Nicomedes-Pastor Díaz en una época en la que se pondrían de manifiesto cuestiones que acaecieron hace casi dos siglos relacionadas con la corrupción política, regresión de las libertades ciudadanas, grupos de poder con una prensa afín, pelotazos bursátiles, burbujas inmobiliarias y crisis bancarias.

Julio Fernández-Sanguino Fernández

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