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El Rey Felipe VI ha mantenido su neutralidad constitucional y, tras el fiasco de Pedro Sánchez (PS) en el Congreso, no encomendó la investidura a Mariano Rajoy (MR) –como esperaba el PP-, sino que instó a los partidos a que buscaran  un acuerdo para formar Gobierno. Durante las dos últimas semanas ha continuado la farsa del Presidente castizo PS, que se ha mostrado dispuesto a vender su alma a Mefistófeles, a poner en riesgo el presente y el futuro de España, y a aniquilar al PSOE con tal de acceder al poder. Con el mayor de los cinismos, su portavoz, Antonio Hernando, ha exigido que nadie recurra a vetos y a PS no se le cae de la boca la palabra “”diálogo”, pese a que –como ha señalado Teodoro León- no crea en él, al negarse a practicarlo con el candidato más votado. MR no se ha excluido del todo del tablero y ha seguido ofertando un Gobierno de coalición con PSOE y Ciudadanos (Cs), sino que ha sido PS quien lo ha sacado de él, porque “quiere ser Califa en lugar del Califa”. Por consiguiente, no ha mandado el diálogo sino el veto, a partir del cordón sanitario impuesto al PP desde el Pacto del Tinell, que figura ya en el ADN del PSOE. Ha habido un diálogo de sordos en el que los partidos han supeditado el interés general de la nación a sus intereses particulares. PS –que ha pretendido apropiarse los escaños de Cs- ha seguido ocupando el protagonismo de la escena, pero ha  prescindido de la vía más  conforme con la voluntad expresada por los españoles el 20-D: una gran coalición que reuniría 253 votos. Los socialistas mantienen que los españoles han votado por el cambio y circunscriben éste a la exclusión del PP del Gobierno. El objetivo primordial de PS es eliminar a MR, única forma de acceder a la presidencia del mismo. Por ello, ha explorado las rutas alternativas del 199 –con Cs. y Podemos (Ps)-, del 161 –con Ps e Izquierda Unida (IU)- o del 131 –con Cs y Coalición Canaria-.

Tripartito con PSOE, Ciudadanos y Podemos.

 La primera dificultad para la fórmula del 199 surgió cuando PS condicionó las negociaciones a  tres bandas a la presencia de Cs y exigió a Ps que aceptara el pacto firmado con él como base de las mismas. Ps se negaba en redondo y exigía la renuncia al pacto y la exclusión de Cs, quien era, a su vez, renuente a sentarse en la mesa negociadora con Ps. Tras una serie de tira y afloja, ambas partes hicieron concesiones y la reunión se celebró en medio de gran expectación mediática. Resultó un fracaso por el cruce de vetos entre los dos partidos, cuyos líderes ya habían cruzado sus aceros el día anterior en el Congreso. Con su habitual habilidad argumental, Ps presentó 20 contrapropuestas “para desbloquear la situación política y posibilitar un Gobierno de cambio”, a fin de sustituir las 200 resoluciones recogidas en el pacto entre PSOE y Cs. Pese a que cedía parcialmente en algunas de sus exigencias maximalistas, su propuesta constituía una enmienda a la totalidad del documento, especialmente con su defensa del “derecho a decidir” en aquellas naciones que lo hubieran planteado con especial intensidad. Para dar mayor dramatismo y atraer más atención., PI aplazó 24 horas su comparecencia ante los medios, en la que constató la ruptura de las negociaciones a causa del inmovilismo y la intransigencia de sus interlocutores, pues el PSOE estaba secuestrado por Cs. Anunció que consultaría a sus militantes sobre si deberían apoyar un Gobierno basado en el pacto entre PSOE y Cs o un Gobierno de cambio conforme al programa de Ps. Cabe prever la respuesta. El PSOE –que hasta entonces no había descartado ningún escenario y afirmaba que no se levantaría de la mesa hasta llegar a un acuerdo- se cayó al fin del guindo y Antonio Hernando tuvo que reconocer la amarga realidad de que la vía del 161 había quedado cerrada porque Ps había roto la baraja.

Gobierno “a la valenciana” con PSOE, Podemos e Izquierda Unida    La del 161 es la vía más expedita para que PS pueda acceder a la presidencia del Gobierno, pero es también la más problemática porque cruza las líneas rojas trazadas por el Comité Federal del PSOE, ya que –al no bastar los votos de Ps y de las diversas fuerzas de izquierda para alcanzar la mayoría- la investidura dependería del respaldo activo o pasivo de los independentistas catalanes. Es una posibilidad que –pese a sus reiteradas afirmaciones en contrario- PS no ha descartado, como han puesto de manifiesto su entrevista secreta con el Presidente de ERC, Oriol Junqueras, y el cambalache de las conversaciones de Miquel Iceta, Secretario General del PSC –que, hasta hace bien poco, apoyaba el “derecho a decidir” de Cataluña- con Xavier Doménech, líder en el Congreso de “En Comú Podem”. Como ingeniosa y cínicamente decía Oscar Wilde, la mejor formar de superar la tentación es cediendo a ella y PS podría morder con gusto la manzana de la tentación que le brinda la serpiente “podemita”. PI le susurra con picardía:”Pedro, sólo yo te puedo hacer Presidente”. Javier Ayuso ha observado que la única posibilidad real de que PS sea Presidente del Gobierno pasa por que traicione a Albert Rivera (AR) y busque un acuerdo con PI y los partidos independentistas. Para Ignacio Camacho, PS va regresando poco a poco a la casilla de salida y “será Presidente con Ps o no lo será”. La vieja guardia y los barones socialistas no se fían de las solemnes declaraciones de PS y temen que pueda ceder a última hora ante Ps para lograr su ansiado objetivo. Según Nicolás Redondo, un acuerdo del PSOE con Ps basado en el programa de éste rompería las costuras de 1978, nos alejaría de Europa y sería muy perjudicial para España y para el propio partido. Los líderes socialistas responsables son conscientes de que un pacto con Ps sería el “abrazo del oso”, pues lo que PI pretende no es tanto formar un Gobierno “progresista y de cambio”, como vampirizar al PSOE –como ha hecho SYRIZA con el PASOK en Grecia- y sustituirlo como principal partido de la izquierda. Como ha advertido “El País” en un editorial, los socialistas arriesgan su coherencia interna si dan el paso de respaldar un ejecutivo apoyado por Ps y por los independentistas. Hermann Tertsch ha tronado en “ABC” contra PS, del que ha dicho que la Historia no le perdonaría su vil y premeditada pretensión de engañar a todos los españoles con su farsa de estos meses, “a sabiendas de que su única oportunidad de ser presidente con 90 escaños era y es reunir a todos los enemigos de la democracia y de España, y asumir consecuencias catastróficas y probablemente irreparables para la libertad, la seguridad y el bienestar de España”. Hay quien piensa que PS va a apurar todas las posibilidades al máximo, seguir ganando tiempo y, en el último instante, pactar “a la catalana” un gobierno “a la valenciana” con Ps, sin dar tiempo a que el Comité Federal del PSOE pueda reaccionar para impedirlo. Espero que tan maquiavélico propósito no entre en los planes de PS, por muchas que sean sus ansias de poder y por mucho que esté en juego su supervivencia política.

Otras fórmulas; Gobiernos en minoría o gran coalición PP-PSOE-Ciudadanos

 Hipotéticamente es posible la tercera vía del 130, aunque es la menos verosímil, pues requeriría la abstención de Ps y de los partidos nacionalistas, si el PP votara en contra. En sus cabildeos tácticos de estos últimos días, PI ha contemplado esta posibilidad, aunque parece haberla rechazado. Su decisión final dependerá de lo que considere menos perjudicial para su partido: un Gobierno filo-derechista PSOE-Cs o la celebración de una nuevas elecciones, en las que los sondeos vaticinan que perderá votos. Se trata de una solución posible, aunque poco probable, pues Ps parece resignado a la repetición de los comicios. Asimismo cabría teóricamente la formación de un débil Gobierno PP-Cs si el PSOE accediera a abstenerse, pero MR la ha descartado.

 Queda la remota posibilidad de alcanzar la gran coalición pues –como ha insistido “El Mundo” en un editorial- todavía no es tarde para llegar a un pacto entre PP, PSOE y Cs que permita crear un Gobierno estable con capacidad de enfrentar las grandes reformas que necesita el país y de devolver la confianza a los agentes económicos y a los inversores. MR tendría que tomar la iniciativa y hacer una oferta generosa a PSOE y Cs para lograr una mayoría parlamentaria que permitiera la formación de un Gobierno que afrontara los enormes retos que España tiene pendientes. Lo de menos son las personas y lo importante son las ideas y los programas, y las posiciones de los tres partidos no son tan distantes como para impedir que se alcance un acuerdo, siempre que dejen de lado sus legítimas diferencias. Las esperanzas, sin embargo, son escasas porque el PSOE –y no sólo su Secretario General- sigue empecinado en negarle el pan y la sal al PP, epítome de todos los males sin mezcla de bien alguno. Como ha declarado César Luena, su partido condescendería a lo sumo a negociar pactos de Estado con el PP, pero en ningún caso formaría Gobierno con él o lo apoyaría. Parece ser que MR esperará a que se produzca el rechazo de las bases de Ps al tripartito para ofrecer un Gobierno de gran coalición sobre bases programáticas. Sería un golpe de efecto para mejorar su imagen de pasividad y poner al PSOE en el brete de tener que explicar su negativa a negociar con el PP y a formar un Gobierno estable.

Probable repetición e las elecciones

 Como reza el dicho popular, “entre todos la mataron y ella sola se murió”. Aunque todos los partidos hayan jurado y perjurado que no quieren que se repitan las elecciones, no han hecho el mínimo esfuerzo para evitarlo. Su única preocupación, a la que han dedicado todo su afán, ha sido buscar coartadas para eludir la responsabilidad y culpar a los otros partidos del fracaso colectivo que supondría la repetición de las elecciones en las circunstancias presentes. El sufrido pueblo español -al que no le queda más remedio a resignarse a lo que parece inevitable- da ya por hecho que deberá acudir de nuevo a las urnas  Los distintos sondeos realizados últimamente prevén que no va a haber grandes variaciones en relación con los resultados del 20-D, aunque la situación es tan volátil y los electores están tan molestos y asqueados con el comportamiento de los partidos, que cualquier circunstancia podría alterar el equilibrio actualmente existente. Según Kepa Aulestia, tres meses y medio de esgrima política han provocado cansancio y escepticismo en el electorado, lo que hace imprevisible el resultado de los comicios. Las encuestas de Sigma-2 para “El Mundo”, de Metroscopia para “El País” y de Invymark para la Sexta prevén respectivamente los siguientes porcentajes de voto: PP: 30.2, 27.3 y 26.8%; PSOE: 22, 21 y 20.3%; Ps: 16.7, 15.9 y 22%; y Cs: 16.2, 18.8 y 15.8%. Aunque haya algunas diferencias, cabe encontrar las siguientes coincidencias en los presagios: mantenimiento de PSOE y PP –que seguiría siendo el partido más votado-, subida de Cs y bajada de Ps. Otro de los ganadores sería la abstención a causa de la irresponsabilidad mostrada por los políticos, pues –como ha observado Pedro G. Cuartango- el triste espectáculo que hemos presenciado va a alejar de la política a muchos ciudadanos que creían que el final del bipartidismo iba a traer un cambio de actitudes, pero todo ha seguido igual y se ha acrecentado su hastío. Si  se confirmaran los pronósticos de Sigma-2 –empresa que suele ser fiable- se produciría un ligero trasvase de votos del centro-izquierda -43.2%- al centro-derecha -46.4%-, que permitiría la formación de un Gobierno de esta orientación, pues la suma de los 128 votos del PP (+5) y los 52 de Cs  (+12) lograría superar la barrera de los 176 votos requeridos para la investidura. Parece ser que a parte del electorado moderado socialista le horroriza la formación de un Gobierno “a la valenciana” con la participación de Ps y se decantaría por Cs o incluso por el PP. .  Si tal fuere el caso, el PP tendría que sentarse a negociar con Cs, que no se lo pondría fácil, pues exigiría la adopción de un programa de Gobierno reformista y un compromiso de lucha sin cuartel contra la corrupción. No le falta algo de razón a AR cuando afirma que MR no sería la persona más adecuada para encabezar este tipo de Gobierno, pero su capacidad de veto es limitada y sus exigencias supondrían una flagrante intromisión en la política doméstica de un partido que será de nuevo el más votado. MR se ha equivocado al descalificar sin más el acuerdo pactado entre el PSOE y Cs, que -según Cuartango- en un programa reformista que, pese a sus lagunas y defectos, contiene las bases para una regeneración de la política y rompe con una larga tradición de confrontación. Podría ser usado como punto de partida para las negociaciones entre PP y Cs en vez de empezar de cero. El pacto contiene cláusulas buenas, regulares y malas, por lo que el PP debería aceptar las primeras, mejorar las segundas y oponerse a las terceras. Entre éstas figuran sobre todo las medidas económicas impuestas por el PSOE, que –en opinión de Lorenzo B. de Quirós- suponen una enmienda a la totalidad de la política económica aplicada con éxito por el Gobierno del PP, pues implicarían mayor gasto público e impuestos más elevados, que comprometerían la recuperación. El propio portavoz económico de Cs, Luis Garicano, ha reconocido que la aplicación de los planes económicos de Ps –que tienen bastantes puntos de coincidencia con el programa del PSOE que se ha recogido en parte en el pacto- dejaría a España en situación de rescate. El próximo Gobierno gozará de poco margen de maniobra en materia económica mientras persistan los importantes desequilibrios en la contención del gasto público y del endeudamiento, y en el mercado laboral. En este plano, el pacto dispara contra la línea de flotación de la política laboral del Gobierno, que ha producido buenos resultados. No creo que fuera difícil llegar a un acuerdo porque los dos partidos defienden principios similares.

Urgente necesidad de regeneración del PP

 Todo el mundo, salvo MR, está convencido  de que es necesaria y urgente una regeneración del PP. Como ha observado con sarcasmo Lucía Méndez, Rajoy tiene dificultades para entender el mundo en que vive y, aunque petrificarse resulte cómodo, tarde o temprano los nuevos aires abrirán las ventanas del PP y sacudirán sus cimientos. Tras el fiasco de las elecciones autonómicas y municipales, MR se vio forzado a hacer por primera vez autocrítica, aunque limitándola a la actuación del partido. Hizo unos cambios cosméticos con el nombramiento de cuatro jóvenes Vicesecretarios para que aparecieran en los medios de comunicación y glosaran las virtudes de su jefe. Éstos se creyeron que iba en serio la renovación y se apartaron de la línea tradicional seguida por la Dirección. Así, Javier Maroto mantuvo que había que sacar al PP a la calle y reforzar su perfil social, y Pablo Casado que se debía mejorar la comunicación con la sociedad y luchar sin contemplaciones contra la corrupción dentro y fuera del partido. Los máximos dirigentes del PP se han jactado de que ningún Gobierno ha legislado tanto como el suyo para luchar contra esta lacra, pero el problema es que, aunque haya normas suficientes, no ha habido voluntad política para aplicarlas a sus miembros con todas las consecuencias, como se ha puesto de manifiesto en el caso “Gürtel” y en las tenebrosas peripecias financieras del ex-tesorero Luis Bárcenas y sus cuentas-B. Las discrepancias han saltado a la luz  pública tras el caso “Taula”, en el que todos los concejales del Ayuntamiento de Valencia están siendo investigados a excepción de la antigua Alcaldesa, Rita Barberá (RB), que no lo ha sido aún por estar aforada en su calidad de senadora. MR le ha asegurado el aforamiento incluso en el caso de disolución de las Cortes al haberla nombrado ´-en contra del criterio de amplios sectores del partido- miembro de la Comisión Permanente de la Cámara. MR ha apoyado a capa y espada a RB no sólo por amistad y agradecimiento, sino sobre todo por temor al obvio paralelismo existente con su propia situación. “Se empieza por criticar a RB y se puede acabar dudando del amado líder”, ha concluido Méndez. Se ha extendido últimamente la nefasta práctica de politizar la justicia y de judicializar la política, cuando –desde los pronunciamientos del Barón de Montesquieu- justicia y política deben ser independientes y actuar en planos separados. Un político no incurrirá en responsabilidad penal mientras no lo decida un juez y gozará hasta ese momento de la presunción “iuris tantum” de inocencia. Ello no es óbice para que pueda incurrir –como los ex –Presidentes de la Junta de Andalucia, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, en el caso de los “ERE”- en responsabilidad política por acción o por omisión, sea  por culpa “in eligendo” o “in vigilando”, y deberá asumir las consecuencias de sus actos u omisiones.

. En una democracia estable es fundamental que existan ,a la derecha y a la izquierda del espectro político, al menos dos partidos que faciliten la alternancia en el Gobierno. El PP es el partido con más socios de España y de Europa, y ha prestado un gran servicio a la nación al agrupar a toda la derecha y dejar sólo un espacio marginal y extra-parlamentario a la extrema derecha. En interés de todos, es deseable que se afiance y no se deshilache por su flanco derecho -como lo está haciendo por el izquierdo- y siga sirviendo de ejemplo al resto del continente. El partido únicamente puede ser renovado desde dentro, pero MR no facilita esta tarea, sino que la dificulta. Según la Red Floridablanca, el clamor en pro de la renovación interna no puede ignorarse ni postergarse. Sin embargo, el partido se ha instalado en una cerrazón que sus bases no comprenden. La Dirección ha renunciado a llevar la iniciativa política durante las negociaciones para formar Gobierno y a hacer la más mínima autocrítica, lo que impide cualquier posibilidad de mejora. Sus militantes ven como el futuro político  queda en manos de terceros, mientras ellos son relegados a seguir las decisiones discrecionales de una cúpula cuyo mandato caducó hace más de un año. Vivimos un momento de emergencia que necesita acciones decididas y valientes, y el inmovilismo no es la solución. Este tiempo de dificultad debe ser aprovechado para poner en marcha un proceso que permita al PP salir del atolladero y presentarse a la sociedad con un programa político renovado, con unos cuadros elegidos democráticamente y con un nuevo modelo de organización interna más transparente y más abierto. El riesgo de una coalición de izquierda nacionalista  y disgregadora en el poder debe hacernos entender que España necesita un centro-derecha de ideas claras y unido, y eso pasa por un partido renovado y capaz de generar un proyecto ilusionante. La Directora de la Red, Isabel Benjumea, ha señalado como causas de la pérdida por parte del PP de más de tres millones de votantes el abandono de un ideario claro y reconocible, la ausencia de una línea política integradora y coherente con la historia del partido, la mala gestión de los casos de corrupción, el alejamiento progresivo de la sociedad y el inmovilismo ante la necesidad de renovación interna; en definitiva, “la ausencia de un proyecto político atractivo, reformista y modernizador, acorde con los retos que afronta la sociedad española”. Según Miguel Ángel Quintanilla, el PP inició una transformación ideológica que lo alejó de su programa y de su electorado, y debería rectificar, centrarse en las cuestiones sociales y desarrollar una política inclusiva y reformista.

Necesidad de cambio de liderazgo en el PP

Una cuestión conexa es la del liderazgo del PP. Los líderes políticos, como los yogures, tienen fecha de caducidad y, por higiene democrática, conviene que no se eternicen en el mando y se renueven  periódicamente. MR, sin embargo, aparenta no enterarse y sigue enrocado en su Olimpo monclovita, arropado por sus vestales Soraya, María Dolores y Cristina. Con astucia galaica y puño de hierro en guante de seda, ha ido sembrando el terruño popular con los cadáveres políticos de quienes han pretendido sucederlo y, después de él, el diluvio. Es una rémora para la necesaria regeneración del partido, con respecto a la cual  –según ha comentado irónicamente Isabel San Sebastián- actúa como Godot: “ni está, ni se le espera”. Como ha observado el ex-diputado popular Jaime del Burgo, no se puede consentir el hundimiento del PP por el empecinamiento de un Capitán extenuado que se niega a ser relevado en el puente de mando. MR debería dar un paso atrás y confiar la labor de regeneración a una persona, o a un equipo, que reúna las condiciones necesarias de integridad y de prestigio para conducir este proceso. Rajoy no es creíble y constituye un lastre para el PP, pues difícilmente podrá librarse del estigma de la corrupción del partido, que -en algunos lugares como la Comunidad Valenciana- ha tenido carácter institucional. En la lamentable gestión económica del PP nacional y en las trapisondas financieras de Bárcenas, por él designado tesorero, alguna responsabilidad deberá tener MR. En el mejor de los casos -y aún exonerándolo de autoría, complicidad o encubrimiento del supuesto continuado fraude fiscal cometido- el líder del partido durante luengos años es responsable, al menos por omisión. La también ex-diputada popular, Cayetana Álvarez de Toledo, ha afirmado que el “marianismo” está caducado y que el iceberg del PP ha empezado a resquebrajarse. El antiguo Presidente de la Comunidad de Murcia, Alberto Garre, ha hablado del “clamor silencioso” en pro de la salida de MR, que, con ella, prestaría el mejor servicio posible al partido. Es lo que piensa buen número de sus militantes, que no se atreven a expresar en alta voz para no verse acusados de deslealtad

Sería conveniente celebrar cuanto antes el aplazado Congreso del PP –como preconiza la Red Floridablanca, que insiste en que no se postergue- y proceder de forma democrática a la regeneración del partido y a la renovación de sus cuadros directivos.  Victoria Prego ha señalado que la celebración de un Congreso abierto debilitaría al PP en un momento muy delicado en el que no está en condiciones de abrirse en canal por estar muy quebrantado por la pérdida de poder y por los casos de corrupción. Sus dirigentes deberían actuar con prudencia y no confiar en el éxito de un plan inmediato de revisión de arriba a abajo de la formación. Tienen que acometer a fondo esta tarea, pero elegir con cuidado el momento. No estoy de acuerdo en esta opinión, pues la Dirección nunca encontrará el momento adecuado para hacerse el hara-kiri. MR ha reformulado el aforismo de que, en el amor como en la guerra, “el que no avanza retrocede”, por el de, en política, “el que no retrocede avanza”. Según los sondeos, su actitud de no hacer  nada y esperar a que los demás fracasen no le estaría saliendo bien, no tanto por méritos propios como por deméritos ajenos. A ver si va a tener razón Camilo José Cela cuando afirmaba que, “en España, gana el que resiste”. Metidos en dichos, cabe recordar el de que “una retirada a tiempo equivale a una victoria”.

Sevilla, 11 de Abril de 2016

 

 por 
José Antonio de Yturriaga

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