La reciente muerte en atentado de dos policías españoles que custodiaban la Embajada en Afganistán han puesto una vez más de manifiesto que España es objetivo del terrorismo yihadista. Según la épica islamista, los buenos musulmanes tienen la obligación de recuperar los territorios perdidos de donde fueron expulsados, como en el caso de Al-Andalus, y el Corán les permite hacerlo por cualquier medio, incluida la fuerza. En una de sus prédicas violentas “urbi et orbe” del Califa del Estado Islámico (EI) en la que ordenaba a los creyentes que crucificaran y degollaran a los infieles, Abu Bakr al-Bagdadi añadió a título de jaculatoria:“¡Que Alá os conceda el favor de pisar con vuestros pies puros sobre el usurpado Al-Andalus!”. Como ha observado el Embajador Melitón Cardona, son muchos los necios que pretenden que el Islam es amor y no tiene nada que ver con la violencia, pero están en un error craso porque –como se ha demostrado con el EI- es un proyecto político teocrático y totalitario cuyo principal objetivo es anular la capacidad crítica de sus seguidores para alcanzar su sumisión –Islam significa literalmente “sumisión”- a lo que un supuesto Ser Superior les dicta. Por consiguiente, no hay que pecar de buenismo y esconder como la avestruz la cabeza en un hoyo, sino estar alertas y preparados para hacer frente en cualquier momento a una posible agresión, pues –como dicen los Evangelios- “nunca se sabe el día ni la hora”.

Renuencia de los españoles a utilizar los recursos armados

 

            Según una reciente encuesta de Sigma-2, 83.2% de los españoles creen que puede producirse en España un atentado similar al ocurrido en París, pero un 56.4% rechaza que el Gobierno realice acciones militares directas para luchar contra el EI en Siria o en Irak, frente a un 34.8% que lo acepta. Entre los objetores se encuentran 57% de los votantes del PSOE, 65% de IU y 77% de PODEMOS (Ps). Un 45.3% de los simpatizantes de CIUDADANOS está a favor y el 45.8% en contra, y sólo entre el electorado del PP se encuentra una opinión favorable del 53.2%. La mayoría asume que España está en el punto de mira del yihadismo terrorista, pero no cree que la intervención armada sea la solución al problema ¿Cuál es entonces?. A la ciudadanía alegre y confiada cabe preguntarle que quién nos va a sacar las castañas del fuego en el caso de que sea España la agredida. Entre los líderes de los principales partidos, sólo Albert Rivera estuvo a favor de intervenir en caso de petición de un aliado atacado, por lo que fue acusado de belicista y tuvo que recoger velas. En el debate a cuatro de Atresmedia, Pablo Iglesias fue el único que se pronunció rotundamente por la no intervención, mientras los demás o no se pronunciaron o adoptaron posiciones de cautela. La más posición más sorprendente fue la del Presidente del Gobierno, que supeditó una posible intervención española contra el EI a la autorización de las Cortes –lo que resulta obvio- y al “consenso de todas las fuerzas políticas” –lo que ya no es tan obvio-. ¿Habrá que esperar para intervenir a lograr la anuencia de Ps, de IU y de los nacionalistas radicales?. Se trataría de una obligación de imposible cumplimiento que llevaría a España a la inacción, aún en el caso de verse directamente atacada por el EI. Reacción bien diferente fue la del Gobierno socialista francés y de sus dirigentes François Hollande y Manuel Valls que, tras los ataques de París, declararon que Francia estaba en guerra con el Daesh y decidieron bombardear sus posiciones en Siria y en Irak, con el respaldo de la gran mayoría del pueblo francés. Cabe hallar un atenuante en la postura cautelosa y coitada de Mariano Rajoy en el precedente de la guerra del Golfo de 2003, en la que José María Aznar –por apoyar la invasión de Irak y pese a no haber colaborado en ella con el envío tropas- fue acusado de asesino por la oposición y condenado sin paliativos por su belicosidad. La situación fue manipulada por la oposición –especialmente por el PSOE- y provocó la inesperada derrota del PP en las elecciones de 2004 tras los atentados terroristas del 11-M. Rajoy vio afeitar las barbas de Aznar y ha puesto las suyas a remojar. Federico Jiménez Losantos lo ha criticado por dar un escandaloso trato de favor a Ps -que no ha firmado el Pacto Antiterrorista-, “preso de pánico rememorativo”. Sin embargo, y aunque existan algunas semejanzas, la situación era a la sazón bien distinta a la actual. Conforme a una encuesta del CIS de la época, 91% de los encuestados se mostraron contrarios a la intervención en Irak, pero Aznar se puso por montera la opinión del pueblo español y de muchos funcionarios de Asuntos Exteriores, incluido yo mismo, que -en mi calidad de antiguo Embajador en Bagdad- advertí desde mi puesto en Oporto a los altos cargos del Ministerio de que la prevista intervención era contraria al Derecho Internacional y del todo inapropiada. El Presidente del Gobierno se empecinó y –en su encuentro en las Azores con George Bush Jr. y Tony Blair- avaló la malhadada invasión del país. Ahora, Irak está siendo agredido por el EI -que ocupa por la fuerza un tercio de su territorio- y España es diana del yihadismo terrorista en general y del EI en particular.

Compromisos internacionales de España

            Rajoy parece olvidar que España es miembro de la OTAN y de la UE. y que ha asumido por ello unos compromisos internacionales que pueden involucrar un componente militar. Según el artículo 5 del Tratado de Washington de 1948, los Estados miembros de la OTAN han convenido que un ataque armado contra cualquiera de ellos será considerado como un ataque dirigido contra todos los demás y, en consecuencia, cada uno de ellos asistirá a los miembros atacados, tomando inmediatamente “la acción que juzgue necesaria, incluido el empleo de la fuerza armada, para restablecer y garantizar la seguridad en la región del Atlántico Norte”. De conformidad con el artículo 42-7 del Tratado de la Unión de Lisboa de 2007, si un Estado miembro de la UE es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás miembros “deberán prestarle ayuda por todos los medios a su alcance”. Tras los atentados de París, Francia ha invocado esta “cláusula de defensa común” y la Alta Comisaria Europea, Federica Mogherini, ha declarado: “Hoy Francia pide ayuda a toda Europa y toda Europa responde SÍ”. El Gobierno francés deberá especificar el apoyo que requiera a cada uno de sus socios y el Gobierno español no puede hacer oídos sordos a semejante petición, amparándose en que tiene que recibir la venia de Pablo Iglesias y Cía, pues España está obligada a cumplir con sus compromisos internacionales libremente asumidos. Mientras el Gobierno de Alemania ha enviado aviones y tropas a Siria –aunque no sea en misión de combate- y el de Gran Bretaña ha empezado a bombardear las posiciones del EI en Siria -como ya venía haciendo en Irak-, el de España está dando largas a la espera de que se celebren las elecciones generales.

El mayor problema existente es la ocupación de buena parte de Irak y de Siria por parte del EI y la creación de un Califato desde el que se promueven y dirigen acciones terroristas en todo el mundo. Los principales responsables para hacer frente a esta amenaza son los países árabes y musulmanes, pero “¿qué han hecho los países árabe después de los atentados de París?”, se ha preguntado el escritor y periodista pakistaní Ahmed Rashid en un excelente artículo con este título publicado en “El Mundo”, y ha respondido que ”la falta de reacción del mundo árabe y musulmán ha sido a la vez vergonzosa y lamentable”. La Liga Árabe y la Organización de la   Conferencia Islámica ni siquiera se reunieron y la mayoría de los países del Golfo –que teóricamente forman parte de la Coalición Internacional dirigida por Estados Unidos- apenas contribuyen militarmente a la lucha contra el EI, porque, más que al Daesh, temen a Irán, que podría ver reforzado su liderazgo en la región. En opinión de Rashid, la guerra contra el EI debe ser liderada por Estados árabes, amén de que cuenten con la ayuda de Estados Unidos y de la UE. La Coalición debe presentar un rostro árabe con el fin de ganar la batalla de la ideología. No es una guerra entre países islámicos y Occidente, sino una lucha interna del Islam que debe ser ganada por musulmanes. Los Estados del Golfo liderados por Arabia Saudita, sin embargo, se niegan a enviar tropas a Siria o a Irak para luchar contra el EI, aunque si lo hagan a Yemen para combatir y masacrar a los milicianos hutíes -que no son tan peligrosas- por el mero hecho de ser chiitas.

Deficiencias de los ejércitos de Irak y de Siria

 

Los medios de comunicación han planteado de forma poco satisfactoria el

problema de la lucha armada contra el Daesh al hacer excesivo hincapié en el

bombardeo de sus posiciones, y los Estados interesados –incluidos Francia, Gran

Bretaña y Rusia- han caído en la trampa. ¿Hay que bombardear al EI en Siria?. ¿Son

eficaces dichos bombardeos, tanto en Siria como en Irak?. Durante un coloquio del

Instituto Elcano sobre terrorismo yihadista, un participante planteó esta cuestión y

ninguno de los panelistas dio una respuesta adecuada. A mi juicio, los bombardeos son

necesarios, pero insuficientes. Estados Unidos, las potencias europeas y los pocos

países árabes que aportan aviones de combate a la causa optan por ellos por ser la

solución más fácil y menos costosa en vidas humanas. Sobran aviones y las potencias

tienen que “pedir la vez” para lanzar su mortífera carga, que produce escasos efectos en

la práctica, pues –como ocurrió en Vietnam- los militantes del EI han construido una

impresionante red de túneles en los que se cobijan de los bombardeos, por otra parte no

excesivamente precisos. Los ataques aéreos deben servir de apoyo al despliegue de

fuerzas terrestres, que son las únicas capaces de desalojar al Daesh de sus posiciones y

de recuperar ciudades como Mosul, y estas unidades deben ser suministradas por los

países árabes de la región y no por Occidente o por Rusia, cuya presencia “in situ” sería

contraproducente. La guerra civil siria y el caos reinante con la presencia de milicias

dispares –incluidas las del EI y las patrocinadas por Al-Qaeda, como el Frente Al-

Nusra, enfrentadas a Bashar al-Asad y entre si- no permiten que las fuerzas armadas

sirias o a las milicias del Ejército Libre de Siria realicen esta labor. En Irak, el Ejército

-de composición mayoritaria sunita- fue disuelto tras el derrocamiento de Saddam

Husein y sustituido por distintas milicias chiitas, carentes de cohesión y de

motivación para defender territorios mayoritariamente poblados por sunitas, como se

puso de manifiesto con la vergonzosa derrota en Nínive de un Ejército de 30.000

hombres por unos millares de yihadistas internacionales, disciplinados, bien equipados

y –sobre todo- motivados, que conquistaron Mosul con pasmosa facilidad. El actual

Gobierno de Haider al-Abadi está tratando de reorganizar el Ejército con la ayuda de

Estados Unidos, pero el proceso es lento y, aunque ha logrado algunos resultados

positivos, necesita de la ayuda e otros países árabes –además del respaldo de

Occidente- para liberar a Irak de las hordas del EI.

            La clave del problema está en Siria y no se podrá solucionar mientras no se acabe de forma negociada con la guerra civil. El conflicto sirio no puede ser resuelto por la vía militar, sobre todo a causa de la presencia de numerosos contingentes armados que luchan unos contra otros, y sólo cabe una solución diplomática que no es nada fácil de conseguir ante la disparidad de intereses existente tanto dentro como fuera de Siria. Se trata de una guerra civil internacional en la que, a la actuación de las diversas milicias sirias, se añade la intervención de Rusia, Irán y Líbano (a través del subrogado iraní de Hizbollah) a favor de al-Asad, y de Arabia Saudita, los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, Turquía, Estados Unidos y la UE en contra. Las dos conferencias diplomáticas celebradas en Ginebra en 2012 y 2013 bajo los auspicios de la ONU fracasaron por el empecinamiento de Rusia e Irán en apoyar el mantenimiento en el poder del carnicero Bashar, cuyo Ejército está masacrando a su propio pueblo. El creciente protagonismo del EI ha hecho que las posiciones enfrentadas se suavizaran y se produjera un ligero acercamiento, como se puso de manifiesto en la Conferencia de Viena de Octubre de 2015, en la que Rusia e Irán matizaron su apoyo incondicional a al-Asad y aceptaron su eventual salida del Gobierno, y Arabia Saudita y Estados Unidos renunciaron a exigir la exclusión inmediata de éste, y aceptaron una negociación entre el régimen sirio y los rebeldes moderados. Existe, pues, alguna esperanza de que se desbloquee la situación en la II Conferencia de Viena prevista para principios de año. Como ha apuntado Rashid, las conversaciones previstas entre 21 naciones ofrecen la primera oportunidad real de que se alcance un objetivo político común, cual es la lucha contra el EI, para lo que es esencial que los árabes encabecen este esfuerzo, se agrupen y presenten un frente unido. A estos efectos, los dirigentes de diversas facciones rebeldes –con exclusión del EI y el Frente Al-Nusra- se han reunido recientemente en Riad y aceptado iniciar negociaciones con representantes del régimen sirio en base a las recomendaciones de la Conferencia de Ginebra-I, que preveían la formación de un Gobierno de transición sin al-Asad dentro de un marco temporal a fijar por la ONU. Los participantes apoyaron la creación de “un mecanismo democrático favorable a un régimen plural que represente a todos los sectores del pueblo sirio”. Bashar ya ha reaccionado afirmando que no tiene la menor intención de abandonar el poder y habrá que ver si Rusia e Irán aceptan presionarle para que no torpedee un posible acuerdo.

España es objetivo del Estado Islámico

 

            España es uno de los objetivos de los movimientos yihadistas, que ya la atacaron de forma irracional y sangrienta en el 2004, y el riesgo de atentados ha aumentado con el auge del EI y la presencia en su territorio de algunos de sus agentes, la mayoría de los cuales han podido ser detectados y reducidos gracias a la eficaz labor de los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad. Además del reforzamiento de las medidas internas de seguridad y del mantenimiento de la unidad frente al terrorismo de las distintas fuerzas políticas, es indispensable la cooperación internacional. Nuestro país –miembro leal de la OTAN y de la UE- tiene que asumir sus compromisos internacionales y, si el EI comete una agresión, ayudar a los agredidos con todos los medios a su disposición, sin recurrir a la inaceptable excusa de la necesidad de obtener previamente el consenso de todos los partidos. Como ha afirmado Pedro G. Cuartango, no hay más opción que enfrentarse militarmente a unos bárbaros que pretenden acabar con nuestra cultura y nuestros valores mediante el terror y, si nuestros aliados nos lo piden, el Gobierno debe estar dispuesto a luchar contra el EI con los medios necesarios. A juicio del Embajador Cardona, si los Gobiernos europeos no reaccionan a tiempo y no se conciertan para aniquilar ese embrión del EI que asuela Siria e Irak, la escalada de violencia será inevitable y, tal vez, irreversible. El nuevo Gobierno que surja tras las elecciones deberá esforzarse en hacer pedagogía política para que la sociedad española comprenda que tiene que contribuir con sus propios medios para defender su soberanía y que no puede abdicar de sus compromisos internacionales en la lucha contra el terrorismo yihadista.      (Madrid, 14-XII-15)

Por
 
José Antonio de Yturriaga

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