Mercado flotante del pueblo de Ganvie en el lago Nokoue, cerca de Cotonou, Benin. Muchos migrantes llegan a este país a hacer base antes de seguir hacia Europa, aunque algunos deciden quedarse. Crédito: David Stanley/CC By 2.0.

Mercado flotante del pueblo de Ganvie en el lago Nokoue, cerca de Cotonou, Benin. Muchos migrantes llegan a este país a hacer base antes de seguir hacia Europa, aunque algunos deciden quedarse. Crédito: David Stanley/CC By 2.0.

 El año pasado, Mohamed Keita regresó a Malí tras trabajar seis años en Libia. Pero los últimos 18 meses los pasó preso, detenido por las fuerzas de seguridad cuando, junto con otras personas, estaban a punto de cruzar el mar Mediterráneo rumbo a Europa en una embarcación precaria.

 

Después de seis meses en una cárcel libia, de donde salió traumado, lo repatriaron a su país, pero en cuanto llegó, supo que podría quedarse.

Su casa estaba en la central región de Mopti, con una pobreza generalizada y donde todavía nadie en su pueblo tiene electricidad.

Sus padres viven en la capital, y según relata, “aun en nuestra casa de Bamako, el agua corriente y la electricidad son un lujo. Y cuando llueve, las inundaciones dejan muchas personas muertas”, relató el joven.

“Esas cosas, además de los conflictos armados y del terrorismo, te obligan a irte lejos en busca de una vida mejor y de paz”, apuntó, secándose el sudor de la frente por tras su trabajo en una obra en construcción a las afueras de Cotonou, en Benin.

En Malí, donde este domingo 29 habrá elecciones, estalló un conflicto en 2012, cuando el grupo tuareg Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad se alzó en armas con fines separatistas.

El presidente Ibrahim Boubacar Keita, elegido en 2013 tras la intervención francesa para instalar la paz en el país, declaró en la última semana de julio que Malí no es un país conflictivo, a pesar de los últimos atentados terroristas, reportados por la agencia de noticias AFP.

Como no hubo una mejoría social ni económica, Keita, de 26 años, decidió seguir camino y se fue a Benin, otro país de África occidental.

En Cotonou, un lugar con mucho movimiento, comparte una pequeña habitación con otros seis extranjeros de África subsahariana, que esperan seguir camino hacia el norte con el objetivo de llegar a Europa.

Benin, ¿nuevo centro de inmigración ilegal?

Bamako atrae a mujeres que llegan de todo el continente a comprar telas codiciadas para hacer los tradicionales vestidos africanos. Los negocios están en auge porque la carga impositiva para las pequeñas empresas no es alta.

También resulta un destino atractivo porque se dice que casi no hay xenofobia ni acoso policial. En febrero, el gobierno eliminó la exigencia de visa para los ciudadanos de 31 países africanos a fin de desarrollar la cooperación Sur Sur.

Benin, de bajos ingresos, siempre fue un país de tránsito para los migrantes de la región que partían en busca de fortuna hacia la República Democrática del Congo, Congo y Angola.

Pero también fue una parada obligada de los emigrantes de África central que se dirigían a Marruecos, Argelia y Túnez con la idea de, quizá, seguir a Europa.

Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2015, 2,1 por ciento de los 11 millones de habitantes son inmigrantes, la vasta mayoría procedentes de países vecinos, de Nigeria, Togo y Níger.

“Cotonou es un buen lugar para hacer negocios porque se puede conseguir 100 por ciento de ganancia de cualquier cosa que vendas aquí”, comentó a IPS la comerciante Marthe Mavoungou, a punto de abordar un avión para regresar a Brazzaville.

La vecindad de este país con la potencia económica de Nigeria también contribuye al auge del sector privado, pues grandes volúmenes de productos que llegan desde Lagos pasan por Benin.

Gran error

“Si eres negro en África del norte, te tratan de forma injusta y no tienes dónde quejarte”, explicó Keita, quien se fue de Malí a los 20 años, sin haber terminado la secundaria, hacia Libia, donde trabajó realizando tareas domésticas.

Keita sufría casi a diario abusos, explotación y agresiones raciales, pero se animaba diciéndose que todo acabaría cuando abordara el barco rumbo a Europa. Pero no fue así.

“Lloraba cuando me detuvieron y, al mismo tiempo, estaba enojado conmigo mismo por haber hecho lo que consideré el peor error de mi vida”, relató.

“El viaje fallido costó 1.500 dólares, todos mis ahorros conseguidos trabajando en la construcción en Libia”, precisó, emocionado.

Pero Keita tuvo suerte. Y aunque no pudo llegar a Europa, por lo menos está con vida.

“Solíamos escuchar malas noticias de amigos que se habían ahogado en el mar. La muerte nos llegaba mientras esperábamos nuestro turno. Algunos incluso comenzaron a drogarse para combatir el estrés. Era como esperar el Día del Juicio Final”, añadió.

La Organización Internacional para las Migraciones informó este mes que tan solo en una semana habían muerto 218 emigrantes en dos naufragios distintos.

“Mi mensaje es que todos debemos concentrarnos en salvar vidas y proteger los derechos de los migrantes”, subrayó Lacy Swing, director general de la OIM.

La agencia informó que este es el quinto año consecutivo en que casi 1.000 personas murieron o desaparecieron cuando trataban de cruzar el Mediterráneo.

Casi 48.000 solicitantes de asilo e inmigrantes llegaron a las costas europeas en los primeros meses de este año, según datos de la OIM.

Un informe divulgado en marzo por la oficina de Derechos Humanos de la ONU, señala que 6.500 personas están presas y miles más están confinados en instalaciones estatales o en manos de paramilitares.

A principios de este año, Médicos Sin Fronteras dijo que unos 800 migrantes en centros de detención de Libia vivían en condiciones cada vez más deterioradas.

Muchos migrantes pudieron regresar a sus países con el apoyo del programa de Retorno Humanitario Voluntario, de la OIM.

Algunos prefieren quedarse

Ousmane Bangoura, quien vivió en Marruecos cuatro años preparando su viaje a España, ahora vive en Cotonou, donde vende ropa usada en el mercado de la ciudad de Dantokpa.

“Los árabes odian a los negros sin ningún motivo y usan nombres despectivos para llamarnos. Todo el mundo está en contra nuestra, incluso los vecinos. Además, la prensa local aviva la xenofobia con coberturas subjetivas y discriminatorias”, relató.

Sin embargo, Bangoura, originario de Guinea-Conakry, dijo que se quedará en Benin porque se puede ganar la vida y mandar dinero de vez en cuando a sus padres mayores.

Algunos analistas están convencidos de que la ciudad podrá convertirse en otra Agadez (la puerta del Sahara), la norteña ciudad de Níger, donde las fuerzas de seguridad llevan adelante una dura campaña para erradicar a los grupos responsables de trata de personas y frenar a los migrantes que buscan llegar a Libia.

En el marco de esa iniciativa, aplaudida por la Unión Europea (UE), también se confiscaron varias armas y se detuvo a varios traficantes.

Para Keita, el sueño de vivir y trabajar en Europa no murió. Pero lo hará de forma regular, cuando llegue el momento correcto. Por ahora está contento de quedarse en Benin y ganarse la vida en este país de África occidental.

Traducción: Verónica Firme

http://www.ipsnoticias.net/2018/07/benin-base-de-migrantes-africanos-antes-de-seguir-rumbo-al-norte/

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