Cambio de rumbo en el curso secesionista

11 Octubre 2017 74 votos

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Tras la comparecencia de Carles Puigdemont en el parlamento catalán, hacer un pronóstico sobre los próximos acontecimientos se antojaba arriesgado, y debatir sobre si de sus palabras se desprendía o no una declaración de independencia, inmediata o diferida (que le pregunten a Cospedal, experta en diferir lo impostergable), se antoja irrelevante al día de hoy, en que lo que prima son las reacciones sucedidas a la oferta de diálogo, precisamente lo que se le ha pedido al Govern desde distintos ámbitos de la sociedad.

 

 

 

 

Los acontecimientos trascurridos desde el día 1 de octubre, la manifestación ampliamente secundada en Barcelona el pasado domingo por los ciudadanos contrarios a la independencia, la llamada al acuerdo desde distintos puntos de la geografía y, sobre todo, las reacciones de las empresas catalanas en su decisión o aviso de trasladar su sede social a otros territorios lleva a concluir que el President tenía en su comparecencia un difícil papel: no traicionar a quienes confiaban en su proclamación de la independencia y, al mismo tiempo, evitar la reacción de una parte considerable de la opinión pública catalana (no restó importancia a la masiva manifestación del pasado domingo), soslayar la fuga empresarial y transmitir calma en los mercados de capital. Nadar y cuidar la ropa, un sí pero no que no ha contentado a nadie, y que se plasmaba en los rostros de los independentistas reunidos en las cercanías del parlamento al ver desde la pantalla habilitada el discurso, recordando a las de los aficionados a un partido de fútbol, cuando aun vitoreando el gol del equipo de sus colores un gol rival hace silenciar al auditorio.

 

 

 

La posterior intervención en el parlamento catalán de la jefa de la oposición, Inés Arrimadas (una política de raza, llamada a ser la cabeza visible de la derecha española), sin ambages en su apoyo a las medidas gubernamentales más contundentes (destacar la mención que hizo a las palabras de Oriol Junqueras, en el pasado, al decir que la fisonomía de los catalanes está más próxima a los franceses, suizos e italianos; y las del resto de los españoles más próxima a los portugueses; añadiendo, a continuación que ella se siente catalana, española, europea..y andaluza), dieron paso a la intervención posterior del representante del PP, García Albiol, mucho más torpe, con un mensaje similar, y convencido (quizás sea una opinión no compartida) de que el presidente catalán ayer estaba rendido por los acontecimientos, y notoriamente debilitado.

 

 

 

La intervención de Puigdemont  necesita de un razonamiento sosegado en orden a prever las futuras alianzas, las empatías dentro del Estado y en el ámbito internacional, y la contundencia de las medidas a adoptar por el gobierno de Mariano Rajoy. En este sentido recordar que las cuentas de la Comunidad Autónoma están intervenidas y que la situación no podrá perpetuarse durante mucho tiempo. No cabía esperar nada del Ejecutivo cuando el portavoz del PSOE, –actor principal y necesario en los apoyos a las decisiones de Rajoy–, José Luís Ábalos, manifestó ser propenso al diálogo dentro del marco legal actual, enrocándose, de este modo, en una postura que no tiene salida, sin siquiera mencionar un cambio legislativo pactado en orden a una conciliación futura de las diferentes posiciones.

 

 

 

Hoy, sin embargo, a pesar de la breve aparición de Rajoy llamando a la definición a Carles Puigdemont, para que responda si ha declarado o no unilateralmente la independencia, y de las consecuencias y respuesta del Estado de Derecho, Pedro Sánchez ha intervenido públicamente manifestando haber acordado con Mariano Rajoy la apertura de un proceso de revisión constitucional próximamente.

 

 

 

Con la ambigua declaración del President y las palabras del líder del PSOE, llega, por fin, una bajada de tensión necesaria, y un cambio de rumbo. No puede ser casual el reparto de declaraciones entre Rajoy y Sánchez; una llamada al orden y un ofrecimiento de diálogo, eso sí, con nulas posibilidades de transigir en la unidad del territorio. De este modo, podrían verse contempladas una gran parte de las aspiraciones de la ciudanía catalana, la que se posiciona por un encaje constitucional diferente, y podría aunar a esa parte de la que a menudo se habla: la que es independentista en las últimas horas por las políticas del Gobierno.  

 

 

 

Puigdemont ha vuelto a llamar al diálogo, sin condiciones, pero sabe que sus pretensiones soberanistas nunca serán contempladas.

 

¿Se habrá fracturado definitivamente el bloque secesionista?, ¿buscará nuevamente el bloque de Junts pel Sí, el apoyo necesario de la CUP, o quedará aparcado momentáneamente el independentismo?, ¿quién representará el voto secesionista, hoy huérfano?, ¿retornará Puigdemont con un mensaje claro y diáfano acorde con sus intereses secesionistas?

 

No tengo respuestas, pero espero que los acontecimientos ocurridos sirvan para que en el futuro, sean cuales fueren las decisiones a adoptar, se tomen con la máxima cautela y consenso, buscando el beneficio de la sociedad en su conjunto.

 

 

 

 

 

Antonio Pérez Gallego

 

Madrid

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