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Las ideas es mejor tenerlas organizadas, y con ellas, todo lo demás, incluidos los calcetines en el cajón de los calcetines. Dios no quiera que como la misma naturaleza o, digamos, que sería mejor sin algunos de sus desmadres, y recordemos para el inventario a la naturaleza humana -pues tendemos a ver el paisaje sin nosotros ocupar lugar en este jardín de las delicias-, el lugar que nos corresponde sentados en la mesa de las barbaridades, la que el Bosco llamaba de los pecados. Lo que tiene de bueno es que, tomado con humor, es tronchante, es fantástico. Ciertamente, no sé cómo entender algunas manifestaciones y vaivenes. Y en ese ir y venir, ahora río, ahora lloro de risa, pero he de confesar que con pena, no otra cosa.

 

 

Ir a las virtudes teologales y cardinales desde la perspectiva de la ética resulta a veces un ejercicio de humildad muy recomendable, también echar una ojeada a los pecados capitales –sin valorar cuál debe ser para cada cual lo que entienda como correcto, que aquí no hay nadie estricto ni hablamos de moralidades- para tener en nuestra conducta, en nuestra relación con la vida, la prudente y justa medida, también en nuestras manifestaciones. Centrémonos en estas últimas, pues esto es un periódico, aunque tengo en cuestión sus criterios de censura, pues la única frontera que debe tener la libertad de expresión, la única, es la de la falsedad y la mentira manifiesta, cabe todo lo demás. Incluso el insulto cabe, aunque mejor con gracia, y si no se tienen mejores maneras que el insulto chabacano, si no hay esfuerzo en el ingenio, adelante, aunque siendo así, se pierde el argumento y el discurso no vale nada, se queda en intrascendente y prescindible. De ahí que devolver el soneto no es otra cosa que rimar el verso. Pero en fin, estamos en ver donde coloca sus fronteras el editorial de ‘Xornal de Galicia para el Mundo’, que a mí me queda por entender. Estuve a punto de ofrecer que se publicara el corto y la foto censurados para que cumpliera la editorial con lo que yo creo satisfaría lo esperado de un periódico sin ambiguas posiciones e indefinición ante lo que es o no publicable. Lo que menos importa es lo que diga o no diga ese papelito y la foto, el tema es otro. Con ello, estuve por proponer, a la vez e inmediatamente, con un Confiteor Deo omnipotente previo y compungido, pedirle yo inmediatamente, al verlo publicado, lo retirara el director con mis súplicas arrepentidas, salvando ‘Xornal’ la cara y la censura, para conocer yo entonces, y a quien interese, su definición editorial y criterios, salvo que, quizás, pueda usted redactarlos públicamente con mejor detalle para saber cuál es el medio y su trayectoria hasta el último día, hora y minuto de editorial. Las fronteras son una línea finísima que separan dos geografías, de lo contrario no sabríamos si estamos en España o Portugal; si es una banda entre dos márgenes, en esa tierra de nadie cabe el subjetivismo, y nos encontraríamos dando la extremaunción a Montesquieu que, señor director de ‘Xornal’, está ya muy delicado de salud. El subjetivismo solo preside tribunales arbitrarios muy lejanos de la libertad de prensa y de expresión (cierto que en capítulos distintos, por injerencia interesada de unos poderes en otros, o mejor, de uno en los demás). A mí no se me ocurre negar a nadie que diga lo que quiera decir, me limito a contestar, cierto que exponiendo mis opiniones. Para mí es este tema más serio, por ser absoluto y universal, por definitorio, que los hechos y situación de Cataluña y España (siempre nos olvidamos de la pareja española). Muchos ya se encargan de arreglar este asunto, muy serio, claro, ya se me entiende -tanto que llevo unos cuantas páginas intentando dar criterio y alguna perspectiva más allá de la simple toma de posición-, también según se esté a un lado u otro de la frontera –ahora hablamos de otras fronteras- al albur las ideas de cada cual, pero carentes algunos de todo argumento, disfrazando su discurso elucubrante de magisterios sin sentido. Hoy he leído a un señor que dice escribir libros y se apoya en ellos –mala referencia para apoyar nada si se apoya en sí mismo, lo que permite suponer que también costeará la publicación de su propio bolsillo- unas frases mezclando al presidente de Cataluña con sesenta millones de muertos (incluso aparecía Ribbentrop; menudo lío con el Kim Jong-Il, el Kim Jong-un y solo faltaba el Kim Il-sung, el abuelo; el otro, el catedrático –que ya lo conocemos- hablando de hordas violentas, y todos, esperando que lo arregle la pareja de la guardia civil ), claro, así, no hay más opción que dar de comer aparte y reír, sentir la tristeza que antes le decía y el desencanto frente a este panorama. Pues en estas perspectivas, lo mejor es refugiarse en algunas virtudes que nos suelen indicar el buen camino. De la caridad, con criterios éticos, tomemos para el asunto que tratamos, el concepto de respeto entre los que disentimos, pero claro, sin dejar de entender que no estamos bendiciendo el agua de las picas, ni en un noviciado esperando convertirnos en monjas, que la de los hábitos es otra tela y aquí hablamos de lo que hablamos; y nos valgan la palabra como medio y las libertades por donde discurre aun entre controversias, como únicos instrumentos, y con ellas, podamos usar todas las que están en el diccionario o quepan por el agujerito de una cámara, salga lo que salga en la foto y adonde lleve el camino, que ya somos mayores, y aquél que no esté dispuesto a estas controversias y, según las normas del toma y daca, a recibir respuesta contraria, no vaya a por lana quien no acepte poder ser trasquilado; o el alguacil, señor director, alguacilado, y viceversa, que aquí no hay nadie refugiado en parroquia. Y con ello. Que Dios reparta suerte, prudencia, justicia, fortaleza, templanza y lo que quiera repartir. Pero que Galicia y Cataluña -no pondremos que sean lo que Dios quiera, que no hay que tomar el nombre de Dios en vano-, pues cerrando los ojos, suele usarse para el abandono y la aventura, sino lo que quieran los gallegos y los catalanes; y así, punto y seguido para cualquier tierra y geografía, lo que la gente decida, la gente, el único lugar donde reside la soberanía, sin otras injerencias que las legítimas fronteras que alcance la libertad de las personas, con libertad de prensa –de información- y libertad de expresión incluidas, que todas las fronteras son las mismas.

 

JOAN LLOPIS TORRES (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

 

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