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federicojimenezlosantosYa perdonarás, quien seas el que lee estás páginas (sólo sé que eres lector del “Xornal de Galicia”), pues siempre hablo de mí mismo. Todos lo hacemos. Lo hacemos directamente o, como dicen los espías, lo hacemos en ‘el negativo’: todo deja huella. Es lo más fácil, así no me complico en líos ni fingimientos; y nunca queriendo, aunque, es cierto que sin querer, ocurren todos los accidentes y todas las desgracias.

 

En cualquier caso, piénsese lo que se quiera sobre cualquier asunto y defiéndase a ultranza, siempre que sea con tinta y dejando a los demás que hagan lo mismo, pero sin aceptar que los que están al otro lado de cualquier frontera del pensamiento, destruyan siquiera una sola idea ni las aspiraciones de otros imponiendo el suyo como único criterio. (Léase a Diego Hurtado de Mendoza u otro. Nada ni nadie en concreto ya que, para conocerla y para pasar el rato, hay que tomarse la Historia, no para crear ideología. La Historia no ha de ser un instrumento y menos, utilizarse caprichosamente, o sin capricho siquiera. Ningún significado ni interpretación, se haya escrito bien o mal -según haya interesado a cada uno, vencedor o perdedor- no debe utilizarse torcidamente, pues esa es la tragedia de la Historia.

Es una narración de victorias y derrotas, de vencedores y vencidos y no solo cabe el mal uso, sino que desde posiciones ideológicas, desde todas ellas, no se hace otra cosa. Siquiera es cierto que aquellos pueblos que desconocen su Historia están condenados a repetirla. La Historia y los errores se repetirán sin duda ninguna hasta el fin de los días, aun con las alarmas de aquellos que la explican a su manera para justificarse a sí mismos, usándola como coartada del mismo pasado y como espantajo del presente, ignorando que hoy en día la misma Historia está escribiéndose a sí misma ignorando la intransigencia, la mentira, a los intransigentes y a los mentirosos; y a aquellos que justifican su ideología en la Historia, cuando es su ideología la que falsea la Historia para que aquélla tenga justificación; otra vez, la de imponer el futuro a la gente, cuando es injustificable.

Sin embargo, hoy la Historia está escrita en un horizonte adónde no alcanzan aquellos hombres, que aun siendo muchos, como las jaurías, sus cortos intereses no disimulan ya su mezquindad) –así pues, da igual por dónde entretenerse con el pasado, a lo que hay que estar atentos es al presente, a mañana, a pasado mañana y a todos los días que vendrán. Quería contar que a mí, este hombre, don Diego Hurtado de Mendoza, cuando me enteré de que “En 1547 fue nombrado gobernador y capitán general de Siena y embajador en Roma, pero el Papa, Julio III, exigió y consiguió su relevo en 1551”, ya me cayó simpático; dejando de lado, por ahora irrelevante, ‘La guerra de Granada’, su propia biografía y el lío de autor del ‘El Lazarillo de Tormes’.

A mí, que se eche a alguien de cualquier lugar, conociendo que las necedades siempre se refugian en otras necedades, me resulta interesante (La única inteligencia que tiene la estulticia, es la sagacidad para esconderse entre los afines que la ocultan (o la aplauden como si no fuera ignorancia para esconder la suya propia) –Citemos a Groucho Marx “yo nunca me haría socio de un club que estuviera dispuesto a aceptarme” y “Si don Diego Hurtado de Mendoza estuviera hoy vivo, todo el mundo hablaría de él, pues tendría 514 años”) Quién fuera Julio III, tampoco interesa aquí más que para lo que estamos hablando. Julio II hizo pintar la capilla Sixtina (estuvo bien)

Lo que me intriga es ese ’y consiguió’, aquí falló alguien (no me refiero a Julio III que seguro que iba a lo suyo), ¡alguien se aflojó! Como sea Felipe II, ya tenemos otro enredo que aclarar (Don Diego no escribió el Lazarillo de Tormes, vale. Después de todo, él era andaluz y no parece lo más verosímil –le hubiera sido más afín ’El lazarillo de Guadalete’ digamos; ‘El lazarillo del Tinto’ hubiera estado acertado más que ‘El lazarillo del Odiel’ pues entonces ya se hacía el vino de las uvas.- y a Felipe II le pilló el asunto un poco temprano, pues le faltaban cinco años para reinar) El IV regaló el norte de los Pirineos, el V repartió decretos de Nueva Planta y repartió ‘a palo seco’ transitivamente sin discriminar complementos directos; y el VI, de momento, con lo que dicen que ha estudiado, no nos ha salido republicano, qué le vamos a hacer (qué le habrán echado a leer a este hombre.

¿Con los libros que hay, cómo se puede ser monárquico?

Hay que leer libros que no te den a leer o cualquiera. Pero, eso no, no te pongas es.radio, que ya nos vale de tanta comedia –‘compórtate’ viene a querer decir-, que hacer comedia es no ser serio. Bien, ya tenemos a Felipe II aceptando las exigencias del Papa (cosa que no nos ha gustado nada, pues hay que tener amor propio -orgullo honrado-, da igual que fuera su padre Carlos I quien se aflojara, pues rimamos en consonante Felipe y para eso están las licencias) y tenemos, a Felipe II pues, emparentado con Fedeico Jiménez Losantos, ayer comunista, hoy ‘liberal’ -dice él y así se presenta-, conocido premonitoriamente en la Historia de España del futuro, como ‘El de la Memoria Histórica’ para reflejar la intransigencia de esta España mediocre, vulgar y atrasada, disfrazada de modernidad en la era digital, impidiendo cualquier restauración de la verdad y enterrar a las víctimas dignamente con respeto a los asesinados y a sus familiares, muchos hoy también fallecidos; y el escarnio y la vergüenza de tener todavía hoy muertos enterrados en los campos y en las cunetas de las carreteras.


”Felipe II - Valladolid, 1527 – El Escorial, 1598. Rey de España (1556-1598). A excepción del Sacro Imperio Germánico, cuya corona cedió a Fernando I de Habsburgo, el rey y emperador Carlos V legó todas las posesiones europeas y americanas que constituían el Imperio español a su hijo Felipe II, que pasó a ser entonces (como ya lo había sido su progenitor) el monarca más poderoso de la época. Conocido solamente, hasta el veinticuatro de agosto de 2017 como el rey Prudente, hasta que –Primicia mundial de “Xornal de Galicia para el Mundo”- se le añade ‘e Inocente’, por causa de no haber tenido que ver en el asunto de la flojera ante Julio III por la expulsión de Hurtado” (Qué fácil es confundirse hablando de Historia, ¿no?)
¿Se imagina que España en aquellos años (para entendernos, siguiendo con las asincronías, con lo sabido hoy) hubiera sido luterana, o peor aún, que hubiera sido directamente inglesa, eso sí, siendo ‘nosotros’ españoles? Digo ‘inglesa’ para que se entienda ‘sin escrúpulos ni vergüenza’; que ‘hubiéramos’ sido de otra manera, no beatos como Felipe II y toda aquella España de procesiones. Y la de ahora, pues esos meapilas están dichos en concepto amplio y seguimos en el bar, en el periódico de cabecera, huyendo como de la peste de Federico Jiménez Losantos y en verano. Yo, cuando cojo un taxi, antes de subirme, le digo” ¿Pone usted es.radio?, si me contesta “¿Cómo dice?”, le digo “Vale, lléveme”. Incluso si me dice “No se preocupe, que la quito”, le digo “No, no se moleste, vaya usted con Dios”. Catalán, en Madrid, ¿con un taxista que lo primero que te dice antes de ¿adónde va? es ¿de Barcelona? (¿escuchando las mañanas…?) El suicidio está prohibido en el Código Penal, no sólo en los Mandamientos de la Iglesia, y aquí, en este bar, somos todos devotos, parroquianos, feligreses y muy asiduos de misa diaria.
Lo triste, es que usted ha aceptado al leer hace un instante, también imbuido por el viento del oeste, que mi antagonismo con Federico Jiménez Losantos y tantos otros, -ya sabemos de qué estamos hablando (que de eso va el escrito)- es por el hecho de ser yo catalán, no por criterio (¿cierto?), cuando aceptado ese folclore que lleva el viento, él hace del tópico, de la nada, categoría, confundiendo, quizás a un buen hombre, con un discurso carente de rigor, pasando por intelectual e ilustrado, él que, negando la misma definición del término, se ha instalado desde hace medio siglo al lado del no entender y del desprecio (que es no querer entender, que es lo mismo que no saber) Qué importa de dónde sea cualquiera.
Ningún libro es necesario y todos lo son sin excepción; hay que huir de los hombres de un solo libro aunque los hayan leído todos y escrito unos cuantos (un hombre de un solo libro, es peligrosísimo). Las biblias son peligrosas si no se leen otros cien libros más al día. Yo he estado en casas de ‘pastores’ y no he visto un solo libro, sólo la Sagrada Biblia, nada más.

No me meto en pedregales -‘a propósito’ sería mejor decir-, pero es inevitable. En este mundo, cuando abrimos la boca ya nos prevenimos de lo que decimos y lo que no debemos decir (que no es lo mismo que lo que no queremos decir) Y siendo estas fronteras mercado libre sin aduanas ni aduaneros -para no estar atentos a contrabandos entre una cosa y la otra-, lo mejor es tomárselo a barra libre e ir al asunto procurando acertar en alguna coma, sin más preocupaciones.

Teniendo cuidado en que lo importante es el punto medio. Lo digo para no darles la importancia que no deberían tener esta gente -¡los años que llevan haciendo daño!- Ya ves, amigo, buscando el barlovento, cuando lo cómodo es dejarse llevar por el viento como estos pájaros.

 El señor Federico Jiménez Losantos es un tipo curioso. No se puede hacer ver que no está, porque siempre está en alguna parte (Intereconomía, el Mundo, libertad digital…). A los de su cuerda les encanta Federico Jota Losantos como les encanta Pedro Jota Ramírez, qué le vamos a hacer, es así (se rascan la espalda unos a otros -los catedráticos, ya se sabe. Malo sería de entender que se confesaran entre sí ‘somos una pesadilla’ Y ya nadie les contradice por la nula relevancia intelectual del asunto. Pero Jiménez Losantos –con otros- merecen ya unas conversaciones. Federico se dedica invariablemente a enseñar a los ‘escolares’ el ‘catecismo nacional’ con una única memoria, una memoria que les confunde la realidad, creen vivir en el siglo y medio de Oro, con Quevedo, móvil, aire acondicionado y en Teruel, pero en Madrid. Creen que España debe anclarse en su Historia y ése ha de ser su futuro, viven de las maravillas que ha dado la Historia de España (maravillas) pero hay que leerse a Panero: “Voz en flor, aroma inusitado de la espada, ruinas que dan lugar a una flor” y seguimos en esas ruinas, no en las flores, ese es el engaño.

El nuevo Moisés trasnochado que conducirá con el maná de sus ideas a España, otra vez, a un solo Destino y siempre el mismo; y siendo el mismo, también trasnochado por los mismos irrespirables desiertos de España (a hoy mismo -de nuevo).Dicen y dices de ti mismo que eres culto, pero yo creo que estás entre los españoles más ignorantes de los que tengo conocimiento. Ello por una sola razón, porque eres un hombre que desprecia. He estado a punto de poner que eres un hombre que odia, pero el odio podría  entenderlo como inevitable, irreprimible, incluso como algo inmediato e impulsivo, o larvado esperando venganza (pero aún así, entendible por enfermizo), el odio suele ser más justificado y justificable que el desprecio; el desprecio es algo calculado, conocedor de sí mismo, despreciable y soberbio, de mala gente,  no se entiende en personas como Dios manda,  esforzándose muchas personas, precisamente, en despreciar solo el desprecio.

El desprecio a la miseria, al hambre y al frío, al miedo y al abuso, a la humillación, a la discordia, a la imposición, a la manipulación y a la mentira (Y a la falta de memoria histórica) El discurso de Federico Jiménez Losantos no tiene relieves, es monolítico sin contrastes, pétreo, nunca escucha, no entiende, es un discurso satisfecho de sí mismo, jacobino, corto y repetido, con algún adorno que se reduce al tópico, al hartazgo, y de ahí rehace el discurso, lo elabora a su medida; en la radio le vale para predicar a los conversos, es un discurso que no va a ninguna parte más que a hacer daño, o peor, a evitar transcurrir por caminos que conduzcan a alguna parte sin vencedores y vencidos donde podamos evitarle, a él y a esa España que aún vive añorada de ultramares, centralista y asfixiante, sus caminos no llevan nunca al encuentro. Por poner un ejemplo sencillo, él no puede entender que no hace falta que los toros sean ‘la fiesta nacional’ (no ya que los quiten), no es necesario tanto ‘nacional’, otras fiestas nacionales tenemos y algunos echáis gasolina ofreciendo el mechero, siempre los mismos. A mí me entusiasman las historias de toros y toreros.

Hemingway las cuenta muy bien, pero no es cuestión de historia sagrada decidir donde se torea y donde no, y si la gente no quiere toros, pues se acabaron los toros allí donde no los quieran, eso es todo; no sabéis de otra, por ignorancia (la España dividida de hoy es vuestra culpa, como antes lo fue de vosotros mismos con otros nombres, no habéis dejado que la gente hiciera su camino, predicando a Robespierre (sois ‘anti todo’ que no sea ‘Madrid’, comparables en intransigencia a cualquier dictador español o sudamericano de la peor calaña, o peor, pero como eres leído, confundes a los despistados. Federico Jiménez Losantos es lo más alejado de un intelectual. Es un predicador de un solo libro, de un libro que se sabe de memoria, cierto (primero fue comunista de bandera y comunista catalán -ahora lo viste de antifranquismo hablando catalán con paja en la boca al tiempo que la escupe-. Es un ‘cura’ con las intransigencias de la extrema derecha (hasta ahí ha hecho camino) que hace ‘ejercicios espirituales’ para la derecha desde la radio y en ‘esa’ prensa digital y de papel disfrazado de liberal. Es un fanático. Federico Jiménez Losantos es un hombre para olvidar, un hombre de esa España que nunca se acaba, la que desprecia a los españoles que no piensan como ellos y sean, a la vez, ellos mismos, ese ‘Madrid’.
JOAN LLOPIS TORRES (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

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