Abandonado a un sueño

14 Agosto 2017 166 votos

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Me resulta ajeno, en cierto modo incomprensible, saber lo que se va a hacer en la vida, en esta vida diversa en dónde –aunque sea más una utopía que una realidad– se nos ofrecen multitud de alternativas (bueno, no siempre, la verdad) pero, no me digáis que no os sorprende la certeza de quienes supieron adónde ir, lo que iban a hacer en los próximos años, lo que estudiarían o cuál sería su profesión. Sí, sé que los planes a veces se diluyen tan pronto como se idearon, que muchas veces no se termina lo que se comienza, que distintos factores intervienen en el resultado, o que a medida que avanzamos la idea original sufre transformaciones, a veces hasta significar lo contrario.

 

No sé cómo comienza la adhesión, de qué forma se comienza a saber aquello que se concreta en un propósito, si se es consciente del sacrifico que supone llegar, o de la renuncia ante las alternativas. Y no me refiero tan sólo a las grandes metas: también me desconcierta la decisión de un momento, la certeza de una reflexión, el planteamiento absoluto, la inexistencia de la duda.

“¿A ver Jorgito, tú qué quieres ser de mayor?” En la pregunta de nuestros mayores se contiene la temprana incitación a tomar el rumbo de nuestra futuro, la esperanza de dirigirnos en la senda de lo que ellos se  propusieron, su última posibilidad de alcanzar los sueños rotos por las dificultades.

“¿A ver Jorgito, todavía no sabes lo que quieres ser de mayor?” Seguramente no has asimilado las lecciones y los ofrecimientos que se te hicieron, y la indecisión se castiga en una sociedad de abejas obreras y una sola reina. ¿Quieres ser la reina (o el rey, no se molesten los sexistas)?

Oirás anécdotas de sufridas obreras que en base a su esfuerzo consiguieron su propósito. Los libros de autoayuda te dirán que si quieres puedes, que no hay que abandonar y todo se consigue si se persigue seriamente. Son las mismas o parecidas proclamas que oirás, una y otra vez, si alguna vez trabajas para una gran empresa y se busca tu máximo rendimiento.

Las metas que todos desean son accesibles para los que están posicionados en primera línea de salida, y si no has tenido fortuna al nacer (o eres guapo y sabes sacarle partido) cubrirás los espacios que otros dejaron, que no quisieron, Pero no debes preocuparte, a pesar de tu mala suerte siempre hay alguien peor que tú.

Y, cuando ya sabes lo que quieres: “papá, quiero hacer…”, afirmas esperando satisfacción “pero bueno, ¿cómo se te ocurre?, de eso no se come, ¡quítate esos pájaros de la cabeza!”

La vida ofrece muy buenos momentos y ocasiones para disfrutar; claro que, si tu objetivo es tener un Ferrari y una mansión en Marbella tus opciones se reducen, si no perteneces a una familia rica, a entrar en política o robar (algunos no ven la diferencia) y si te cogen deberás afirmar con convicción –entonces sí– que lo has heredado o tienes una mente privilegiada para las inversiones en renta variable.

Profesionalmente, no cabe la duda, el tiempo apremia y si no queremos ser unos muertos de hambre deberemos actuar y movernos con rapidez en los años en los que se fragua el porvenir. Se conseguirá o no, todo dependerá de multitud de factores y condicionamientos.

Amén del posible error de la elección y su trascendencia por el momento en el que fuimos capaces de advertir que recalamos en puerto extraño, de la dificultad de volver sobre los pasos, aquí y ahora me interesa saber los libros que no leímos (lo siento, amigos, mal asunto si ni tan siquiera fuimos capaces de descubrir estos placeres), la música que no escuchamos, las voces que desatendimos (la nuestra propia) y los abrazos que no dimos ni recibimos. Porque la falta de propósito, de enfoque, la arbitrariedad y la dispersión, tienen un coste. Pero al final todo se resume en algo muy sencillo. Y, si consigues tu meta, una pregunta te rondará:

Bueno ya he llegado y ¿ahora qué? 

Hubo un tiempo en el que se alinearon los astros y lo tuve claro: quería ser portero (no como Íker Casillas, yo siempre que tocaba suelo me arañaba las rodillas) Tendría nómina, me proporcionarían vivienda, el trabajo era sencillo y dispondría de mucho tiempo para leer. Expié a uno de ellos; observé el trabajo que tendría que hacer; había que limpiar el portal a diario (lo hacía la parienta, yo entonces no era feminista), pero…había que hacer demasiadas loas y genuflexiones a los propietarios. Y eso no es lo mío.

Como dicen los versos de Joan Manuel Serrat:

“Hacer tuyo el camino, que tuyas son las botas”

Antonio Pérez Gallego

 

Madrid

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