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La multiplicación de cámaras de seguridad en las ciudades de todo el mundo, hace pensar en ese ojo que todo lo ve y nos vigila para que, supuestamente no quebrantemos las leyes del Gran Hermano, cuando en realidad es una forma desleal e ilícita de control invasivo de nuestra intimidad.

 

 

Si bien hay otro Ser que nos vigila y anota todo lo que pensamos, obramos u omitimos: es el gran Dios que un día nos ha de juzgar bajo la base de unas exigencias y dones que su mensajero, Jesucristo vino a darnos junto con su muerte sacrificial para que, si aceptamos, entremos en la felicidad del Reino eterno. Este Dios-Amor, preocupado hoy más que nunca por el destino de la Tierra, bien podría enviarnos este mensaje:

 

 

 

“Todo cuanto sucede es por culpa del pecado que ha tomado fuerza y vigor a medida que el hombre se ha alejado de Mí, de Mis medios para transmitiros paz, alegría, bondad, misericordia, ganas de hacer el bien. Pero eso, vosotros, no lo entendéis y pensáis, más bien, que el católico practicante es un ser de otra época que no ha comprendido el avance tecnológico y científico del cual la humanidad ha tomado un nuevo rumbo en el que Dios no aparece, porque es, aparentemente, si no molesto, al menos innecesario. Pero a medida que el tiempo pasa y os alejáis cada vez más de Mi perspectiva de vosotros, más os sumergís en el modo de pensar de Satanás, el cual quiso prescindir de Mí para erigirse él mismo, en otro dios.

 

 

 

Y, ¿qué le sucedió? Pues que se convirtió en un rey, sí, pero de un reino de horror y tortura, porque dónde no está Dios, no puede haber nada de lo que vosotros apreciáis: belleza, bondad, bienestar, cariño, alegría. Y allí, en el Infierno, sólo hay desolación, miedo, perturbación inmensos, al no haber alcanzado, ya sean los demonios o los hombres que allí van a parar, su verdadero fin: Yo, y por tanto, Conmigo, han perdido toda posibilidad de ser felices y sí, en cambio, han encontrado toda la desesperación que alguien puede sufrir, y por toda la eternidad.

 

 

 

El mundo necesita ser despertado en esta hora próxima a su final, final en el que acabará la maldad y el pecado, y con ellos, los que los procuran, esto es, habrá una limpieza que abarcará cada isla y continente puesto que la hora de Dios está cercana y nadie la podrá detener”.

 

 

 

Clara Jiménez

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