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Hoy, en el bar, hay mal ambiente. Suele pasar, a ratos algunos días (Digamos que los bares y las procesiones son vecinos y primos hermanos de sangre y arrabal, a ver qué pasa) Es día de San Vianney, presbítero francés, y, a pesar de francés (démosle juego), buena persona (Los santos no tienen patria, apuntemos, echándole de todo a la olla). De él se ha dicho (Frase atribuida a San Pablo; no al obispo Arriba y Castro, curiosamente) una de las maldades más grandes que he oído (no sé a qué bares va usted, pero en el mío se oye de todo...): "Dios ha escogido a lo que no vale a los ojos del mundo para confundir a los grandes" (... con decirle que las banderas ondean con hache y calavera, pues...")   Me confieso a Dios omnipotente: ¡Confiteor Deo...! ¡Virgen Santa!. A los grandes se les saltan las lágrimas cuando lo leen.
Yo mismo vivo en el trópico (cierto), rodeado de palmeras (son mangos), disfrutando de mi fortuna, millones de dólares (verdes) arrancados a la vida a fuerza de sudores, trabajando. Pero ahora... confundido... san Pablo... ¡Qué me dices!
Un paciente esperó siete horas para ser atendido en las urgencias de un hospital, lo avisaban por megafonía, pero era sordo… (Torrecárdenas, Almería). Qué debía pensar la que lo llamaba "¡Este tío está sordo!" (En contrapartida, a veces, los campaneros son mancos). Podríamos sugerir que instalaran un expendedor de números para las visitas... Llega un ciego a la consulta  y, como no hay megafonía... No pasa nada, le pide por favor al vecino sordo del bar que le saque el número. El vecino de ese arrabal que lleva tres intentos en las últimas semanas, harto de todo, le dice que se dirija a una azafata de vuelo y que no maree. Y así seguimos en esta 'Procesión de la Sangre', rezando al santo del día, mientras los grandes se desesperan.

Un soldado de los antiguos Tercios de Flandes, Enrique de Ochoa Gavaldá y Macip, me ha escrito una carta, breve, pero, gracias a Dios, mal intencionada. Yo le escribí hace tiempo hablándole de aquellas "xornadas" y de este 'xornal' explicando sin ningún reparo que a mí los callos ya me valen, si el tinto es bueno. En aquellos tiempos las sardinas literarias iban de tres en tres para mal explicar cómo el Loto Dorado se convirtió en Nifades y ganó un Sant Jordi, hasta aquel entonces el Nobel de las letras catalanas, independiente  de Lope, de Quevedo y el Parnaso. Me invita a la mesa ‘Umbral’ del café Gijón (Bonita mesa de cadáveres) a tomar el vermut.

'En la mesa de cadáveres, nadie dijo nada', no diría nadie después. No menciona quién paga el gasto. Por lo que yo sé, en la lista de Contemporáneos, Umbral era de los que se levantan, se envuelven la bufanda y dicen buenas tardes. Yo me inclino a ir acompañado de Rossana  Azuera y de Chema. Ya se entenderá quién tiene las piernas como la secretaria del alcalde de Jerusalén (de imágenes de rossana azuera la farándula, y de más imágenes de rossana azuera la farándula); de él, para que no se sienta menostenido, diremos que también tiene piernas. El actor dice "Me enseñaron a no decir nada y a escuchar";  puesto en otro escenario y escena, entrevistado por la periodista de xornal ("Actor entrevistado no dice nada y es aceptado inmediatamente en la mesa ‘Umbral’ de los cadáveres") A pesar de las Enseñanzas, dice más: “Actuar es cosa de personas” (Como sigamos así, nos vamos a sentar en silencio unos cuantos, sin mencionar que si todos dejamos hablar a los demás y los demás no dicen nada, seguimos en las mismas y callados en silencios mutuos) Actuando Alberto Closas en un teatro de Madrid, alguien del público no paraba de toser; al final, encomendándose a san Vianney, se acercó al proscenio y le dijo al que tosía “¡Caballero, al teatro se viene tosido!” (No dijo que a la calle se sale educado y sin toser, que eso es para los japoneses, que parece que van operando por la calle) Pues si los actores tienen que estar en silencio, y el público, tosiendo o con palomitas, en cambio, tiene barra libre, lo mejor será que los actores actúen en el patio de butacas y el público se coloque en el escenario; aunque ignorando por la confusión y aquí sí, tosiendo por la polvareda, quién va actuar hasta definir ‘persona’ y aclarar el asunto, y siempre representando, por castigo paulino, eternamente, a Cassius Marcellus Coollidge, fumándonos un puro,  bailando bajo la lluvia, haciendo la Gürtel, dándole al bate o jugando al poker, todo con cara de perro y en silencio, como pintados, para completar el trío de monitos (o de sardinas) con los dos de la consulta de Torrecárdenas, uno no oye, otro no ve y el otro calla. (Por no hablar del lloro, del mico i del senyor de Puerto Rico) Los actores, fuera del teatro, a decir el texto en silencio y a callar hasta que sean actores ('personas') consagrados o hasta tener, en las entrevistas, algo que decir. O bien, contestar a la primera pregunta: "A mí me encanta largar" "A ver" "¿De qué va esto?". 

   Joan Llopis Torres (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. )

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