CONVERSACIONES CON MANUEL

Xornal de Galicia  22 Julio 2017 111 votos

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Dicen que cuando cae una bomba atómica, lo mejor es andar hacia el centro del impacto (el hongo ayuda a no perderse). No sé yo, si cuando un avión cae en barrena, hay que andar pasillo adelante para tomar tierra antes. Los consejos, aunque casi nunca se piden, se dan al que va a sufrir las consecuencias (así que se supone que usted va a viajar en ese avión).

 

 

 

 

Visto a la inversa, el ejemplo es Coruña. Así de sencillo. Sí, la Coruña que decía el torero estaba lejos, que la que estaba en su sitio, donde debía estar, era Sevilla (aunque veterano y sobrero había triunfado aquella tarde, lejos y con nostalgia de su casa), definiendo perfectamente con otros diálogos –a lo torero- la relatividad, la globalización y el amor patrio.

 

Toca decir que en la vida se puede tener un buen amigo o dos, a veces tres; pero este tercero suele ser el que te da el codazo cuando te estás tomando el primer sorbo de cerveza, justo el más fresquito; te cuenta las tonterías y nunca acaba yendo a la Argentina (en barco) cuando te hace falta en Buenos Aires (para tomarte la cerveza a gusto, en solitario). Puede ser el más entrañable.

 

Yo tengo un amigo en Coruña, cosa seria, Manuel. Hombre bueno y sabio (dicho así, parece poca cosa, quizás debería poner mayúsculas: Bueno y Sabio). Solemos hablar de economía. De la economía de bolsillo. Y, él, habla de Coruña y del Señor Amancio Ortega Gaona (Fabián Estapé decía que hay que poner el segundo apellido. No sé si por respeto a las madres o porque era hijo de ferroviario. De todas maneras, seamos correctos y respetuosos con lo correcto y respetable -El Gaona, pues, es mío) Lo que no es estrictamente necesario es llamar señor continuamente a todo el mundo, pues no hacerlo no quita importancia ni respeto, si éste se lo merece y el que habla no es un despistado, como suele suceder. Sólo, siempre, hay que tratar como corresponda al Obispo de Calahorra, y siempre, como mínimo de señor obispo. Por ejemplo, se puede hablar de Amancio Ortega, sin poner Gaona ni señor, siempre que se sobreentienda y en todo caso; y siempre quedando claro que otras ocurrencias corresponden a quienes pasado mañana van a inventar la paella, y, más claro, a tontos de pueblo, se tomen las cervezas donde se las tomen (metáfora de ubicación del sinsentido). Esos no son mis bares.

 

Pues, así como se tiene médico de cabecera, yo soy más partidario de tener bar de cabecera. Tengo docenas repartidos por todas partes. Uno por ciudad. Sea Casa Paco, el Dry Martini o como se llamen. Donde estoy a gusto y tranquilo. Eso sí, habría que darles a algunos cobertura mental de cabecera por alguna mutua (reflexión paciente y continuada), no psiquiátrica, que esos enganchan y tampoco hay que incurrir en maldades.

 

Qué bonitos eran antes los pueblos. Las instituciones locales eran diferentes. La más entrañable y que yo recuerdo como muy querida era la de tonto del pueblo. Aquí, me refiero a otro tipo de tonto. El Ayuntamiento debería sacar a concurso el puesto. Y aquellos que mostraran ser capaces de la mayor ignorancia y disposición a faltar al respeto, a no entender nada de nada y a saltarse sin lógica todas las lógicas como les dé la gana, darles el puesto. A todos. Hay donde elegir. De hecho, si meditamos con reposo, veremos que ya lo ha hecho.

 

En España, algunos tienen pocos problemas para despachar el pan. Para despacharse. En esa harina, simularemos que no sabemos de liturgias ni de tumultos de monaguillos repartiendo sabiduría o señalándonos el horizonte de la acuarela. Pero tonterías, como dice un amigo mío, las justas.

 

 

 

También he de decir -por lo que vendrá-, aclarado que el pan es una cosa muy seria, que yo aprendí de mi madre los múltiplos, en particular los del cuatro, antes que a sumar y restar, pues en casa éramos cuatro y se ponía en la mesa el bacalao de manera que todo el mundo sabía de qué iba la cosa. Por cierto, mi madre está en el Cielo y yo estoy en Lagos, donde me cruzo todos los días con veintidós millones de personas. Eso sí que es un múltiplo.

 

 

 

Visito Coruña de vez en cuando, para comer el mejor pan del mundo y estar con unos amigos a los que deberían bendecir, mejor si puede ser por la fortuna (sin desmerecer al señor Obispo). De lo demás ya tienen, ya he dicho que son una familia, la de mi amigo Manuel, si se me permite.

 

 

 

Pero, como habrá que ir acabando, tendremos que explicar cuál es el asunto y por qué tanta torna previa. Pues conocida Coruña y por las tertulias con Manuel, me resulta extraño saber de las críticas al señor Amancio Ortega Gaona; cuando no, del Amancio Ortega, así, en plan de tú o aquél, con argumentos extraterrestres que no comento pero merecen unas líneas desde un punto de vista que -al tiempo que soy testigo diario de una miseria dramática, no hablaremos de leones y jirafas -esto no es el National Geografic-, sino de toyotas y mercedes y tecnologías avanzadas en contradicción con las noticias que tampoco informan de ella realmente, pero vemos en las calles. Presencié, como algo corriente, a un médico en el hospital reñir exaltado a los padres de una niña de siete años, muerta consumida por la malaria en aquel momento (la medida más pequeña de tiempo, es el instante de morirse) Ocurrió dos meses después de que los padres se la llevaran del mismo Centro, diciendo que rezarían para curarla (eso es frecuente: curar rezando y los viernes, milagro), porque al no tener dinero ni para el médico ni para medicinas, finalmente murió. Le daban vueltas los ojos, pidiendo "mama uoter" "mama uoter". El médico insistía que no se le diera agua. Ofendido, gesticulaba como en el teatro, como si no supiera que el problema era la factura. La factura. Los médicos trabajan, Dios cura. Esa es la leyenda.

 

 

 

Vale, hablemos de deslocalización, condiciones laborales y salarios en países en desarrollo.

 

 

 

Veamos el contravalor de la divisa y las retribuciones de las clases medias -que son, con criterio amplio patatero, las que tienen un salario fijo (la administración pública y empleados). Con muy poca industria, en Nigeria, el 70%/80% de los recursos provienen del crudo -que se refina fuera para los consumos interiores, con costes innecesarios- van íntegramente a pagar gastos generales del Estado, sin destinar recursos a crear desarrollo. La agricultura, el 20% restante, es de supervivencia en buena parte. O sea, sin crudo, no habría prácticamente PIB. Poca broma. (para el 2050, se prevé una población de doscientos millones de personas). Para incentivar la producción interior, se prohíben las importaciones, incluso y preferentemente de productos básicos, como las de pollo, por ejemplo (más caro que en España, cuando aquí un salario es veinte veces inferior, no 20%; difícil de entender, si los motivos no fueran obvios. En España se consumen veintitrés kilogramos de pollo por español y año (algo más que de marisco). En Nigeria, junto con el arroz, es un alimento básico y no se produce más que insuficientemente para una población de ciento setenta millones de habitantes (al mismo nivel comparado de consumo, se deberían producir 3910 toneladas/año (ni de largo!) Antes, el pollo entraba masivamente de contrabando; ahora, implementada una medida monetaria, nadie puede obtener dólares del Banco Central de Nigeria sin documentar su destino (dando por supuesto que tenga las Nairas que hagan el cambio. Naira: moneda local. Con sólo documentar, no te dan un dólar, el optimismo no vale para estos asuntos). Como el import-export se transacciona en dólares, controladas pues las importaciones prohibidas (bien hecho), por menor cantidad de producto en el mercado en consecuencia, suben los precios (mal hecho). Controlar las importaciones fraudulentas sin incentivar y conseguir aumento en la producción interior, encarece los mercados. Curiosamente, la corrupción mantenía los precios. ¡Bravo! (hay corrupciones que se dividen por dos, duplicando los salarios. Si en Noruega dividen los salarios por dos, seguro que se duplica la corrupción (en España el asunto es serio, y los tontos de pueblo confunden el horizonte con el paisaje, mezclándolo todo). Acabo. Una recepcionista de hotel que trabaja dieciséis horas diarias y duerme detrás del mostrador, al cambio, gana en algunos casos de explotación -con tasas de paro superiores al 50%- doscientos euros al mes o poco más, sin derechos laborales. Te rompes una pierna, si no tienes dinero, nadie te enyesa. No trabajas, no cobras ¿nos vamos entendiendo? ¿Qué le critican al señor Amancio Ortega? Que en países con economías desestructuradas, alguien que crea riqueza y miles de puestos de trabajo, alcanza, inclusive y a pesar de los cortafuegos de la regulación ética empresarial, aun dando trabajo en economía subcontratada -de ahí la pérdida de control- a seguir creando más riqueza y más puestos de trabajo, pues corrija quizás, si ahora eso les da para la demagogia, las relaciones laborales indirectas; y, por lo poco que yo sé, las empresas que usted relaciona -en crecimiento y con altos beneficios-, comoquiera que también subcontratan, lo hacen abusando de la necesidad de algunas pequeñas empresas que luchan por sobrevivir (cierto, ése es el punto, como diría un navarro y yo coincido). Nada grave ni que tenga que ver con otros ruidos. Mire, haga que esas subcontratadas (en todas partes y geografías) suban los costes de proveedores un veinticinco por ciento (pongamos), y yo subiré ese veinticinco por ciento al respeto y admiración que ya le tengo. Eso, con mi disposición, a escote, de contribuir a la estatua que se disponga (con mucho gusto). No hablamos, señor Ortega, de marcas ni de tiendas (ni es el caso, ni interesa ahora), hablamos de personas, a palo seco. Si usted regula al alza los costes de proveedores subcontratados por subcontratados, con el índice puesto en la repercusión en salarios, mi amigo Manuel, que ya se ha adivinado es un pequeño empresario subcontratado, dice que si usted dejara Coruña, ya podían cortar la luz; no atiende a tonterías, que además de Buena persona es Sabio; lleva a sus amigos, como hizo conmigo, a ver la primera nave donde usted inició su empresa, donde están desmontando unos terrenos cercanos, contando lo beneficioso que es usted para Coruña y para más allá del horizonte del horizonte.

 

 

 

Que no se me olvide. En Nigeria se harían rogativas y se agradecería en todas las lenguas locales conseguir trabajo, aun en niveles de microeconomía que, a pesar de ello, permitiera subsistir a muchas familias que ahora sencillamente no tienen nada ni futuro, y les saltarían las lágrimas de risa si escucharan los reproches que hacen los anticapitalistas a empresas que inmersas en las condiciones de mercados globales cumplen con sus derechos y obligaciones.

 

 

 

Concluyamos pues que los tontos de pueblo están para que se les rían las gracias y nos salten las lágrimas. El problema es que creen que exagerando, quedan mejor (Yo presenté un amigo a mi mujer. Éste le dijo que "estaba ‘maravillado’ de conocerla". Mi mujer, sorprendida por el exceso, le dijo que "no había para tanto". Y yo, como aquél que no estaba, le dije a mi mujer "me lo has quitado de la lengua". Estuvo una semana sin hablarme. El conocido ni se enteró, estando en lo que seguro creyó muy acertado). La cuestión es la medida de las cosas. No pasa nada. Y si usted, el año que viene es el doble de rico, pues mejor, eso implica previamente muchas cosas buenas. ¡Qué tendrá eso que ver! ¡Y encima, ahora, se pone a llover!

 

 

 

Joan Llopis, Lagos, Nigeria.

 

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