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Ha fallecido Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid, don Miguel, el amigo de José María Aznar, el gurú de las finanzas, el causante de uno de los mayores escándalos que aún hoy mantiene secuestrados los ahorros de miles de personas incautas, ingenuas o avariciosas (de este último adjetivo sabemos mucho los estafados de Fórum y Afinsa, hoy prácticamente olvidados)  

 

 

No soy partidario de pronunciarme sobre el mal ajeno, por mucho que aquél protagonice o encarne las más diversas atrocidades, aunque sus decisiones hayan lastrado el futuro de miles de personas. Es más, no solo no lo celebro sino que lo lamento. Pero, lo lamento porque me hubiese gustado que su responsabilidad penal fuese decretada por un tribunal. Pero claro, ya sabemos de la lentitud de la Justicia. Bueno…, lo sabe hasta el Gobierno, aunque no destine medios económicos ni humanos para solucionarlo.

 

Hoy, en cuanto la noticia ha salido en los medios, me ha parecido (mis disculpas por anticipado si peco de malévolo o conspirador) que se ha intentado muy pronto transmitir la idea del suicidio –a pesar de que alguien ha apuntado que es muy difícil pegarse un tiro en el pecho con una escopeta de caza–, que su muerte se ha producido “poco después” de conocerse la sentencia que le condenaba a seis años de cárcel por las tarjetas black (hace cinco meses, recurrida ante el Supremo y con perspectivas favorables para los intereses del condenado, según el propio Blesa), como se ha dicho en las noticias de tve1, en un intento por contatenar ambos episodios: condena y suicidio (por cierto, ¿para cuándo la prometida renovación de la cadena en su objetivo de volverse más plural?) Pero lo más repugnante (perdóneseme la expresión) han sido, según las declaraciones de un periodista próximo al PP, las declaraciones –siempre según su propio testimonio–  del entorno de FAES y del PP lamentando el suicidio y planteando un debate sobre el escarnio público a que ha sido sometido Miguel Blesa, cuando era increpado cada vez que salía de su domicilio.

 

¡Hasta aquí podíamos llegar! Lo siento mucho, discúlpenme si después de oír esto último me cuesta contenerme especialmente, porque ¿va a resultar ahora que los estafados por las preferentes, que las víctimas, muchas de ellas engañadas por el entramado que ha rodeado a la política de endosar las preferentes (hasta su última consecuencia, incluso con quienes no tenían formación financiera para conocer lo que les estaban endosando) son ahora responsables del trágico final de Miguel Blesa?

 

Y, ¿Por qué?, ¿por decirle sinvergüenza y ladrón al no disponer de sus ahorros y ver como uno de los máximos responsables andaba suelto?

 

¡Hasta aquí hemos llegado! ¡Basta ya!

 

Sí, lamento el triste final de don Miguel; es más, no deseo el mal de nadie, pero no debemos perder la perspectiva, y las víctimas de su gestión no merecen, después de lo que llevan penado, las declaraciones del entorno del Partido Popular.

 

Dicho esto, descanse en paz

 

 

 

Antonio Pérez Gallego

 

 

 

Madrid

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