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José Antonio de Yturriaga Barberán

Embajador de España

Resumen

Según Jesús García Calderón, Presidente de la Academia de Bellas Artes de Granada,el Brexit no es el principio de nada, sino sólo el final de una relación que nunca estuvo asentada sobre el campo de la verdad. Es la mala decisión de un jugador muy torpe, que despreció su descarte para confundir nuestra apuesta y ahora, cuando el farol ha fracasado, la UE no debe soltar la presa. El tiempo dirá si lleva razón. Por el momento, voy a examinar como se presenta el inicio de las negociaciones entre la UE y Gran Bretaña para hallar una solución la petición de divorcio de ésta a aquélla..

 

Posición de Gran Bretaña al inicio de las negociaciones sobre el Brexit

 

Al tiempo que estaba en camino la carta que invocaba el artículo 50 del TUE, la Primera Ministra británica, Theresa May, declaró en el Parlamento de Westminster que no había vuelta atrás y que el Reino Unido iba en el futuro a tomar sus propias decisiones y a adoptar sus propias leyes. Señaló que, junto con las condiciones de la retirada, negociaría al mismo tiempo los términos de la futura relación de Gran Bretaña con la UE. “Trataremos de concertar un ambicioso y atrevido acuerdo comercial que permita el intercambio más libre posible de mercancías y servicios entre Gran Bretaña y los Estados miembros de la Unión, que ofrezca a las empresas británicas la máxima libertad para comerciar y operar en los mercados europeos”, afirmó la Premier.

 

En su misiva al Presidente del Conejo Europeo, Donald Tusk, May desarrolló estas ideas y añadió otras. En cinco ocasiones, destacó la necesidad de establecer los términos del futuro partenariado entre el Reino Unido y la UE, al mismo tiempo que se negociaba las condiciones de su salida de la Unión. Además, puso al mismo nivel la cooperación a la que aspiraba en el ámbito económico con el de la seguridad, llegando a mencionar hasta en once ocasiones que el comercio iba de la mano de la seguridad. Dejó caer una velada amenaza, al afirmar que Europa tenía la responsabilidad de defender el libre comercio y que “la seguridad de Europa es hoy más frágil que en cualquier otro momento desde el fin de la Guerra Fría, por lo que debilitar nuestra cooperación para la prosperidad y seguridad de nuestros ciudadanos sería un craso error”. May subrayó que era necesario “poner a nuestros ciudadanos en primer lugar”, minimizar innecesarias disrupciones y evitar incertidumbres, tener en cuenta la relación única existente entre su país y la República de Irlanda e iniciar unas conversaciones técnicas por sectores con miras a alcanzar un amplio Acuerdo de Libre Comercio.

 

Posición de la UE al inicio de las negociaciones sobre el Brexit

 

Con las respuestas dadas desde distintos ámbitos de la UE se han puesto de manifiesto las profundas divergencias existentes entre los dos campos sobre la negociación. El Consejo Europeo ha señalado que la primera medida será adoptar las directrices para la negociación.”La Unión actuará de forma concertada. Nuestra primera prioridad será reducir al mínimo la incertidumbre causada por la decisión del Reino Unido para nuestros ciudadanos y empresas, y los Estados miembros. Vamos a empezar centrándonos en todas las disposiciones claves para una retirada ordenada”.

 

Donald Tusk ha presentado un proyecto de instrucciones, que deberá ser adoptado en la reunión del Consejo Europeo prevista para el 29 de Abril, y cuyas principales sugerencias son las siguientes: Estima que habrá niveles de disrupción provocados por la decisión adoptada por Gran Bretaña y no por Bruselas Descarta negociar simultáneamente la retirada de Gran Bretaña y la conclusión de un Acuerdo Comercial con la UE, “que se concluirá una vez que el Reino Unido haya dejado de ser Estado miembro”. No habrá negociaciones sobre un Acuerdo comercial mientras no se hayan logrado “avances suficientes” sobre los derechos de los ciudadanos y las obligaciones financieras pendientes del Reino con la UE, correspondiendo a la Comisión Europea decidir cuándo se han logrados dichos avances. Mientras sea miembro del club, Gran Bretaña deberá garantizar los derechos de las empresas y los ciudadanos comunitarios, y asumir los compromisos financieros aceptados durante su etapa de Estado miembro, incluidos los que aún no se han materializado. El acceso al mercado único no se negociará sector por sector, sino de forma global. Nada quedará acordado hasta que todo haya sido acordado. La UE trabajará denodadamente para lograr un acuerdo, pero se preparará para manejar la situación si las negociaciones fracasaran. Una vez que el Reino Unido deje la UE, ningún acuerdo concertado entre las dos partes podrá ser aplicado en el territorio de Gibraltar sin un acuerdo entre España y el Reino Unido. Un Estado no miembro de la UE, que no tiene las mismas obligaciones que los Estados miembros, no puede disfrutar de los mismos derechos y beneficios que éstos. Cualquier Acuerdo futuro deberá contar con mecanismos adecuados para impedir prácticas de dumping fiscal, social o medioambiental. Los compromisos de los que el Reino Unido querría liberarse a partir del 29 de Marzo de 2019 podrían prolongarse más tiempo, ya que el futuro Acuerdo comercial podría tardar varios años en entrar en vigor. La UE contempla la posibilidad de establecer una fase transitoria entre el Brexit y la entrada en vigor del nuevo Acuerdo, pero –si éste se basara en la prolongación del acerbo comunitario- Gran Bretaña debería asumir sus obligaciones y compromisos con la UE, incluido el sometimiento a la jurisdicción del TJUE. Al presentar su propuesta, Tusk señaló que las conversaciones serán “difíciles, beligerantes a veces”, pero que ambas partes deberán esforzarse para que “el divorcio sea lo menos dañino posible.

 

El proyecto de instrucciones está bien estructurado y es bastante completo y firme, por lo que es de esperar que sea aprobado sin cambios mayores por el Consejo Europeo. Varios Presidentes de Gobierno –incluidos Angela Merkel y Mariano Rajoy- ya han expresado su apoyo. En s reunión del 5 de Abril, el Consejo Europeo señaló que era importante garantizar un trato justo y equitativo a los ciudadanos que viven en el Reino Unido y en los países miembros de la UE, y que Gran Bretaña seguirá siendo miembro de la Unión hasta su salida oficial, lo que conllevaba derechos y obligaciones, incluidos los compromisos financieros que vayan más allá más allá de la fecha de su retirada. Advirtió contra cualquier intento de vincular un futuro Acuerdo comercial a condiciones de seguridad y descartó el establecimiento de unas relaciones económicas “a la carta”, basadas en acuerdos sectoriales.

 

Declaraciones del Ministro español de Asuntos Exteriores

 

El Ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, ha hecho al diario “El País” unas declaraciones poco afortunadas por ser demasiado condescendientes con Theresa May. Ha manifestado que vamos hacia una “negociación secuencial” y que lo que la Primera Ministra ha dicho era que la retirada y la conclusión del nuevo acuerdo “deben ser acordadas a la vez, no necesariamente negociarlas en paralelo”. Habría que preguntárselo a ella, aunque para mí ha sido bastante clara y explícita al respecto. La idea es que el futuro estatuto del Reino Unido tras su salida de la UE sea lo más parecido posible al que tiene ahora. Aunque no podrá estar basado en la libre circulación, “ya tenemos regulaciones para terceros países que están muy cerca del estatuto de un ciudadano de la UE”. ¡Para este viaje no se necesitaban las alforjas del Brexit y los grandes perjuicios causados y por causar con la estampida británica!. España está más cerca del Brexit blando. “Queremos un acuerdo equilibrado, razonable y riguroso, pero si se van a ir del Mercado Común y de la Unión Aduanera será difícil que sea blando”. España quiere tener un relación estrecha con Gran Bretaña, “lo más cercana posible a lo que tenemos ahora”. Me parece bien, pero para ello no es preciso hacerle concesiones que no se merece. Dastis ha manifestado que las posibilidades de que no haya acuerdo eran muy bajas, ya que ambas partes saldrían muy perjudicadas en caso de que no se produjera, y que la actitud de May había mejorado con respecto a su discurso de Lancaster House, en el que dijo que prefería que no hubiera acuerdo a concluir un mal acuerdo. Cabe señalar, sin embargo, que May hizo en su carta una referencia explícita al citado discurso.

 

El Ministro ha afirmado que no ve amenazas ni chantajes en la misiva de May. El énfasis se ha puesto en que la carta vincula la consecución de un buen acuerdo comercial a la cooperación en seguridad y terrorismo, “una especie de comercio o terror”, pero la cooperación en seguridad beneficia tanto a la UE como al Reino Unido. “Yo no me siento chantajeado. Nuestra seguridad está en manos de Europa, no de Londres”. Más vale que su sentir esté fundado, aunque no parezca ser compartido por la UE, como cabría deducir de la advertencia incluida en la última resolución del Consejo Europeo. En todo caso, y puestos a precisar –de un Ministro de Asuntos Exteriores y experto jurista se espera mayor precisión-, la seguridad de España no depende de Europa, sino de la OTAN. Por otra parte -como ha observado la eurodiputada socialista Elena Valenciano-, en un divorcio en desacuerdo, la velada amenaza de May sobre la seguridad es como “jugar con los niños en una separación”.

 

Según nuestro Canciller, el Brexit obedece en gran medida a la situación interna británica, que no es fácilmente reproducible en ningún otro país. Los británicos entraron en la CEE a regañadientes, fueron siempre reticentes y ahora salen porque piensan que van a estar mejor fuera de la Unión.”¡Allá ellos!. La UE nació sin el Reino Unido y seguirá adelante sin él. España tiene claro que el futuro de la Unión pasa por una mayor integración” –que Gran Bretaña ha estado continuamente bloqueando, añado yo-. Los motivos del Brexit están basados en esa sensación tan británica “de estar en la UE, pero no ser la UE”. Dastis confía en que los 27 Estados miembros mantengan la unidad durante la negociación, porque “nos jugamos mucho”. La Comisión Europea va a negociar por todos ellos lo que sea competencia de la Unión e incluso los temas de competencia nacional también deberían ser negociados conjuntamente. “Si por alguna razón eso no cuaja, no renunciamos a nuestras competencias y a la posibilidad de complementar la negociación conjunta con una negociación bilateral, siempre que eso no perjudique a los 27”.

 

El Ministro se volvió a meter en terreno pantanoso al asegurar que España no veía, en principio, razones para vetar la entrada de Escocia en la UE. “Lo cierto –comentó Dastis- es que, cuando salga el Reino Unido de la UE, saldrá Escocia. Lo que pase en el futuro, ya veremos cuando pase, si pasa”. Si se independizara de acuerdo con Gran Bretaña, Escocia podría pedir su ingreso en la Unión, tendría que ponerse a la cola y “no habría motivos para oponerse si cumpliese los requisitos”. Esta posición es jurídicamente correcta, pero una afirmación tan taxativa por parte de un Ministro de Asuntos Exteriores es políticamente incorrecta, cuando el Gobierno español –como el propio Dastis reconoce- “no defiende fragmentaciones ni secesiones” y se ha opuesto al reconocimiento de Estados escindidos -como Kosovo- para que no sirva de precedente a una eventual declaración de independencia por parte de Cataluña o del País Vasco.

Sorprendente reacción británica en la cuestión de Gibraltar

No deja de ser curioso que la mayor reacción que ha provocado en el Reino Unido el proyecto de instrucciones haya sido la referencia a Gibraltar, que ni siquiera había sido mencionado en la carta de May a Tusk. El antiguo Presidente del Partido Conservador, Michael Howard, invocó el precedente de Margaret Thatcher en la Guerra de las Malvinas:”Hace 35 años, otra mujer y Primera Ministra mandó una fuerza de choque a la otra punta del mundo para defender la libertad de otro pequeño grupo de británicos contra otro país de habla hispana…Estoy absolutamente convencido de que nuestra Premier mostrará la misma resolución”. Nuestra Armada es suficiente para inutilizar a los españoles clamó el Almirante Chris Parry, henchido de ardor guerrero, y nada menos que el Ministro de Defensa, Michael Fallon, anunció “urbi et orbe” la intención del Gobierno de su Belicosa Majestad de “proteger a Gibraltar hasta el final”. ¡Menos mal que España es socio militar del Reino Unido en la Alianza del Atlántico Norte, porque, si no, las playas de Marbella y de Sotogrande se podrían convertir en escenario del desembarco de los infantes de marina británicos!. El Secretario del Foreign Office -el sin par “clown” Boris Johnson- manifestó solemne y poéticamente que “Gibraltar no está en venta” y que el apoyo del Gobierno británico al Peñón seguiría siendo “implacable y firme como una roca”. Algo más moderada, Theresa May se ha visto obligada a unirse al fervorín patriótico y afirmar que su Gobierno trabajará para “asegurar el mejor resultado del Brexit para Gibraltar”. Pese a su olvido de mencionar la Roca en su carta de despedida lo -que la ha dejado en posición de desventaja a la hora de negociar-, May anunció que va a “involucrar totalmente a Gibraltar” en las negociaciones sobre el Brexit.

 

Dastis ha tratado de quitar importancia a esta explosión de comentarios bélicos, al señalar que alguien en el Reino Unido está perdiendo los nervios y la tradicional flema británica ha brillado por su ausencia, sin que hubiera la menor base para ello. “Traer a colación situaciones pasadas como la guerra de las Malvinas es sacar las cosas de contexto”. Hasta ahora, Gran Bretaña podía influir desde dentro en las posturas de la UE, pero en las negociaciones sobre el Brexit es ya un país tercero a todos los efectos. Gibraltar será frontera exterior de la Unión, pero ya está fuera del “espacio Schengen” y la situación no debería cambiar mucho. En efecto, la cuestión de Gibraltar ha condicionado de forma permanente las relaciones de la UE con la colonia y la Comisión Europea ha debido adoptar una posición de neutralidad ante el conflicto entre dos Estados miembros. Como ha señalado un funcionario de la Comisión,”se trata de un problema que viene de lejos y hasta ahora hemos tratado de escuchar a las dos partes. Ahora vamos a apoyar al Estado miembro. Es la filosofía detrás de todo esto. No pensamos que ninguno de los otros 26 trate de socavar la cláusula de Gibraltar”. Según ha observado un eurodiputado, “Gibraltar es ahora de interés europeo. España es de la familia y Gran Bretaña es alguien de fuera”. En consecuencia, el Consejo Europeo no ha prestado atención a las críticas británicas sobre está cláusula del proyecto de instrucciones y ni siquiera ha mencionado al Peñón en su última resolución. El Parlamento Europeo ha dado su Visto Bueno al proyecto de instrucciones sin mencionar a Gibraltar, pese a las enmiendas presentadas por los eurodiputados británicos y apoyadas por los nacionalistas catalanes. Cabe, pues, esperar que el Consejo Europeo sancione la cláusula sobre el Peñón al aprobar las instrucciones para la negociación en su reunión del día 29. Esta disposición reforzará la posición negociadora de España en su conflicto bilateral con Gran Bretaña sobre el Peñón. Cualquier acuerdo que concluya la UE con el Reino Unido no se podrá aplicar en Gibraltar sin el consentimiento de España.

 

Reflexiones con vistas al inicio de las negociaciones sobre el Brexit

 

Según el eurodiputado español y portavoz del Partido Popular Europeo en las negociaciones sobre el Brexit, Esteban González Pons, estas negociaciones van a poner a prueba los cimientos más profundos de la Europa comunitaria, por lo que es sumamente importante tener las ideas claras antes de empezar a negociar. A estos efectos, ha hecho unas atinadas reflexiones en su artículo “Ojo con el Brexit”, publicado en el diario “El Mundo”. El Brexit no puede significar una manera alternativa y más cómoda para Gran Bretaña de quedarse en la UE con lo mejor de los derechos y sin ninguna de las obligaciones. La negociación de su salida no debería desembocar en la concesión de un estatuto especial de pertenencia a la Unión. O está en la UE o no está, pero no se puede pertenecer a ella a medias.

 

El Acuerdo de retirada se alcanzará con todo el Reino Unido; es decir, Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. No cabe que una de sus partes – Escocia, por ejemplo- permanezca en la Unión mientras el resto se marcha. El caso de Gibraltar es diferente porque “no forma parte del Reino Unido. Es una colonia y, por lo tanto, su relación con la UE deberá negociarse después del Brexit”. Sólo habrá dos negociadores a la mesa: el Gobierno británico y la Comisión Europea.”El Brexit va a ser un proceso muy duro, por lo que el ‘fair play’ tiene ser muestra principal regla de juego, sobre todo porque –al siguiente día del Brexit- el Reino Unido seguirá ahí, no se habrá ido a ninguna parte. Y, por el bien de todos, debemos seguir siendo socios y aliados”.

 

Las negociaciones deben centrarse única y exclusivamente sobre cómo va a salir Gran Bretaña de la UE y no sobre la relación futura entre las dos partes. Ésta será, sin duda, una negociación importante, pero, en cualquier caso, posterior al Acuerdo de salida. El proceso habrá de ser lo más transparente posible y, a estos efectos, es fundamental que tanto el Parlamento Europeo como el británico no queden al margen del mismo. Por último, el tratamiento de los ciudadanos británicos y comunitarios debería ser la máxima prioridad en las negociaciones, porque, al final del proceso, “lo único que importará es si hemos protegido bien o no sus derechos”. Si al Reino Unido le preocupa cuál va a ser su futuro, “a nosotros debe preocuparnos cuál va a ser el nuestro. Cómo vamos a seguir construyendo Europa después del Brexit”. Europa debe volver a ser un proyecto lo suficientemente grande y ambicioso como para acogernos a todos, un proyecto que ilusione y que sea útil para todos los europeos. “Ese es el gran reto que nace hoy tras la activación del Brexit”.

 

Perspectivas de la incipiente negociación

 

Según Lorenzo B. de Quirós, el proceso negociador debería conducir a un acuerdo razonable que permitiese a ambas partes aprovechar los beneficios de la cooperación, pero este “desideratum” no parece fácil que se cumpla. La UE no hará un traje a medida para los británicos y éstos no aceptarán un esquema de relación similar al noruego o al suizo, que en la práctica tiene casi todos los costes de formar parte de la Unión y menos beneficios que los derivados de la plena integración. En la presente coyuntura, parece improbable que la racionalidad económica se imponga a la razón política. “El resultado será un juego de suma negativa…Todos perderemos”. No resulta obvio anticipar quiénes serán los ganadores y quiénes los perdedores tras la ruptura., pero “sus implicaciones son indudablemente negativas para la UE e inciertas para Gran Bretaña”.

 

No estoy del todo de acuerdo con esta valoración. Es obvio que, a corto plazo, ambas partes saldrán perdiendo, pero creo que el mayor perjudicado será el Reino Unido, pues, mientras aquélla perderá un mercado, éste perderá 27, entre los que se encuentran 7 de sus 10 principales clientes y proveedores: Alemania, Francia, Países Bajos, Irlanda, Bélgica, España e Italia. Gran Bretaña tiene, pues, más que perder en su larga marcha hacia ninguna parte, arropada en su arrogancia y sus ínfulas de gran potencia venida a menos. Gran Bretaña había conseguido un estatuto privilegiado en el seno de la UE, pero la estulticia de David Cameron al convocar un referéndum innecesario y su incompetencia en defender la permanencia en la Unión han llevado a la calamitosa situación actual

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Según Iñaki Gil, cabe esperar un Brexit duro, que ojalá dé una segunda oportunidad a la UE. Para el Presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, el Brexit puede ser positivo porque va a empujar a los europeos a trabajar juntos. Para ello es indispensable que los 27 Estados miembros se mantengan firmemente unidos, pues cualquier grieta en la posición común favorecería a un adversario extremadamente hábil en la negociación. “La unidad es nuestra fuerza. Juntos ganamos”, ha comentado. Habrá que jugar fuerte en la negociación para evitar el peligro del contagio, pues –como ha señalado el euro-diputado socialista Ramón Jáuregui- “hay que visualizar la factura y evitar la emulación”. Si se mantiene la unidad sin fisuras, la posición negociadora de la UE se fortalecerá de forma considerable y el Reino Unido tendrá que pasar por las horcas caudinas de las exigencias comunitarias o desconectarse de la Europa a la que –mal que le pese- pertenece, y quedar aislada en su ardiente soledad. Hace un siglo, Gran Bretaña era el principal protagonista de la globalización, pero hoy es sólo un simple eslabón en el proceso globalizador, por más que no se resigne a reconocerlo y siga soñando con sus pasadas grandezas.

Sevilla, 13 de Abril de 2017

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