En nuestra sociedad, cada vez son más habituales los problemas de ansiedad. El ritmo de vida acelerado, y las demandas del trabajo, contribuyen a que muchas personas estén en un estado casi constante de tensión, estrés y angustia durante gran parte del tiempo. Esto tiene importantes consecuencias psicológicas que repercuten sobre el bienestar físico y emocional del individuo.

 

No obstante, más preocupante aún si cabe, es el hecho de que cada vez sean más frecuentes los trastornos de ansiedad en personas jóvenes. Estos son un conjunto de desórdenes psicológicos que tienen como denominador común, la aparición de esta emoción negativa. Algunos de ellos son el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), la agorafobia, la fobia social, las fobias específicas, y los ataques de pánico.

Estos problemas tienen causas muy diversas, en la mayoría de casos son aspectos muy variados, en los que pueden influenciar especialmente la educación recibida, la personalidad, y la experiencias o traumas vividos en la infancia o adolescencia. La mayoría de gente, no ha recibido nunca información o asesoramiento acerca de las formas que existen para curar la ansiedad. Muchas veces las personas afectadas, no se plantean seriamente la necesidad de buscar la ayuda de un psicólogo, lo que hace que su problema perdure incluso toda una vida. Todos hemos aprendido una cantidad de información extraordinaria en el colegio, instituto y universidad, que en gran parte se nos olvida unos años más tarde. No obstante, no se nos enseña nada que pueda sernos de ayuda en el correcto manejo de la ansiedad, lo cual sería algo más útil que muchas de las cosas que aprendemos a lo largo de nuestra educación.

Es fundamental comprender que no estamos hablando de enfermedades físicas sino de trastornos de ansiedad, que esta es sólo una emoción negativa, un síntoma físico que se desencadena a partir de pensamientos negativos y los miedos que aparecen frente a determinadas situaciones. Cada trastorno tiene sus propias particularidades. En el caso de la fobia social, es el hecho de enfrentarse a la presión social de tener que hablar con desconocidos, hablar en público, y todo el conjunto de situaciones que implique salir de la “zona de confort emocional”.

En el caso de la agorafobia, se producen ataques de pánico ante situaciones en las que las personas se encuentran solas en la calle, en un parque, o en sitios muy concurridos, y estos remiten cuando estas se encuentran en casa o en un ambiente que le resulta familiar. Las fobias específicas, se manifiestan cuando una persona está expuesta a aquella situación o situaciones, que generan la aparición de los síntomas; como por ejemplo volar en avión, los insectos, o la proximidad de un determinado animal. En el caso del Trastorno Obsesivo Compulsivo o TOC, la ansiedad emerge como resultado de la presencia de pensamientos intrusivos, es decir, de un determinado tipo de pensamiento negativo, que el individuo lucha por hacer desaparecer de su mente. El individuo trata de apartar su atención del pensamiento negativo, pero este regresa frecuentemente creando mucha angustia en quien padece este trastorno.

En todos los casos, el resultado es la presencia de ansiedad, que se percibe como una emoción negativa intensa, que produce un gran malestar en la persona que la sufre. En ocasiones puede incluso, impedir que esta pueda tener cierta calidad de vida y que pueda desarrollar su trabajo con normalidad.

Una de las cosas más preocupantes de este tipo de trastornos es que en muchos casos, los pacientes no saben qué les ocurre. Experimentan los síntomas, pero no saben ponerle un nombre a su problema puesto que al no pedir ayuda profesional, el trastorno aún no ha sido diagnosticado. Esta es una realidad que afecta a muchas personas en nuestra sociedad, y son consecuencia por un lado por factores internos (personalidad, traumas, inseguridades, miedos, etcétera), y por otro lado por factores externos estresantes (trabajo, problemas familiares y económicos, etc).

Cuando el afectado no pide ayuda, y vive en soledad el problema, puede aislarse de su entorno, sentirse culpable, estar deprimido, y entrar en un estado de negatividad general que repercute en todas las facetas de su vida. Para curar la ansiedad, se hace necesario aprender a superar sus causas, y para ello hay que buscar ayuda psicológica.

La ayuda de un psicólogo, se hace prácticamente imprescindible en el caso del TOC, la fobia social, y la agorafobia, que son tres trastornos que pueden afectar muy negativamente todas las facetas de la vida de una persona, y a veces durante toda una vida. Quienes padecen TOC, tienen pensamientos obsesivos, y en muchos casos también desarrollan el hábito de realizar actos compulsivos. Un pensamiento obsesivo o intrusivo, es un pensamiento que accede a la conciencia de un modo recurrente, y que resulta angustiante y perturbador, creando ansiedad en el paciente. El acto compulsivo, es una determinada acción, que el paciente aprende a realizar a modo de ritual, para evitar que se intensifiquen las sensaciones negativas. Por ejemplo, muchas personas con Trastorno Obsesivo Compulsivo, tienen pensamientos obsesivos relacionados con que pueden contaminarse por los microorganismos, si tocan cosas sucias, o puertas, grifos, o ascensores, o simplemente si están dos horas sin lavarse las manos. Esto les lleva a desarrollar el acto compulsivo de lavarse las manos insistentemente.

Existen actos compulsivos relacionados con comprobaciones, con colocar los objetos de un modo determinado, o de contar secuencias de números o de letras. Cuando no pueden realizar dichas acciones, su ansiedad aumenta, y en algunos casos pueden llegar a tener incluso ataques de pánico. Se puede decir que las personas con TOC, son esclavas de sus propios pensamientos, que controlan totalmente sus vidas y les arrebatan el bienestar emocional. A pesar de que puede ser un trastorno muy duro, es posible curar el TOC y salir adelante.

Del mismo modo, también curar la ansiedad es algo que se puede conseguir. No obstante, ello requiere ser capaz de aceptar y asumir que es posible que sea necesario buscar ayuda psicológica, y ser consciente de que el proceso de curación lleva tiempo y esfuerzo por parte del paciente. Es fundamental comprender que pedir ayuda especializada no es sinónimo de debilidad ni de locura, sino de valentía e inteligencia, puesto que implica tomar la determinación de luchar por ser feliz y por recuperar las riendas de la vida.

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