El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, asumió hoy un nuevo mandato por los próximos cuatro años, en una jornada de elevada tensión y protestas populares en rechazo a su investidura.

 

La ceremonia se llevó a cabo en el capitalino Estadio Nacional bajo un fuerte dispositivo de seguridad militar y policial por tierra y aire, a fin de evitar cualquier contratiempo frente al repudio de la mayoría del pueblo, que desconoce la continuidad de Hernández como jefe de Estado.

Hernández es acusado por la oposición y sus partidarios de imponerse en los comicios de noviembre mediante el fraude, en detrimento de entonces candidato de la Alianza de Oposición, Salvador Nasralla, quien es considerado aquí por muchos de sus conciudadanos como el presidente legítimo.

En su primer discurso como mandatario reelecto, Hernández agradeció a los hondureños, sin importar por quién votaron y expresó su compromiso de trabajar para todos.

'Me comprometo a realizar un proceso de reconciliación entre todos los hondureños', manifestó ante funcionarios de su gobierno, militares y seguidores del oficialista Partido Nacional.

En tanto, a pocos kilómetros de donde tenía lugar la breve ceremonia de juramentación y sin la presencia de jefes de Estados invitados, los seguidores de la Alianza de Oposición, liderados por Nasralla, eran fuertemente reprimidos por militares y policías con gases lacrimógenos.

No puede ser que repriman al pueblo. Nos tienen miedo porque somos más. En Honduras no habrá paz hasta que haya nuevas elecciones o acepten la voluntad popular, señaló tras ser alcanzado por ese tipo de arma química durante una marcha.

Por otro lado Nasralla pidió a la comunidad internacional investigar 'a los narcotraficantes de las fuerzas armadas, de la policía y del Congreso de la República que atacan al pueblo'.

Igualmente emplazó a organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) a demostrar que no son lacayos del gobierno de Estados Unidos, dada sus posiciones ambiguas respecto a lo que sucede en la empobrecida nación centroamericana.

Para la oposición, Hernández terminó hoy su mandato como presidente e inició una nueva etapa como dictador, al considerar que su investidura es ilegal y producto de un colosal fraude.

Lo cierto es que el mandatario deberá gobernar bajo un fuerte clima de tensión y crispación en el país, toda vez que la oposición y sus partidarios aseguran que no abandonarán las calles hasta tanto deje la presidencia.

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