La salud del ex entrenador de fútbol Johan Cruyff ha estado siempre vinculada a las lesiones del terreno de juego y al humo del tabaco. Esos cigarrillos que fumaba con avidez desde el banquillo dañaron su corazón y le obligaron a pasar por el quirófano para seguir con vida. En 1991 superó un «bypass» con el que los médicos sortearon las obstrucciones de sus arterias coronarias. Después de ese primer susto dejó de fumar y ahora, 24 años después, el tabaco le pasa su segunda factura: un cáncer de pulmón, la enfermedad maligna más frecuente en el mundo y también la que más muertes provoca. No todos los casos de cáncer de pulmón están relacionados con el tabaco, aunque sí una mayoría abrumadora, en torno al 85% de los casos.

La información no desvela el tipo de tumor que padece. Aunque, por su pasado de fumador, todo apunta a que el suyo puede estar relacionado con el consumo de tabaco, «un carcinoma escamoso o quizá otro más agresivo llamado microcítico o de células pequeñas», aventura Ignacio Gil Bazo, especialista en Oncología Médica y coordinador del Área de Tumores de Tórax en la Clínica de la Universidad de Navarra.

Cuando se deja de fumar, el riesgo de desarrollar un cáncer de pulmón cae, aunque no de forma inmediata. «El peligro baja sustancialmente 15 años después del último cigarrillo y sigue descendiendo, pero el riesgo de un exfumador nunca se equipara al de una persona que nunca ha fumado», advierte Gil Bazo. Comparado con los no fumadores, los fumadores tienen hasta 20 veces más posibilidades de enfermar.

Cruyff es el ejemplo de que el abandono del tabaco no elimina por completo el riesgo. Su cáncer ha aparecido más de dos décadas después de que se fumara el último pitillo. Por eso, los oncólogos insisten que lo mejor es que los jóvenes no se incorporen al hábito.{jcomments on}

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