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El Estado español ya ha fracasado en Cataluña. Sólo así se explica que donde había un tres o un cuatro por ciento de independentistas hace treinta años, la cifra se aproxime ahora al cuarenta por ciento.

 

 

Por eso, resulta irrelevante que el referéndum ilegal de autodeterminación se celebrase el día 1 de Octubre o más tarde. O que, más probablemente, fuese sustituido por una confrontadora Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Lo sintomático y lo grave es que ha crecido exponencialmente un sentimiento de desafección hacia la comunidad española y los sentimientos, ya se sabe, no pueden reprimirse.

 

Por eso, digo, todos hemos fracasado en Cataluña: los que no se sienten a gusto con las instituciones actuales y los que creemos que nunca en la Historia se han tenido tantos derechos individuales y colectivos como ahora.

 

Lo cierto es que el Estado español actual poco o nada puede hacer para revertir las cosas. No puede otorgar muchas más competencias a la administración catalana porque, a estas alturas, a los sediciosos siempre les parecerían insuficientes, a la vez que enfadarían a otros territorios que se sentirían (ya se sienten) marginados respecto a los nacionalistas. Un planteamiento federal, incluso, sería considerado un retroceso por unos separatistas que no creen en una federación de iguales sino en su propia diferenciación y su independencia.

 

Se entiende, pues, mi creencia de que ante una probable DIU el Estado español, con o sin Rajoy al frente, se encontrase con las manos atadas, en un contexto muy diferente a aquel otro en el que distintos Gobiernos de la República usaron la persuasión y la fuerza para abortar el sedicente Estado Catalán de Macià y de Companys.

 

La única institución con capacidad persuasoria para evitar la independencia es, si quisiera hacerlo, la Unión Europea (UE). Si ésta se diese cuenta, como ya teme, de que el troceamiento de España iniciaría la desmembración de Europa y que tras Cataluña y otras regiones españolas quedarían engullidas en el vértigo independentista la Padania italiana, Flandes, Córcega, etc., etc., podría legítimamente hacer una declaración institucional reconociendo que cualquier territorio que se separe de un Estado miembro de la UE quedaría automáticamente excluido de ésta y que su situación aislada dentro de Europa no sería mejor que la de Kosovo.

 

No digo que con esto cambiase el panorama político catalán, no; sólo creo que los independentistas tendrían entonces todos los datos encima de la mesa y que su decisión sería mucho más meditada y más consecuente. Nada más.

 

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