El triunfo electoral del francés Emmanuel Macron y el Gobierno que ha confeccionado son justamente lo contrario que el extremismo de uno u otro signo que impera en USA, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, Austria…

 

A lo mejor, lo suyo no es la solución ideal para los nuevos problemas de los países desarrollados (caída de renta, aumento de la desigualdad social, cambio de paradigma económico, contradictorio sentimiento nacional, dificultad de adaptación a un entorno vertiginosamente cambiante…)

Lo que sí es cierto, sin duda alguna, es que los partidos tradicionales están hechos unos zorros y no saben ya a quién representan. En Francia, por ejemplo, los ex votantes comunistas de Georges Marchais lo hacen ahora por Marie Le Pen, los conservadores holandeses tienen al frente a alguien que representa lo políticamente incorrecto, Pablo Iglesias preconiza recetas de las que ya se arrepintió el mismísimo Lenin, el republicanismo estadounidense debe apechugar con un tipo errático como Donald Trump, los socialistas de toda Europa se debaten entre sus valores del Siglo XIX o su pragmatismo del Siglo XX, sin saber qué les correspondería hacer en el Siglo XXI,…

En mitad de tanto desconcierto, Macron presenta el único intento innovador que ha tenido respaldo social: consiste en aceptar la globalización no sólo como un marco histórico inevitable, sino como una oportunidad de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos; en adaptar el trabajo humano a un mercado flexible, de necesidades cambiantes y de una mayor participación digital (justo lo contrario de lo que propone una izquierda española anquilosada y retardataria), en elegir las mejores recetas de la izquierda y de la derecha sin importarle el rótulo o la etiqueta bajo las que se cobijan.

Este salto adelante, esta liberación de viejos dogmas políticos, esta adaptación a la realidad, si tiene suerte, acabará con los viejos partidos (entre los que se incluyen los “nuevos” populismos con recetas de hace cien años) y sus esquemas económicos obsoletos y retrógrados. La solución a nuestros males no consiste en dar un paso atrás, con la pierna derecha o con la izquierda, sino en avanzar con las dos. Ése es el gran reto de Macron y, si lo consigue, será una esperanza y un ejemplo para todos nosotros.

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