Como resulta imposible saber en qué momento y porqué motivo estallan los artefactos culinarios, para que no le pille desprevenido le propongo abandone esta lectura y dedique los próximos 15 minutos y 13 segundos a visualizar en youtube el video del abogado y fotógrafo Mario Díez, defensor ante un juzgado español de varias víctimas de pornografía infantil, que es lo que denuncia. Lo ha subido hace dos días y en la última media hora ha recibido 242 visitas por minuto. Si aún no lo ha escuchado, puede hacerlo aquí. Puede traer mucha cola.

 

https://www.youtube.com/watch?feature=youtu.be&v=On3RgDFv5yM&app=desktop 

Un cuarto de hora después, con el corazón encogido y nuestras convicciones sobre la seguridad jurídica que tanto presumimos por los suelos, podemos atacar lo menos importante.

Ahora que Gallardón sale a colación como perdedor pionero de una movida que vive momentos de alegría, que no triunfo, recordaremos aquella noticia tal como apareció, por ejemplo, en el “20 Minutos” del día 23 de septiembre de 2014: “Gallardón ha explicado que comunicó su decisión (la de dimitir) la pasada semana al presidente del Gobierno, pero que no la ha llevado a cabo hasta no preparar los recursos ante el Tribunal Constitucional (TC) por la consulta catalana y el decreto de convocatoria”. Se refiere a la consulta del 9N de 2014, aquella durante la que nadie perdió un ojo, aunque acudieron a votar casi las mismas personas que el 1 de octubre de 2017.

Multiplique usted por todas las veces que quiera la cantidad de ocasiones en las que los problemas normales de la gobernanza en España se han demorado, o simplemente enterrado, durante los últimos 42 meses, y con la única excusa de querer matar en los vericuetos judiciales un problema exclusivamente político, que en 2014 llevaba agravándose a la luz del día no menos de ocho años y que es la reivindicación principal para no menos de dos millones de personas, representadas además por políticos multicolores que ganan elecciones y están acostumbrados a gobernar.

La autoridad de Rajoy en el PP es hoy lo más parecido a una dictablanda con urnas para millones de titiritwiteros, por una parte, y para miles de militantes de su propio partido por otra, esta última “pactada” entre ellos de manera espontánea, intuitiva, a la desesperada y por puro instinto de conservación, pues su caída proyecta, cual chantaje sobre sus cabezas, la sombra de un panorama de ruina y/o cárcel para muchos de los corruptos de esa marca. Con el agravante de que los “chantajeados” no pueden negociar con la otra parte, pues se llama “futuro imposible de parar”.

A los que somos suficientemente mayores de edad no hay ninguna olla a presión que nos recuerde tanto la del título como la que también la historia condenó a estallar, aunque de manera excesivamente controlada, durante los años 70 del siglo pasado. Sí, porque hubiera sido imposible el menor franquismo sin Franco.

Veamos las salidas que se atisban hoy.

El primer problema sobre el que quiero llamar la atención es precisamente el de esos montones de corruptos, muchos de los cuales implicarán a otros, sobre los que irremediablemente la Justicia va a seguir realizando su trabajo. Hay que tener en cuenta que esta vez su salvación no se podrá colar de tapadillo en una amnistía general para sacar de la cárcel a sus víctimas inocentes, pues estas no existen. Perdón, salvo los presos políticos catalanes. Por si siguen las dudas, lea lo último del juez Llarena. En cualquier caso, no veo con qué traje podría vestirse un intercambio de cromos entre, por una parte, unos cuantos rehenes independentistas detenidos provisionalmente como resultado de una acción ventajista del Gobierno central, que será sí o sí revisada por instancias europeas y mundiales y, por otra, los delincuentes comunes infiltrados en la política “para forrarse”, PP mediante. La otra opción de intercambio, y más después de ver la capacidad de abochornar a todo el mundo ensuciando lazos morados a toro feminista pasado, sería volver a perder otro Sahara, esta vez sin fosfatos y no tan árido. ¿Se imagina? Se me cae la cara de vergüenza solo de pensar en la posibilidad de un contubernio consistente en un referéndum legal en Catalunya a cambio de indulto masivo para todo el latrocinio político de los últimos 40 años en España. Tampoco se puede descartar, me dirán que soy mal pensado, que quizás Susana Díaz presione para sacudirse sin consecuencias el asunto de los ERE. Porque de lo contrario, quien sabe si el tsunami que se acerca se la pueda llevar también a ella.

En otro rincón de la misma olla, el binomio Rivera/Ciudadanos no lo tiene tan fácil para emular el Suarez/UCD que nació tras la muerte de Franco pues, entre otras cosas, no veo al catalán españolista con voluntad de durar un solo quinquenio más. Aunque ya está recibiendo muchos ex de los “populares”, solo habrá futuro, o sea, cargos remunerados en A o en B, para unos pocos, al menos durante unos años. Vamos a tener unos excedentes importantes de políticos más o menos manchados que, en algunos casos podrían dar mucho que hablar, pues su media de edad es muy inferior a las últimas hornadas de altos cargos del franquismo, que en su inmensa mayoría decidieron retirarse a morir tranquilos.

El problema es que las pautas de comportamiento de Rajoy están fabricadas a imagen y semejanza de las de Franco. Si Franco declaró entonces la guerra con bombas mortales al separatismo, Rajoy le declara hoy la guerra con togas y cárceles a los mismos, como buen hijo de juez a la orden del gobierno (Redondela, 1972). Y en ambos casos por lo mismo: Franco, porque no podía consentir que los representantes del pueblo firmaran acuerdos que pudieran reinterpretar la unidad de España. Rajoy porque no puede consentirse firmar él mismo cualquier acuerdo que cambie una coma lo que se hizo bajo la amenaza (que es como realmente le gusta mandar), teniendo como parte firmante decisiva a los antiguos secuaces del dictador, y vigilados todos por una Monarquía que fue la principal apuesta para que lo atado no se desatara. La misma institución que ha utilizado hoy para amenazar a la mitad de Catalunya.

El día 2 de marzo de 2016 coincidieron dos circunstancias. Por una parte, me dejaron de piedra unas informaciones en Mallorca que alertaban de lo difícil que resulta, en la estupenda democracia que tenemos, el recuperar para la sociedad el dinero de un partido político acabado años antes, contra el que la justicia ha demostrado financiación ilegal por todas partes y con sus dirigentes encarcelados por corrupción (se trataba de Unió Mallorquina, de derechas). Por otra, aún confiaba en que no me tuvieran que dejar de piedra las votaciones que dos días después tendrían lugar en el Congreso de los Diputad@s y en las que los emergentes de Podemos, que aún hablaban de “casta”, decidieron mantener en La Moncloa a los campeones de la corrupción, dirigidos por M. Rajoy.

Por eso escribí “¿Qué hacemos con los bienes del PP? Primera parte”, a la que no siguió la segunda porque también los dedos de teclear se convirtieron en mármol.

Dos años después no sé si han sido las movilizaciones independentistas, las pensionistas o las feministas, pero siento como si la primavera alegrara de nuevo mis extremidades, porque regresa con urgencia la segunda parte pendiente. En ese caso, conviene que los partidos que aún pueblan la mayoritaria oposición legislen “ad hoc” para que policías, jueces instructores, inspectores de Hacienda y resto de protagonistas de la limpieza que viene puedan realizar bien su trabajo, aunque los delincuentes destruyan todos los ordenadores de Génova número 13, en Madrid 28004, y cuevas parecidas.

Bien estará si bien acaba y, si así fuera, ocurrirá que para nuestras futuras desgracias tendremos que olvidar las desgracias pasadas, tal como hicimos con la dictadura franquista durante décadas. Porque en España, cuando se trata de conseguir más libertad ya nos hemos acostumbrado a las soluciones parciales, a que los verdaderos criminales se libren y a que el futuro se vista de mediocre. Y también porque se puede ser macho alfa, pero no brujo de la tribu, un personaje que solo existe en las cabezas sin cerebro, las únicas en las que caben cuentos para aplaudir decisiones y estrategias. Un cambio inevitable y deseable, que se habría podido abordar en un contexto de conveniente debilidad política de la derecha, tendrá que negociarse ahora con un tándem Rivera/Arrimadas que sigue creciendo y que es, sin la menor duda, el llamado a poner límites y condiciones a cualquier progreso. Por eso, soy de los que opinan que no será suficiente con un cambio de gobierno.

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