Muchos somos Puigdemont.

15 Octubre 2017  Sección; Opinión 652 votos

Sí, por ejemplo, muchos de los que elegimos ser David cuando supimos lo de Goliat. Y también bastantes de los que apoyamos siempre al débil frente al fuerte, sin saber porqué.

 

 

Unos, otros, y unos cuantos más, siempre que no suframos esa especie de enfermedad, tan española, consistente en un orgullo envenenado que oculta la voluntad inconfesable de humillar al adversario, incluso después de derrotarlo. Sí, aquel que se cultivó con profusión durante la más cruel de las postguerras que se recuerdan. Sí, estoy hablando de la nuestra, la que duró cuarenta años, durante los que también había leyes que si no cumplías, aunque fuera pacíficamente, te apaleaban, detenían, encarcelaban y hasta mataban. Que se lo cuenten a los cinco obreros asesinados el 3 de marzo de 1976 en Vitoria,  tres meses después de que hubiera muerto Franco.

 

 

 

La mayoría de influyentes están afectados por ese mal del orgullo. Se nota en que les impide defender la mediación como salida al conflicto con Catalunya. Y en cambio, como en una especie de esquizofrenia oportunamente dosificada, esos mismos influyentes, tan mediáticos, hacen todo lo que pueden por parecer mediadores cada vez que hablan o escriben. Espoleado por tanto camaleón no seré menos a la hora de mediar desde los medios. ¿Cómo? Como todos: hablando de lo que me gustaría que Puigdemont contestara a Rajoy, no creo que haya nadie en este país que no haya pensado al menos una vez en ello. Por debajo de los trapos simbólicos y a pesar del ruido producido por “Puigdemont al paredón”, la versión triunfadora de la “añoranza” de Pablo Casado por Companys, el líder republicano de hoy se está metiendo en las cabezas de millones de españoles, y eso podría implicar resultados sorprendentes, que el que avisa no es traidor, aunque muchos sentencien esa condición para cualquiera no nacido en Catalunya que no insulte lo bastante a los catalanes.

 

 

 

Pasando a esta mediación imaginaria, lo primero que le diría a Puigdemont es que no acepte la trampa de Rajoy sobre un SI o un NO. Las personas se entienden hablando, y no con monosílabos. El idioma es mucho más rico, y las leyes suelen contener bastantes párrafos, frases y palabras. Por tanto, le enviaría al menos dos copias del discurso, una en papel y otra en video, ambas en catalán y en castellano. Cualquiera comprende que, mientras no se inicie una negociación, ninguno de los implicados puede mover ni un milímetro sus posiciones de partida. En el caso de Puigdemont, por respeto a quien más se debe, el Parlament, que fue la institución que lo eligió. Pero también le diría más cosas al President.

 

 

 

Lo segundo que me gustaría que Carles le dijera a Mariano es que, ya que no entiende el discurso que pronunció en el Parlament el martes 10 de octubre, consulte a los jueces, cuyas tres asociaciones, unánimes, le “han negado valor jurídico alguno”, según acabo de copiar de la noticia emitida por RTVE, la controlada por el Gobierno. También se lo puede preguntar a Margarita Robles, antigua jurista y hoy aliada del PP contra la mayoría parlamentaria catalana, a quien acabo de escuchar el mismo dictamen en la pantalla que tengo a mi izquierda. Para justificar ese consejo a Rajoy, creo que Puigdemont debería añadir algo parecido a lo siguiente: Señor Rajoy, a fin de cuentas, usted lleva derivando al poder judicial, y desde hace años, todo lo relacionado con Catalunya. Si en mitad de la partida quiere hacer política, bienvenido, pero debe ser de común acuerdo en todo, también en el procedimiento.

 

 

 

Lo tercero que le enviaría es una propuesta de lugar, fecha y hora, a conciliar, para una reunión entre ambos, de igual a igual en tanto que seres humanos y con dos papeles en blanco sobre la mesa, sin orden del día ni condiciones previas. A solas ambos. O mediante cualquier otra fórmula. Cómo podría negarse Rajoy, si tanto González como Aznar negociaron con la ETA, tan asesina e ilegal.

 

 

 

Dado que Rajoy ha inaugurado una diplomacia de comunicados en versión requerimientos que no es ni correcto ni educado despreciar, lo cuarto que haría si yo fuera el President sería pedir al Presidente si simplemente “cree” que el ejército español no tendrá que intervenir, tal como ha declarado la ministra Cospedal, o “está seguro” de que no intervendrá en ningún caso, siempre que no se rompa la paz, ya que, como resulta indiscutible, la Generalitat no tiene nada que se le parezca a un ejército propio con el que defenderse en caso de invasión tumultuaria, pero militar.

 

 

 

En la misma línea de respeto a la nueva manera de aclarar malentendidos con la Generalitat activada por Moncloa, lo quinto que le pido a Puigdemont es que en la respuesta que debe enviar antes de las diez horas del lunes 16 incluya la siguiente pregunta: ¿Constituye el decreto aprobado en el Consejo de Ministros el viernes día 6 de octubre, por el cual se facilita la salida de empresas de Catalunya, una acción de las que se conocen como de “política de tierra quemada” consistente en arrasar todo lo que pueda ser de utilidad al enemigo cuando el ejercito derrotado se retira de un territorio? Salvando las distancias, por supuesto.

 

 

 

Para terminar con las aclaraciones, lo sexto que creo que el catalán debería preguntarle al gallego es si la información que ha proporcionado Soraya en la rueda de prensa del Consejo de Ministros de hoy mismo, viernes 13, sobre la corrección a la baja en las previsiones de crecimiento y la repercusión directa sobre las economías familiares de todos los españoles que pretende aplicar el gobierno, como la anulación de la bajada del IVA en el cine o la ampliación de los permisos de maternidad, se corresponde con alguna de las tres siguientes interpretaciones: A) Un estudio muy documentado y solvente sobre diversos escenarios de las economías española, europea y mundial, en función de las variables monarquía o república en Catalunya, B) Una noticia improvisada, no sé si toca decir una post-verdad, para potenciar el acercamiento entre las poblaciones española y catalana, dado que el momento que atraviesan podría titularse con el muy mentado “¡¡A por ellos!!” de la primera contra la segunda, y C) Los efectos perniciosos de una nueva versión de aquel virus informático descubierto en 1987, cuyo nombre coincide con la fecha de hoy, que hubiera roto todas las barreras y conseguido penetrar en los sistemas informáticos de los ministerios de Economía y Hacienda, desbaratando los números del próximo ejercicio.

 

 

 

Por cierto, que si la respuesta de Rajoy a la pregunta anterior fuera la A, Puigdemont debería solicitar copia del estudio realizado.

 

 

 

Y para terminar sin abandonar la siempre decisiva economía, como olvidar aquel exitoso “estúpido” que le dedicó Clinton a Bush en 1992, pienso que la séptima pregunta que Puigdemont le podría enviar a Rajoy es si piensa, como él, que no es casualidad que todas las 540 empresas menos 7 de las que han decidido huir de Catalunya entre el 1 y el 11 de octubre lo hayan hecho en los últimos cinco días, es decir, una vez confirmado que el Consejo de Ministros seguiría las instrucciones precisas de un rey que “reina pero no gobierna”, aprobando el decreto al que nos hemos referido más arriba.

 

 

 

Si, los que no disfrutamos de ese orgullo tan español como malsano y tampoco somos catalanes pero sí independentistas de cualquier poder autoritario seguimos, sin miedo a contagiarnos, la trayectoria de este político un tanto extraño, que inspira más confianza que la mayoría aunque muchos no entiendan lo que dice, y que se está enfrentando a diestro y siniestro contra adversarios que parecen, todos, mucho más poderosos.

 

 

 

Y mientras él, que parece solo, en medio de una transparencia que no deja ni teléfono de líder catalanista por intervenir judicialmente, ni especulación pendiente de radiografiar hasta la saciedad por los medios, ni rincón sin escudriñar por las fuerzas represivas, salvo aquel donde se ocultaban las urnas chinas más famosas y democráticas de nuestras vidas.

 

 

 

Si, muchos somos Puigdemont aunque otras veces hayamos perdido, pero solo casi siempre.

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