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Imagínese que es usted una persona tan empática como incombustible y atrevida a quien esta vez se le ha ocurrido vestirse de Felipe VI de España y quinto de ningún otro sitio. Suponga, por tanto, que está usted casado y que su mujer no le llama “majestad” sino que le habla con total confianza en la intimidad.

 

 

 

Como ya nos hemos presentado, le propongo que nos tuteemos. Lo que sigue te podría ocurrir durante una de esas madrugadas de insomnio interminable…

 

 

-Oye, Felipe, ¿Qué crees que va a pasar con lo de Catalunya?

 

-No tengo ni idea, como todo el mundo.

 

-Pero tú eres el rey, ¿no puedes hacer nada?

 

-El rey reina, pero no gobierna. No me queda más remedio que aguantarme con lo que haga Rajoy.

 

-Pero tú, bueno, nosotros, podemos pagar las consecuencias de lo que hagan los del Gobierno y los otros partidos que les apoyan en esto. Lo menos que nos puede pasar es que la gente se termine burlando de nosotros. ¿Recuerdas aquella portada de “El Jueves”?

 

 

La cosa, de momento, termina en ese punto porque tu guardas un silencio regio que parece eterno y, aprovechando el desconcierto de ella, te levantas de la cama y te refugias en el váter para engañarla resolviendo un crucigrama en la pantalla de tu teléfono real y móvil. Una vez allí sentado, la primera pregunta te pide responder con siete letras a lo siguiente: “Título de la Constitución española de 1978 que se refiere a la Corona”. Más humano que nunca desde ese lugar común que a todos nos iguala sales del juego ilustrado y abres el texto de ese particular contrato de trabajo que te vincula con el pueblo español. Quieres recordar los detalles, por si acaso tu princesa vuelve al ataque y para que no piense que no te lo sabes.

 

 

Lo primero que vuelves a leer es que, en tu papel de rey, eres un “símbolo”, aunque sentado sobre la taza que has elegido para huir del factor humano no lo ves tan claro. Sigues leyendo y te das cuenta de que también eres “irresponsable” porque, salvo para gastarte lo que te pagamos por simbolizar y elegir a las personas que te ayudarán a sobrevivir, el resto de tus “actos” deberán estar siempre refrendados por terceros para que sirvan de algo. Te sientes más tranquilo y regresas primero al crucigrama pero, incapaz de articular mentalmente ni una sola respuesta que valga, no sin cierta inquietud decides volver a la cama.

 

 

-Letizia, no me queda más remedio que conformarme con lo que hagan los políticos.

 

-Pero, ¿Cómo te puedes fiar de ellos? ¿No te das cuenta de que todo lo que han hecho ha ido de mal en peor?

 

-Es que no tengo derecho ni a fiarme ni a no fiarme, no me queda más remedio que aguantar.

 

-Ya, pero hay cada vez más gente en la tele que dice que la guardia civil está entrando en periódicos e imprentas, prohibiendo reuniones informativas, interviniendo páginas de Internet y haciendo cosas que les recuerdan a la época de la Franco, cosa que no nos conviene.

 

-No puedo intervenir en nada de eso.

 

-Pero yo te lo había dicho. ¿Recuerdas aquel día, a finales de 2015, en noviembre? Era viernes. Estábamos viendo en Antena 3 el resumen del Consejo de Ministros.

 

-No me acuerdo.

 

-¡Sí hombre! Pusieron los últimos segundos de la rueda de prensa en La Moncloa. Hablaba Soraya sobre dinero y Catalunya y terminó su intervención con un gesto, mezcla de prepotencia y desprecio hacia los catalanes que fue terrible. ¿No te acuerdas que lo comentamos y todo?

 

-Sigo sin recordar. Han pasado muchas cosas.

 

-Pero Felipe, como es posible. ¿Estás perdiendo la memoria por culpa del estrés? Me quedé tan sorprendida con el gesto, ya sabes cómo soy, que después fui al video de la rueda de prensa de aquel día, en la página oficial de Internet del Consejo de Ministros, y te dije que habían borrado precisamente los últimos treinta segundos, los que habían salido por la tele.

 

-Sí, ahora me acuerdo de algo.

 

-Pues ¿sabes una cosa?, hace varias semanas entré de nuevo en el vídeo aquel porque había guardado el enlace, y resulta que Soraya seguía congelada, aunque sí funcionaba el audio. Si no me crees, este es el enlace: http://www.lamoncloa.gob.es/multimedia/videos/consejoministros/Paginas/2015/271115-consejov.aspx. Te lo repito, hay cobardes que se vuelven peligrosos cuando se sienten acorralados y esto de Catalunya, aunque aparenten firmeza, los tiene en el disparadero. A todos.

 

 

Tú, que duermes boca arriba y escuchas a Letizia, en la cama, con los ojos cerrados, abres un párpado y lees las 4 horas y 45 minutos en el reflejo de un reloj que se proyecta el paso del tiempo contra el techo. Lo que queda de esa noche tiene mala pinta y decides escapar de nuevo hacia el excusado para ver si el Título II dice algo sobre el Rey y las libertades.

 

 

Cómodas las posaderas sobre la misma taza, casi se te cae el teléfono al suelo antes de que por fin se abra una pantalla que esta vez se resiste sin pedir excusas. Tienes sueño. Finalmente aparecen las diez funciones que te corresponden en tanto que rey, desde la A hasta la J según el artículo 62 de la Constitución Española. Ni recordabas el texto del punto C, “Convocar a referéndum en los casos previstos en la Constitución”, por culpa de lo poco que ese derecho de participación ha sido permitido desde 1978. Difícil decisión: o no vuelves a la cama o no le dices nada a tu señora. Del papel de la Corona sobre otras libertades ni una sola palabra. Los calambres comienzan a recorrer tus piernas, de tan quietas. Debes levantarte, pues ella podría preocuparse.

 

 

-¿Y si hay más muertos inocentes que en el atentado de La Rambla? ¿Tú crees que la gente va a pensar que no pudiste hacer nada, digan lo que digan las leyes?

 

-No creo que haya ninguna víctima.

 

-En cuanto haya una, aunque sean catalanes la reacción de la gente será imposible de controlar, y hasta podría extenderse por otras regiones. Hay mucha gente que le tiene ganas al PP, porque los partidos de la oposición han sido incapaces de ponerse de acuerdo para sacarlos del gobierno y las dos elecciones no han servido para nada.

 

-Eso ya lo sé, pero déjame dormir, por favor.

 

-No sé cómo puedes. A ver, ¿tú no crees que entre los policías que manden a Catalunya no habrá más de uno con ganas de apretar el gatillo con cualquier excusa y matar algún independentista?

 

-Ya te he dicho que yo no puedo hacer nada.

 

-Pero nosotros pagaremos las consecuencias.

 

-Ya sabías quién era yo cuando nos conocimos.

 

-Pero no que dejarías que hicieran lo que les diera la gana. ¿Acaso no puedes llamar a Rajoy? ¿Por qué no le dices que le diga a Zoido que las armas que lleven allí sus policías solo vayan cargadas con balas de fogueo? Hasta las pelotas de goma son peligrosas ¿Te acuerdas de aquella escena de “Crash”, la película que ganó el Óscar en 2005? Te digo, cariño, que estos nos van a joder bien y tú, los niños y yo vamos a pasarlo mal, muy mal.

 

 

Esta vez el silencio es contra ti, amable acompañante de este desvelo gracias al personaje que has elegido hoy para satisfacer tu empatía recurrente. La imagen inmortal de aquella niña saltando a los brazos de su padre en el instante preciso para salvarlo del justiciero enloquecido que, armado sin fuego real gracias al amor filial de quien tanto le quería a pesar de sus defectos, es mucho más de lo que puedes soportar allí, en la cama junto a tu conciencia, como una estatua porque ya no te atreves a mover ni un dedo. Para que nada que dependa de ti pueda terminar en desgracia.

 

 

Pero también necesitas salir huyendo. No podrías escuchar ni un recuerdo más. No obstante…

 

 

-Mira querido. A pesar de que los catalanes estén hablando de república, ni los del PP ni los demás líderes hablan de ti. No pienses que así te defienden. Todo lo contrario, se están protegiendo ellos contigo pero, si es necesario, te dejarán solo y colgado. En cambio, precisamente los independentistas son los únicos que te han tenido en cuenta. Lo digo por lo de la carta. ¿La has leído? Aunque te quieran utilizar, estos al menos van de frente. Es verdad que les conviene, pero reconocen tu importancia. ¿Recuerdas aquella película, “Trece días”, con Kevin Costner, la que contaba la crisis de los misiles en Cuba?

 

 

Son las cinco y media de la mañana, estás triste y te sientes interpelado por los tuyos, quizás lo último que te queda. Abandonas la cama y acudes de nuevo al retrete. Nadie se atreverá a seguirte hasta el último refugio.

 

Allí, de nuevo en uno de los pocos asientos que te parecen seguros, recuperas la ley de leyes y sigues leyendo en busca de cualquier argumento que pueda salvarte de un desastre que se acerca a la velocidad de dos trenes que coincidirán en el lugar de la catástrofe.

 

No te lo habías planteado antes de que Letizia te recordara el peligro de una muerte inocente en “Crash” y los nervios de acero necesarios para conjurar un riesgo local amenazando con otro mundial, que era lo que se contaba en “Trece días”, pero ahora sí que reparas en el artículo 57. Es el que habla de las situaciones de relevo forzoso en la Corona. Para entenderlo bien, consultas la sinopsis realizada por Isabel María Abellán en diciembre de 2003 y actualizada en febrero de 2011 por Luis Molina, ambos letrados de las Cortes Generales. En el apartado de abdicaciones y renuncias dicen, por una parte, que se trata de “actos voluntarios, personalísimos, unilaterales, recepticios e irrevocables” y, por otra, que “cualesquiera dudas de hecho o de derecho que se planteen en el orden sucesorio se habrán de resolver por las Cortes Generales por ley orgánica”.

 

¡Una ley orgánica! ¡Perfecto! Eso no se puede aprobar a la velocidad de una resolución de conveniencia del Tribunal Constitucional. Cuando el reloj de la pantalla marca las 6 horas te sientes consciente de tu fuerza en situaciones críticas y ves la luz en el momento en que te planteas si es más importante tu Corona o Catalunya. Si lo que simbolizas se descompone es mejor ser únicamente libre y persona.

 

Entonces, tan unilateral como la propia ley tiene legalmente previsto, decides enviar un mensaje al presidente del gobierno: “De Felipe VI, Rey, a don Mariano Rajoy. Espero 48 horas a que arregle usted lo de Catalunya, de la manera que sea pero con la condición inexcusable de que nadie sufra un solo rasguño. De lo contrario, presentaré ante las Cortes Generales mi renuncia a la Corona de España, así como las de todos los herederos mayores de edad, con quienes ya he hablado al respecto. Quedo a la espera de sus prontas noticias. De no recibir satisfacción bastante, se enviará copia de este documento a los medios de comunicación”.

 

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