Siempre Venezuela. Por Domingo Sanz

13 Julio 2017 168 votos

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Cuando comencé a escribir esto era lunes y recordaba que, de los diez últimos noticieros de TV o radio que habían llegado a mis oídos no había conseguido que ninguno abriera fuera de Venezuela. Tanto que, al despertar el martes soñé que tenía que ir a votar de  nuevo, como cuando el 20D o el 26J. Ni el G20 de Hamburgo, ni Catalunya, ni Nadal en Wimbledon habían sido capaces de derrotar en las portadas al traslado de López desde una cárcel entre rejas a otra entre familiares y amigos.

 

 

 

 

No solo me alegro del evento, sino que lo vivo con envidia sana. Cualquier mejora de las condiciones de un preso político me hace pensar en aquella momia nuestra que seguía firmando muertes contra el paredón hasta poco antes de la suya, en una cama blindada desde la que dictó una herencia envenenada que aún no hemos sido capaces de sanear, como tampoco lo fuimos de hacerle pasar por el trance de la Justicia. Ni a él ni a sus secuaces. 

 

 

He decidido hacer todo lo posible para convencer a Maduro de que, oiga, es automático, libera usted a todos los presos políticos y automáticamente desaparecen esa clase de delitos. Pero antes haré escala en Madrid y le diré a Rajoy que tenga cuidado, hombre, que está usted a punto de convertir en presos políticos a unos cuantos catalanes por culpa de una Constitución que ya no sirve, pues se aprobó hace cuarenta en medio de una alegría tan grande que no nos dimos cuenta del miedo que envenenaba la tinta con la que fue escrita.

 

 

 

El caso es que si en España rige una especie de Venezuela para “un roto y para un descosido” es, únicamente, porque algunos profesionales, a quienes llamaremos con el nombre genérico de “Monedero”, hicieron unos informes al gobierno de allí que, como consiguieron cobrar, deducimos que dejaron al cliente satisfecho. Todo habría quedado en un caso más de éxito de la marca España si no fuera porque, después, a esos mismos exportadores de conocimiento les dio por montar aquí un partido molesto, cosa más que natural a la vista de una crisis mundial especialmente peligrosa para España y que abrió los ojos de millones de personas desde aquel 15M primaveral que no hemos olvidado.

 

 

 

Dado que la prensa nos tiene completamente informados, Rajoy, Rivera y los “jarrones chinos” deberían condenar diez veces el franquismo y cinco la corrupción española antes de cada brasa que nos quieran volver a dar con Venezuela, un país a más de siete mil kilómetros de distancia y con un sistema político que, si no es una democracia al uso, en lo que más se parece a nuestra vieja dictadura es en el idioma que antes vociferaron, y ahora vociferan, los guardianes de ambas, a pesar del tiempo pasado.

 

 

 

 

 

Termino el texto siendo miércoles y sigo en mi despacho pero Rajoy, que no ha adivinado mis razones, vuelve a mentar Venezuela para responder a una pregunta muy concreta sobre si ha calculado el coste que la corrupción del PP supone a cada uno de los españoles. Si yo fuera Pablo Iglesias también le habría preguntado si tiene idea del dinero, también de todos los españoles y tanto en euros como en costes judiciales, que lleva empleado para intentar demostrar la financiación irregular de Podemos, a pesar de las ya siete veces, la última ayer, en las que la Justicia española ha archivado todas y cada una de las denuncias interpuestas.

 

 

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