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Hay tres factores que pueden mantener unidos a los grupos humanos: la violencia de una parte sobre la otra, la corrupción compartida de sus élites o la implicación libre de todos sus miembros en los intereses comunes. Se pueden dividir, en partes iguales y consecutivas, la predominancia del primer y el segundo factor durante los últimos 80 años del estado español, también llamado España.

 

Hoy, superado el argumento de la violencia, que bien que se le nota a Rajoy la frustración de no poder ser el mandamás en una dictadura, y en fase de descomposición algunas de las organizaciones criminales que se ocultan en el PP y en la derecha catalanista, se trata de saber si seremos capaces de conservar las fronteras recurriendo únicamente a la libre voluntad de las personas y a su participación en la política.

Se me están abriendo las carnes mientras leo que Cospedal califica de “intento de golpe de estado” lo de Catalunya. Pero más aún, y con más sangre porque para eso es el presidente, cuando ayer escuché a Rajoy mentar la palabra democracia. Alguien como él, a quien imagino cómodamente sentado con Fraga y demás Ministros de Franco votando el fusilamiento de Grimau con la misma tranquilidad de conciencia que cuando, en el Congreso de los Diputados, votó implicarnos en lo de Irak, esa guerra tan legal y que tanta paz ha traído al mundo entero, y en la que tampoco murió ningún niño.

Todo lo anterior lo afirmo porque estoy seguro que don Mariano se conoce a sí mismo y sabe que tengo toda la razón. Porque para él, terminar en La Moncloa o en El Pardo solo ha sido una casualidad del calendario. Y porque, a fin de cuentas, con todo esto que le digo estoy seguro que tampoco se está sintiendo ofendido. O si. Venga, presidente, me denuncie por llamarle franquista fuera de su tiempo. Estoy deseándolo. Deme esa alegría.

Mientras Rajoy osaba decir que lo de Catalunya es antidemocrático leía yo que en Suiza se acababa de celebrar el enésimo referéndum, esta vez para decir que SI a un futuro energético sin nucleares. Entonces pensé en la inexistente democracia directa que “disfrutamos” y cuan distinto sería hoy este país si en los últimos 40 años hubiéramos practicado con 20 o 30 referéndums la responsabilidad de decidir entre todos lo que es de todos, esa costumbre que tanto vincula y que, al mismo tiempo, tanto miedo hace cundir entre los muñidores de componendas. Veinte o treinta, insisto con todas las letras, oportunidades perdidas de construir un mundo más próximo y estimado. Si, en lugar de solo dos y, de dos una, aquella titulada “OTAN de entrada No” que, a la postre, ni siquiera logró domesticar a los afiliados del PSOE lo bastante como para soportar que sus dirigentes les pudieran prometer una cosa para después hacer otra de manera excesivamente descarada. Un ejemplo de decencia que las bases socialistas acaban de dar y al que la Real Academia, en el futuro, denominará “Sánchez”.

Aunque todo lo malo comenzó hace siglos, tras el 23F, teniendo Felipe derrotados y en la cárcel a los franquistas más insensatos, en lugar de limpiar España de peligros durmientes inhabilitando para la política a unos cuantos de los más implicados en el delito de colaboracionismo voluntario con la dictadura, decidió construir una democracia a base de intermediarios, por cuyos rincones fue proliferando el cáncer de la corrupción al tiempo que despertaban, y se reagrupaban en el PP, los restos, demasiado vivos, del franquismo sociológico. ¿O acaso Rajoy ha condenado ya aquel régimen criminal? Que alguien me informe, por favor, si le ha escuchado decirlo en público. Y, por otra parte, no me venga ningún felipista con que la situación era muy difícil y que seguía habiendo riesgo de involución porque entonces, es decir ahora, lo que tienen que hacer es decir que les hubiera gustado mucho pero no pudieron, y que hoy SI que es el momento. Pero no, los muy ladinos, defensores también de la memoria selectiva, siguen presumiendo de su pasado para intentar detener el futuro de todos.

Volviendo al principio, para terminar, no me cabe la menor duda de que para continuar juntos estamos obligados hoy a superar un Rubicón que se llama referéndum en Catalunya. Mejor de un solo trago. Después, si los catalanes deciden seguir con el resto, quizás nos convendría, a todos, copiar un poco a los suizos. Intuyo que los de la orilla norte del Ebro les quieren imitar en lo bueno.

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